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La PaLaBra: Destino IneXoraBle

Categoría: Poesía

1 Mayo 2008

No te salves

De Mario Benedetti... en la voz de Miguel Ángel Solá.

NO TE SALVES

No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.

No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer lo párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.

Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas...
entonces
no te quedes conmigo.

17 Octubre 2007

.....

"Mi manera de amarte es una catedral de silencios escogidos y mis sueños, una escalera sin principio pero con fin"

Fernando Pessoa

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  • Archivado en: Poesía Tags: amor
  • 1 Agosto 2007

    La introducción de Nos sobran los motivos (la canción que puse para hacerlos llorar en el "post de despedida" ) es una parte de este poema... y dice:

    Editado, Fe de Ratas Erratas o Nota de la autora: el poema existe y parece ser (según mi fuente, osease Kinga) que Joaquín parafraseó algunos versos para su canción. Así que:

    Este ya (original)


    Este ya no camufla un hasta luego,
    esta manga no esconde un quinto as,
    este precinto no juega con fuego,
    este ciego no mira para atrás.

    Este notario avala lo que escribo,
    estas vísperas son del que se fue,
    ahórrate el acuse de recibo,
    esta letra no la protestaré.

    A este escándalo huérfano de padre,
    no voy a consentirle que taladre
    un corazón falto de ajonjolí.

    Este pez ya no muere por tu boca,
    este loco se va con otra loca,
    esta masoca no llora por ti.

    Este ya (según Sabina)


    Este adiós no maquilla un hasta luego,
    este nunca no esconde un ojalá,
    estas cenizas no juegan con fuego,
    este ciego no mira para atrás.

    Este notario firma lo que escribo,
    esta letra no la protestaré,
    ahórrate el acuse de recibo,
    estas vísperas son las de después.

    A este ruido tan huérfano de padre,
    no voy a permitir que taladre,
    un corazón podrido de latir.

    Este pez ya no muere por tu boca,
    este loco se va con otra loca,
    estos ojos ya no lloran más por ti.

    Joaquín Sabina


    Escuchando: Close Cover - Ni idea del artista (es instrumental)

    19 Junio 2007

    Los Amorosos

    A Sabines me lo presentó Ángel José Chacón, físico con doctorado, que me enseñó Algebra Superior en el primer semestre de universidad. El profe Chacón era un romántico, un soñador, un poeta, un amante del haiku, un hombre de hablar pausado y alquimista empeñado en fusionar los astros y las penas del corazón.

    Este poema habita mi memoria y quizás mi corazón, junto a una frase, no sé si sabia o cruel: "Un niño feliz será un hombre feliz". Y mi pregunta: Un niño triste ¿Alcanzará algún día la felicidad?

    Para todos aquellos que han amado o que aspiran a vivir el amor...

    Los Amorosos
    Los amorosos callan.
    El amor es el silencio más fino,
    el más tembloroso, el más insoportable.
    Los amorosos buscan,
    los amorosos son los que abandonan,
    son los que cambian, los que olvidan.

    Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
    no encuentran, buscan.
    Los amorosos andan como locos
    porque están solos, solos, solos,
    entregándose, dándose a cada rato,
    llorando porque no salvan al amor.

    Les preocupa el amor. Los amorosos
    viven al día, no pueden hacer más, no saben.
    Siempre se están yendo,
    siempre, hacia alguna parte.
    Esperan,
    no esperan nada, pero esperan.

    Saben que nunca han de encontrar.
    El amor es la prórroga perpetua,
    siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
    Los amorosos son los insaciables,
    los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.
    Los amorosos son la hidra del cuento.

    Tienen serpientes en lugar de brazos.
    Las venas del cuello se les hinchan
    también como serpientes para asfixiarlos.
    Los amorosos no pueden dormir
    porque si se duermen se los comen los gusanos.
    En la oscuridad abren los ojos
    y les cae en ellos el espanto.
    Encuentran alacranes bajo la sábana
    y su cama flota como sobre un lago.

    Los amorosos son locos, sólo locos,
    sin Dios y sin diablo.
    Los amorosos salen de sus cuevas
    temblorosos, hambrientos,
    a cazar fantasmas.
    Se ríen de las gentes que lo saben todo,
    de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
    de las que creen en el amor
    como una lámpara de inagotable aceite.

    Los amorosos juegan a coger el agua,
    a tatuar el humo, a no irse.
    Juegan el largo, el triste juego del amor.
    Nadie ha de resignarse.
    Dicen que nadie ha de resignarse.
    Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
    Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
    la muerte les fermenta detrás de los ojos,
    y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
    en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

    Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
    a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
    complacidas,
    a arroyos de agua tierna y a cocinas.
    Los amorosos se ponen a cantar entre labios
    una canción no aprendida,
    y se van llorando, llorando,
    la hermosa vida.


    Su corazón les dice que nunca han de encontrar...

    4 Junio 2007

    EnVio

    Yo soy hueso tuyo amor, yo no te veo
    yo no te veo, yo no te oigo.

    Yo no pienso.
    Amor, yo empuerco tus manos.

    Yo estornudo sobre tu santo silencio
    Yo no daría una gota de mis chorros
    por toda tu luz.

    Yo no amo, amor.

    Eduardo Escobar

    23 Febrero 2007

    Hace ya diez años
    que recorro el mundo.

    ¡He vivido poco!
    ¡Me he cansado mucho!

    Quien vive de prisa no vive de veras,

    quien no echa raíces no puede dar frutos.

    Ser río que recorre, ser nube que pasa,

    sin dejar recuerdo ni rastro ninguno,

    es triste y más triste para quien se siente
    nube en lo elevado, río en lo profundo.

    Quisiera ser árbol mejor que ser ave,

    quisiera ser leño mejor que ser humo;

    y al viaje que cansa

    prefiero terruño;

    la ciudad nativa con sus campanarios,
    arcaicos balcones, portales vetustos

    y calles estrechas, como si las casas
    tampoco quisieran separarse mucho...
    Estoy en la orilla
    de un sendero abrupto.

    Miro la serpiente de la carretera
    que en cada montaña da vueltas a un nudo;
    y entonces comprendo que el camino es largo,
    que el terreno es brusco,
    que la cuesta es ardua,
    que el paisaje es mustio...

    ¡Señor! ¡Ya me canso de viajar! ¡Ya siento
    nostalgia, ya ansío descansar muy junto
    de los míos!... Todos rodearán mi asiento

    para que les diga mis penas y mis triunfos;

    y yo, a la manera del que recorriera

    un álbum de cromos, contaré con gusto
    las mil y una noches de mis aventuras
    y acabaré en esta frase de infortunio:

    -¡He vivido poco!
    ¡Me he cansado mucho!

    José Santos Chocano (Perú, 1875-1934)

    4 Febrero 2007

    Esta mano nerviosa y pequeña que todos ven,
    esta mano de uñas pintadas y piel frágil
    ha cometido sin temblar
    oscuros asesinatos fracasados
    y algún suicidio rencoroso
    en el abandono de la almohada y las lágrimas.

    Esta mano ha mentido en salones y calles
    con ceremonias usadas y ajenas.
    En habitaciones oscuras, esta mano
    ha huido de la ternura,
    pero lenta como ola de aceite
    ha dado placer a los cuerpos.

    Esta mano ha ordenado en fila las palabras
    para llevarlas al abismo
    y hacerlas decir ya sin aliento
    del esplendor de las pobres emociones,
    del desplome de las ruinas aún en pie,
    de la sal viva en las pestañas.

    Esta mano ha robado en duermevela
    cosas que nunca se atrevió a hacer suyas
    y ahora en su palma sólo tiene roces
    y el vacío en el que estuvo otra mano.

    Esta mano tiene atravesadas las líneas
    de una vida que se perdió
    porque no supo, no comprendió, no quiso.

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  • Archivado en: Poesía Tags: mano, poesia
  • 4 Febrero 2007

    Y si no puedes hacer tu vida como la quieres,
    en esto esfuérzate al menos
    cuanto puedas: no la envilezcas
    en el contacto excesivo con la gente,
    en demasiados trajines y conversaciones.
    No la envilezcas llevándola,
    trayéndola a menudo y exponiéndola
    a la torpeza cotidiana
    de las compañías y las relaciones,
    hasta que llegue a ser pesada como una extraña.