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La PaLaBra: Destino IneXoraBle

Categoría: E-lulucubraciones

4 Octubre 2009

El animal humano

Sólo la falta de esencia, o su notable desprecio, requiere tanta indumentaria para cubrir el vacío. Los grupos humanos que han llevado hasta el límite del ridículo el refinamiento, que han optado por tergiversar o adornar hasta las actividades fisiológicas más elementales, carecieron en su momento de aceptación y de respeto por sí mismos. Y esas sociedades han sido, generalmente, resultado de filosofías en apariencia muy racionales, cuyos logros en educación, progreso material y cultura sobresalían escandalosamente por encima de los de sus contemporáneos. El alejamiento de lo que es evidente para ir a la búsqueda de lo probable es prueba de patología. La necesidad no tanto de dominar la naturaleza sino de subvertirla sólo es posible en especies degeneradas.

Todas las instituciones parten de la premisa de que hay una sociedad, un aglomerado de seres humanos dispuestos a regirse por idénticos principios. Sin embargo, nada hay más falso. No hay tal sociedad. Hay individuos. La sociedad es un concepto abstracto que ha sido creado, como muchos conceptos de tal índole, para poder ser usado convenientemente. La sociedad es la excusa para la imposición de normas que afectan la vida del individuo en favor de intereses particulares. 

El mundo no ha cambiado. Tampoco los seres humanos. Mucho se habla del progreso, de la civilización, de la evolución y del cambio. Pero esto no es más que fachada. Los mismos principios básicos rigen la vida de los seres humanos: 

  • La necesidad elemental de todos es la supervivencia, persistir en ser (la pregunta que surge es si es consecuente este deseo de sobrevivir un día más con el fin único de enfrentar el mismo reto al día siguiente)
  • Unos se apropian arbitrariamente de los recursos, lo cual les permite dominar a los demás. Usan argumentos como el poder divino, político o económico; en el fondo todos igualmente absurdos
  • Se crean instituciones que perpetúen el orden imperante
  • La fuerza sigue siendo el mecanismo más utilizado para coaccionar e imponerse
  • Los paliativos ante las evidentes injusticias se colocan en el futuro, allí donde nadie ha ganado jamás ningún pleito
  • Los sometidos creen que su situación es inevitable -y hasta merecida- y los que someten se encargan de alimentar esta creencia

La vida de los seres humanos no fue mejor antes. Nunca la de todos. Siempre para unos ha sido mejor y peor para los otros, en realidad, para una inmensa mayoría. Siempre ha habido cadenas; sin embargo, cada época les ha dado un nombre diferente y las ha maquillado con gran arte. Antaño esas cadenas eran tangibles pero a medida que la especie se fue haciendo más civilizada comprendió que el hierro era poco elegante y se propuso crear cadenas imaginarias -no por ello menos pesadas- invulnerables al óxido y al paso de los años: entonces apareció el trabajo. El trabajo ha facilitado muchas cosas a los inicuos propietarios de los recursos: el esclavo ya no vive bajo el techo de su amo; tampoco tiene éste la obligación de alimentarlo. A pesar de todo, el esclavo cumple sagradamente con el horario y los deberes. De ser necesario -y siempre es necesario-, sacrificará las horas de ocio en beneficio de la empresa ya que del éxito de ésta depende su supervivencia y la de su familia. Recibirá en compensación el dinero estrictamente necesario para no morir de hambre y continuar trabajando. He ahí la razón por la cual, sin importar a cuánto ascienda el sueldo, nunca sobra dinero; de hecho muchas veces no alcanza para llegar a fin de mes. El mismo ambiente laboral exigirá aparentar un estatus superior al que realmente se tiene. Así la auxiliar aspirará a lucir como su jefa y ésta, como la gerente de la empresa.

Evidentemente el trabajador produce lo suyo y también lo de su amo y del tamaño de la ambición de este último depende el monto del excedente.

Frente a esta situación todavía hay muchos individuos que pretenden seguir aferrados a ideas e instituciones que se destacan por su incompetencia y probada injusticia. Hay un orden malsano en el mundo por el cual la opulencia se pasea altiva frente a los ojos de los miserables y el tormento prometeico se repite a diario en todas partes.

En el fondo seguimos siendo animales: sufrimos más porque negamos este hecho esencial. Si tuviéramos siempre presente tal certeza muchas cosas cambiarían. Ante todo aceptaríamos que se lucha por la supervivencia y entonces pasaríamos por alto las instituciones y sus promesas, para ir por vía directa hacia lo que realmente necesitamos. Esto, contra todo pronóstico, no nos haría más malos. Ninguna ley ha podido impedir nunca la injusticia ni el mal: sólo ha dejado en claro que hay individuos que temen demasiado al castigo y otros que dan rienda suelta a sus impulsos en la confianza de no ser descubiertos.

Dejaría de existir la familia y con ella la sociedad; dos instituciones antinaturales creadas exclusivamente para poder instaurar un orden en provecho de los que quieren hacerse con el poder económico y político. Esto incluye, por supuesto, a las iglesias. Otra cosa que también desaparecería: el dogma religioso con su séquito de indignantes parásitos. La historia perdería todo su valor porque se haría patente la constante repetición de los mismos hechos donde lo único diferente serían los lugares y los nombres de los personajes. No existiría el ciudadano; de hecho en la actualidad existe sólo nominalmente: tiene muchos deberes, entre ellos el de someterse y mostrarse satisfecho con las decisiones que tomen aquellos a los que ha tenido el derecho a elegir, todo por obra y gracia de la democracia.

Otro beneficio derivado de la aquiescencia hacia nuestra innegable animalidad tendría que ver con el asunto de la muerte. Para el animal la muerte no es una certeza anticipada. El animal sencillamente muere. No sabe que muere y así le es más natural vivir y morir. Por eso los demás animales no tienen metafísica y si acaso la tuviesen estaría inspirada en un evento fisiológico nada triste: la reproducción. No la procreación, que es un derecho que se han apropiado, no sin cierta reserva, los seres humanos*. Mientras tanto, la metafísica de los animales se vería suficientemente recompensada en vida a través de la generación de nuevos individuos. La superación de la muerte en una resurrección futura sería a todas luces una escandalosa superchería. En sus libros sagrados no figuraría ningún Dios al cual dar gracias por la vida que surge ni pedir perdón por las faltas de la vida que se va. Si acaso existe un mandamiento para los animales es el de sobrevivir a toda costa y hacer el respectivo aporte a la multiplicación de la especie.

* Porque la procreación es un invento religioso que dice que dos seres humanos de sexos opuestos, y que se aman, reciben de Dios el permiso para tener sexo y que de allí deriven más hijos de Dios. Si se hiciera sin la bendición ya no serían hijos de Dios sino sólo unos desventurados hijos del deseo con todas las consecuencias que esto acarrea, es decir, serían burdos animales humanos.

11 Septiembre 2009

A lo largo de mi vida he ocupado cinco camas propias y por lo menos unas cinco decenas más entre camas ajenas y de hotel.

De 11.928 noches, he dormido acompañada más de la mitad y recuerdo con especial interés las que he compartido con hombres. Exceptuando parejas y amantes, he pasado noches con poco más de treinta entre amigos, conocidos, compañeros de estudio o prospectos de amante y he tenido que hacer uso de toda mi creatividad para evadir sus insinuaciones de tener sexo.

He llegado a la conclusión de que tan extraña costumbre obedece a un imperativo natural: hormonal, instintivo, de género. Para la mayoría de hombres es bien difícil concebir pasar una noche en la misma cama con una mujer y no tener sexo con ella. A menos, claro está, que se trate de su madre... aunque casos se han visto.

Los hombres usan varias estrategias -más o menos torpes- para acercarse y dar a entender su intención. No sirve de nada aclarar, antes de irse a la cama, que el objetivo es dormir. La primera frase que se le ocurre es: "Tranquila que no pasará nada que no quieras". ¿No es curioso? Es una amenaza encubierta. Él espera, ciertamente, que algo pase. Espera también que sea algo voluntariamente aceptado, mas se evidencia que la cosa tal no surgirá de manera espontánea: alguien propondrá y el otro alguien dirá si está dispuesto o no. Si ambos quisieran, el asunto no entraría siquiera en discusión. Pasaría y ya. ¿Alguno de los caballeros recuerda una dama que le haya dicho que "no pasará nada que no quieras"? Permítanme ponerlo en duda.

Es bastante incómodo para la mujer. Nunca se está del todo tranquila. En principio está el asunto del pijama. Aunque sea poco confortable a veces sería aconsejable acostarse en jean y dejarse la mayor cantidad de prendas posible, incluso los zapatos por si fuera necesario dar alguna patada a medianoche. Los pijamas suelen ser prendas pequeñas de telas muy delgadas, por tanto, pueden servir de excusa para el posterior abordaje. Luego vamos a ver que, entre chanza y chanza, el hombre anuncia que cuando está dormido, sin darse cuenta, le echa la pierna encima al que está al lado. Por supuesto, este fenómeno nunca se presenta cuando el acompañante es hombre. En tal caso, si sucediera que no hay más remedio que compartir la misma cama, se harán cada uno en extremos opuestos, en el puro borde del colchón y no pegarán el ojo en toda la noche para evitar el riesgo de tocar por accidente al otro. Un ataque de amabilidad lleva a algunos a preguntar a la mujer qué lado de la cama prefiere, sin embargo esta no es la regla. Puede parecer ocioso escoger derecha o izquierda si sus elucubraciones le muestran una seductora escena en la cual ambos intentan ocupar idéntica franja.

Pero quizás lo más tenebroso es cuando la luz se apaga. El tipo que parecía estar lo suficientemente lejos como para sentirnos a salvo, se revuelca tantas veces como haga falta hasta que, de manera sorprendente, sentimos su aliento caliente en la oreja. Nada más desagradable. Si se tratara de un amante deseado no habría mayor placer. Después, como quien no quiere la cosa, pone su mano sobre nuestra cadera. ¡Horror! ¡Nos espera una noche larga y tortuosa!

Imposible dormir en estas condiciones. Viene a mi mente una frase bastante ilustrativa de un amigo al que tengo en gran estima: "Que conste que es porque tú no quieres". De pronto sentí que para él era un deber ineludible, una especie de cortesía masculina ofrecerme una noche que, en su opinión, habría de ser harto placentera. De la manera más cariñosa lo ha intentado en tres ciudades diferentes donde han tenido lugar nuestros esporádicos encuentros. Siempre ha recibido la misma respuesta. Y siempre ha vuelto a intentarlo.

16 Julio 2009

Pongo en conocimiento de los lectores, antes de dar inicio a estas disquisiciones, que el tema que se tratará a continuación puede parecer sin fundamento debido a dos circunstancias, a saber: 

  • 1. Se basa en fragmentos de uno de los denominados textos sagrados que algunos toman como relato de hechos históricos, producto de la revelación divina, y otros desde el punto de vista narrativo con un valor puramente literario, sujeto a múltiples interpretaciones.
  • 2. Carecemos de fuentes fidedignas para corroborar si lo que se afirma en el texto es verídico, por tanto todo lo que se diga al respecto puede ser calificado de mera especulación.

Sin embargo, debo advertir también a los lectores que este mismo texto ha sido tomado de la manera más seria por miles de millones de personas a lo largo de muchos años; con base en éste se han cultivado creencias de alto contenido misógino, se han repartido desiguales cargas socioculturales entre los dos sexos (no hablaré de las biológicas, que son obra de la Naturaleza) y se ha construido toda la doctrina judeo-cristiana que, como bien se sabe, parte de la premisa de un pecado original que estigmatiza a todo ser nacido humano y lo condena a la búsqueda de una supuesta salvación.

Para quien no esté enterado aún, aclaro que la Biblia no fue escrita originalmente en español (¡tampoco en inglés! aunque parezca mentira, hubo una época en que éste no era el idioma que todo el mundo debía saber hablar). Una primera parte está en hebreo y lo demás en griego. Hay varias versiones de la Biblia y no todas incluyen los mismos libros ni son traducidas de la misma manera. De hecho, las biblias que circulan actualmente por el mundo son la enésima traducción de los libros que, en los albores de la iglesia cristiana, fueron juzgados por el clero primigenio como portadores de la verdadera fe. En años posteriores, y merced nuevamente a la revelación divina, esmerados representantes de la iglesia se vieron compelidos a hacer las correcciones, mutilaciones y ajustes necesarios para que los textos fueran comprensibles -aunque no del todo coherentes- para cualquier creyente que supiera leer (vale la pena recordar que saber leer era un privilegio poco extendido hace menos de cinco siglos y los creyentes debían conformarse con lo que quisiera leer el sacerdote, que además hablaba dándoles la espalda y empleaba el latín). Los demás textos, es decir los denominados apócrifos, fueron aquellos que en opinión del papa y los obispos contradecían los ya aceptados o ponían a tambalear los pilares de una de las empresas más lucrativas que ha existido en los últimos veinte siglos.

Si nos atenemos a las palabras de la Biblia hemos de aceptar, entre otras cosas, que la evolución del mono al hombre es un disparate. Veamos la teoría creacionista del Génesis donde entra en escena el hombre:

Génesis 1,26 - 27: Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que mande a los peces del mar y a las aves del cielo, a las bestias, a las fieras salvajes y a los rep­tiles que se arrastran por el suelo.» Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó.

Al respecto, algunas anotaciones. Dios dice "hagamos" y "nuestra", habla en plural: no estaba solo. Esto ya debería despertar la suspicacia de algunos. Hay quienes dirán que hubiera sido de muy mal gusto que Dios hablara en primera persona: sonaría bastante egocéntrico. Sin embargo hubiera sido lo correcto ya que al decir hagamos involucró a otros en el asunto y repartió alegremente su Divina Responsabilidad (léase Génesis 1,1 - 25 y obsérvese que durante la etapa previa Dios creó todo lo demás solo).

Con las siguientes palabras da un primer giro el engranaje de la discriminación entre los géneros ya que se refiere de manera específica al hombre. Puede tratarse de vicios de la traducción que donde debería decir ser humano diga hombre para aludir a ambos géneros. Se alegará que, en ese momento, para los hebreos no existía aún el concepto de "ser humano" a lo cual responderé que hay que tener presente que la Biblia es de inspiración divina y cabe esperar que para Dios este concepto ya existía. También se puede suponer que en un principio Dios, en su infinita sabiduría, haya contemplado la posibilidad de crear exclusivamente al hombre (si iba a ser a imagen y semejanza de Dios, lo lógico es que fuera único en su especie). Quizás no pretendía que se multiplicara por lo cual la mujer no era necesaria. Otros restarán importancia al tema diciendo que es obvio y que todos entienden que cuando dice hombre, se refiere a hombre y mujer. De la inexactitud de estas obviedades hemos visto surgir verdaderas revoluciones porque pueden ser usadas convenientemente  para los fines más reprobables. Prosigamos. "A imagen y semejanza" (es decir análogo, parecido, aproximado) deja claro que no hubo evolución ya que no es posible imaginar a Dios pasando por ameba, pez y simio hasta llegar a su forma final; como se sabe Dios ha sido, es y será siempre el mismo. Por supuesto el hombre es casi como Él, pero no idéntico; de lo contrario sería Él.

Después Dios le dio permiso al hombre para hacer con los inocentes animales lo que le viniera en gana, oportunidad que no ha desaprovechado según se puede constatar por el consumo de carne en cantidades industriales y la creciente extinción de especies. Aunque este párrafo también podría interpretarse como sigue: Dios se propuso crear al hombre "a nuestra imagen y semejanza" en el sentido de que podría mandar a los peces, las aves, etc. Para muchos esta interpretación restaría romanticismo a la cuestión: es evidente que el hombre no manda sobre nada, pues nada le obedece a menos que use la fuerza o el engaño.

Por último, el texto especifica que "macho y hembra los creó". Antes hablaba de hombre en singular, de repente remata con un plural ¿Raro, no? Se me objetará que las palabras no deben tomarse literalmente. Lo que nadie, ni siquiera el Papa puede responder de manera veraz, es bajo qué parámetros y en qué  ocasiones una misma palabra de la Biblia debe ser tomada literal o figuradamente. Si se investiga un poco podrá comprobarse el uso acomodaticio que se ha hecho de las Sagradas Escrituras a lo largo de la historia gracias a esta ambigüedad de sentidos.

Más adelante, en el segundo capítulo del Génesis, la historia se altera contradiciendo lo anterior. En éste, primero Dios crea la tierra y los cielos, luego el hombre y el jardín del Edén lleno de vegetación -incluido el arbolito prohibido-; posteriormente los animales y, por último, la mujer.

En Génesis 2,18 se lee: Después dijo Yavé: «No es bueno que el hombre esté solo. Haré, pues, un ser semejante a él para que lo ayude.» A estas alturas Dios ya había advertido al hombre -y solamente a él- que no podía comer del árbol de la Ciencia del bien y del mal porque moriría sin remedio. Dos detalles a señalar: un ser semejante evidencia que Dios no tenía planes de hacer otro hombre sino algo que se le pareciera. Y lo primero que se le ocurrió fue crear animales. El fin era que sirvieran de ayuda al hombre. ¿En qué? En su tarea de cultivar y cuidar el jardín del Edén (Gén. 2,15, versículo del cual podría desprenderse la famosa teoría planteada por Federico Engels en su libro El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, si no fuera porque sonaría a blasfemia. Según Engels la posición bípeda y la fabricación de herramientas fue lo que separó al homínido de los simios y son estas dos las condiciones que facilitaron la aparición del trabajo). Estamos ante los inicios de la agricultura, actividad que permitió el posterior sedentarismo y que, debido a que el hombre prefería la emoción de ir a cazar y pescar, recayó en manos de las mujeres.

La creación de los animales fue una tarea infructuosa ya que "...no se encontró en ellos un ser semejante a él para que lo ayudara." Ningún animal sabía ni podía ni estaba dispuesto a cocinar, lavar, planchar, limpiar ni yacer con el hombre. Mucho menos a arar, regar plantas ni recolectar frutos. "Entonces Yavé hizo caer en un profundo sueño al hombre y éste se durmió. Y le sacó una de sus costillas, tapando el hueco con carne. De la costilla que Yavé había sa­cado al hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre." (Gén. 2,21 - 22). De este párrafo se desprenden importantes consecuencias. Ante todo es notorio que Dios no quería que la mujer fuera igual al hombre, si no la hubiera hecho con polvo de la tierra y un soplo de su aliento. ¿Por qué se mostró reacio el Creador a hacer el segundo ejemplar usando idéntico método? Nunca lo sabremos. Lo que sí podemos deducir de esto es que fue la primera inversión de las leyes de la Naturaleza -o acto milagroso- pues lo bio-lógico es que en vez de haber sacado a la mujer de las entrañas del hombre, éste hubiera salido de las de la mujer, como se ha visto suceder hasta el presente.  Muchos han aprovechado esta circunstancia para afirmar que la mujer es inferior al hombre. Sin embargo, olvidan que la formó a partir de un hueso lo cual hace pensar que por lo menos es íntegramente mucho más resistente y estructurada que el hombre. Más llamativo es el hecho de que Dios aplicara un sueño anestésico al hombre. De seguro estando despierto jamás hubiera permitido que la mujer apareciera sobre la tierra.

El júbilo expresado por el hombre al conocer a su nueva ayudanta habría de durar bien poco. Pero lo que interesa determinar es bajo qué circunstancia la serpiente pudo trabar íntima conversación con la mujer. Dicen las escrituras: La serpiente era la más astuta de todos los animales del campo que Yavé había hecho, y dijo a la mujer: « ¿Es cierto que Dios les ha dicho: No coman de ninguno de los árboles del jardín?» La mujer respondió: «Podemos comer de los frutos de los árboles del jardín, menos del fruto del árbol que está en medio del jar­dín, pues Dios nos ha dicho: No coman de él ni lo toquen siquiera, porque si lo hacen morirán.» (Gén. 3,1 - 3). Que la serpiente formulara una pregunta intrigante de forma tan solapada permite suponer que poseía un amplio conocimiento del sexo femenino. Muy amablemente la mujer aclaró el asunto de la prohibición, aunque no se especifica en qué momento se le hizo saber. Se presume que es un dato transmitido genéticamente a través de las células óseas del hombre, del que fue tomada.

Como sonara a discurso aprendido de memoria, la respuesta de la mujer se prestó para tender la trampa. La serpiente replicó: «De ninguna ma­nera morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abri­rán a ustedes los ojos y serán como dioses y conocerán el bien y el mal.» (Gén. 3,4 - 5). Aquí surgen un par de conjeturas. Conocer los efectos que traería comer el fruto del árbol prohibido sólo podía deberse a dos razones: la serpiente misma había comido ya el fruto o, en su defecto, era como un dios puesto que conocía el bien y el mal. De otro modo hubiera sido incapaz de tentar. Por otro lado, se revela injusto el castigo infligido a la recién creada pareja humana ya que no fueron dotados de malicia. Por cierto, la afirmación "conocerán el bien y el mal" hace pensar que el pecado no consiste en el acto en sí sino en saber. Saber que dicho acto está bien o está mal.

"La mujer vio que el árbol era apetitoso, que atraía la vista y que era muy bueno para alcanzar la sabiduría. Tomó de su fruto y comió y se lo pasó en seguida a su marido, que andaba con ella, quien también lo comió." (Gén. 3,6). Hubo tres elementos que motivaron la decisión tomada por la mujer: la promesa de placer sensual, la apariencia física y la adquisición de sabiduría, esto último de dudoso valor frente a las cualidades tangibles del fruto lo cual hace pensar que la serpiente no era muy necesaria para la Caída. Después de ver y oler el fruto cualquiera lo hubiera comido. Al parecer la tentación fue urdida con bastante antelación, en el momento en que se plantó el arbolito en medio del Edén. Pero lo más importante: la mujer compartió el fruto con su marido ¡que andaba con ella! Éste asistió a la charla con la serpiente y no pronunció palabra alguna. Se limitó al papel de mudo espectador. No buscó la manera de alejar a la mujer de la serpiente ni de disuadirla de su decisión. Por si fuera poco, aceptó dar el mordisco a pesar de la advertencia. Después se escudó en la mujer cuando fue interpelado por Dios y se comportó con la misma inmadurez del niño que le echa la culpa de su travesura al hijo del vecino.

Así pues el hombre no estaba ocupado -como sucede con cierta frecuencia en la actualidad- viendo un partido de fútbol o en una reunión de trabajo cerrando importantes asuntos de negocios. Tampoco se estaba echando la siesta de después de, o pasando la resaca de la rumba del día anterior. La mujer, como cualquier comadre, adelantaba chisme con una desconocida y el hombre, justamente a su lado, se hacía el sordo. Penosas costumbres propias de cada género que, como puede verse, tienen un origen tan remoto como la humanidad misma, han sido la razón de la Primera Caída y de las desavenencias de todos los días. De no haber sucedido así, ¿Qué tan diferente sería nuestro Destino? Nunca lo sabremos, como tampoco sabremos ¿Qué hubiera pasado si en vez de Eva, hubiera sido Adán el primero en morder la manzana?

 

31 Diciembre 2008

Voy a empezar por hacer una aclaración para la gente que no tiene todavía bien definidos los conceptos.

Mundo: Planeta en el que viven los seres humanos. Conjunto de todas las cosas que existen, incluyendo las que se encuentran fuera del planeta Tierra. (http://es.thefreedictionary.com/mundo)

Virtual: Que existe sólo aparentemente y no es real. (http://www.alegsa.com.ar/Dic/virtual.php)

Quedaría algo así como: creación que simula el planeta donde viven los seres humanos y las cosas que allí existen (o que nos gustaría que existieran). Lo más importante a mi parecer es entender que no es real -aunque la definición de "lo real" debería ser también cuestionada y replanteada-.

La primera cosa que tengo que decir es que hablo con la voz de la experiencia. No serán muchos los años que llevo en esto del Internet peroooo... son suficientes los errores cometidos y las satisfacciones obtenidas.

A estas alturas todavía hay quienes no distinguen el Mundo Virtual de la Realidad Real (valga la redundancia; también hay Realidad Virtual). Y no me refiero a las personas que se meten tanto en el mundo virtual que terminan creyendo que es real. Me refiero a aquell@s que al juzgar la actitud de quien así actúa, esgrimen argumentos según los cuales pretenden exigir a la virtualidad características propias y únicas de la realidad.

¿Por qué ha alcanzado tanta trascendencia lo virtual? El mundo actual no sabría, no podría, funcionar sin su paralelo virtual. Desafortunadamente hay mucha gente que se la pasa metida ahí pero no se da cuenta. Lamentablemente hay muchos especialistas que creen que a pesar de que las personas viven ahora atosigadas con aparatejos y tecnologías, que supuestamente se han creado para facilitar sus actividades laborales y personales, van a seguir funcionando igual que hace 20 años. No. Estos especialistas son los mismos que no tardan en descubrir nuevas y terribles patologías donde, para variar, el ser humano pierde totalmente el control ante el nuevo juguete. Y también, para variar, terminan echándole la culpa al juguete.

¿Quién no vive o hace parte del mundo virtual? Son pocos los afortunados. Educación virtual, empleos virtuales, arte virtual, relaciones virtuales, sexo virtual, fuentes virtuales de información, negocios virtuales... ¡Si es que ya vivimos más en ése que en este mundo! Pero las personas, ingenuamente, creen que se pueden obtener los beneficios sin pagar el precio. Más aún, pretenden de manera absurda que la vida siga dando las mismas soluciones de antaño para problemas que son novedosos. De hecho, ya no estoy muy segura de que se trate de problemas. Son efectos apenas lógicos.

Como siempre, las cosas empiezan a ser inquietantes cuando atentan contra los principios de funcionamiento del sistema. Seamos realistas. A las empresas no les interesa que sus empleados se vuelvan adictos a Internet siempre y cuando esto multiplique sus ganancias. A las mamás y los papás les tiene sin cuidado que el adolescente no tenga amigos y se la pase encerrado en el cuarto. Lo que les preocupa es que el recibo de la luz llegue tan caro porque el niño o la niña se la pasan chateando hasta las 4 de la madrugada. A la señora le es indiferente que su marido tenga una aventura cibernáutica con una despampanante rubia. Lo que le choca es verse comparada con una mujer que posiblemente no exista y saber que su cónyuge está hecho un completo idiota por ella sin haberle tocado un pelo.

En países latinos el asunto es preocupante, pero en Estados Unidos donde desde hace años los niños tienen acceso en su propia casa a Internet y donde los trabajos se basan prácticamente en relaciones y actividades virtuales, la cosa pinta grave. Tan grave que ya existen Centros Virtuales de Desintoxicación para adictos a Internet. Paradójicamente virtuales. A la manera homeopática, se cree que una dosis pequeña y controlada del mismo veneno sirve para combatir el mal.

Quizás uno de los temas que más ha despertado controversia es el de las relaciones virtuales. Hablamos de relaciones afectivas, para ser más exactos. Éstas por lo general van acompañadas de sexo, no nos digamos mentiras (si no, ¿Cuál sería su atractivo?). Veamos qué dice la definición genérica:

Relación: vínculo entre dos o más entidades que describe alguna interacción entre las mismas.

Empezando, hay quien duda de que este fenómeno sea posible. Se figuran que no hay relación si la cosa no se puede ver, tocar, probar, etc., es decir, si no se puede experimentar con los sentidos. Así son de superficiales. Tengo una amiga que me dijo: ¿Cómo le puede gustar? ¡Ni siquiera lo ha olido! -¡Tanto mejor! -espeté yo- es francés, debe oler horrible.

Dejando de lado tales apreciaciones desde todo punto de vista inválidas, valga decir que sí existen las relaciones virtuales. ¿Son patológicas? Tanto como lo pueda ser cualquier relación. Partimos del principio de que toda relación entre los seres humanos es patológica (algo así concluí de lo que dijo Freud, quien era un obsesivo monotemático). ¿Son manifestaciones de trastornos de la personalidad y de las relaciones interpersonales? Probablemente. Pero lo que da pie para tantos debates es que ya las enfermedades y perversiones psico-sociales de las personas se están escapando del control de las autoridades civiles, médicas, religiosas y morales, por la sencilla razón de que se desarrollan en un mundo aparente donde tú no necesitas ser tú, donde él no necesita ser él, de hecho pocos quieren ser sí mismos y eso es lo verdaderamente mágico y atrayente. Como pertenecen al mundo virtual, aun cuando llegan en muchas ocasiones a alterar la realidad real, es poco lo que se puede hacer al respecto hasta tanto las consecuencias sean tangibles.

¿Cuál es el encanto de las relaciones virtuales? se preguntan los que nunca las han vivido o quienes han salido frustrados en el intento. Puedo decirlo sin reparo: precisamente que son virtuales. Continúa kinga mi amiga con sus preguntas insidiosas:

-¡Pero vive tan lejos!
- ¿Y qué? En Internet la distancia no existe.

- ¿Cómo puede mandarle el beso de las buenas noches si allá ya amaneció?
- En Internet no existe el tiempo, tampoco las estaciones.

- Pero ¿Y si es casado?
- No importa, no lo quiero para marido.

- Pero hace falta el beso...
- Tengo orgasmos, eso es suficiente.

- Pero si ve? es una relación basada en sexo...
- ¿Hay alguna que no lo sea? En todo caso no me interesa cocinar, lavar ni planchar. Me quedo con la mejor parte.

- ¿Y que tal que no esté muy bien dotado?
- ¡Qué importa! Igual las fotos que le he mandado son retocadas.

- ¿Y qué va a hacer si le propone conocerse personalmente?
- Fácil. Lo saco de mi Lista de amigos y pongo su e-mail como No deseado.

- Seguro no es tan bueno en persona...
- No lo voy a canonizar. Me cae bien, me gusta y me escribe cosas bonitas.

-¿Y si usted se enamora?
- Demasiado tarde para hacer esa pregunta.

- Todos sus enamorados de los últimos tres años son virtuales. ¿Cuándo piensa tener a alguien real?
- ¿Qué quiere? ¿Que me cuelgue un aviso al cuello que diga "Chica joven, guapa e inteligente -osease yo- busca amante" y salga a la calle?

Sí, también tiene sus desventajas. Como no es real es complicado encontrar el defecto que desencante. Virtualmente podría ser perfecto ¡por siempre! Por fortuna existe la frustración propia derivada del hecho de que no se puede gozar con los sentidos, lo cual más temprano que tarde pone fin al asunto (ya se hicieron investigaciones serias al respecto: debido a esto, por lo general, el ciberenamoramiento no dura más de 3 meses -lo cual pasa también con el real, seamos honestos- a menos que sea una verdadera ciberpatología compartida). Esta desventaja viene acompañada de una solución: fácilmente se consigue el clavo que saca otro clavo.

Olvidémonos del Chat. Eso es prehistoria. Las comunidades sociales virtuales son lo in. Si no perteneces a ninguna, es probable que no existas. Ahí se encuentran aplicaciones todas ideadas con el fin de enganchar incautos, causar divertidas adicciones y multiplicar contactos con personas de cualquier lugar del mundo que jamás conocerás. ¿Pero ahora quién quiere conocer a nadie? Lo que importa es tener contactos, ¡muchos contactos!

18 Diciembre 2008

La desgracia que aqueja a las personas de mi clase* es que, en medio de cualquier circunstancia, penosa o alegre, y aún aplastadas por la monotonía de una vida repetitiva que parece no tener fin, disponen de energía interior suficiente para pensar en asuntos trascendentales. Esta inclinación puede parecer un lujo a los ojos de la gente sin relieve; sin embargo, se quiera creer o no, no obedece a una elección ni es un acto de la voluntad.

El mundo está ardiendo, literal y figuradamente hablando. El espíritu de las naciones ya no tiene un rostro definido o empieza a parecerse mucho a los demás debido al rasgo común de la desesperación; la gente sufre de hambre, de alguna de tantas raras enfermedades, bajo la aparentemente cruel acción de la sabia Naturaleza o víctima del agobiante estrés que se ha impuesto a sí misma y a pesar, o tal vez, por ello, ajenos a tal realidad aunque tocados de algún modo por ésta, esos seres que sufrimos la manía de la profundidad no podemos renunciar a la necesidad de tratar de ver más allá, más adentro, cruzando las fronteras de la razón.

Mi preocupación no será jamás, ni ha sido, que el mundo se detenga en su carrera loca hacia la destrucción, ni que renuncie al deseo desbordante de devorarse a sí mismo. Es innato al ser humano el impulso de vivir y para vivir es requisito el uso de la energía: acción, a veces sin sentido o con uno macabro, tiene idéntico resultado: transformar esa masa viviente y lo que le rodea.

Hay quienes invitan a salir del yo, que se sienten incómodos ante el exceso de egocentrismo. Mas para algunos sencillamente no es posible dar ese paso: se parte de sí para llegar al otro y se vuelve del otro cada vez más desconcertado y hastiado; luego el ciclo vuelve a empezar.

Quizás algunos no puedan entender la marea de preguntas que inunda a los viciosos de abismo, porque cabe decir que así se empiece por un tema mundano o por uno con visos metafísicos se termina, por lo general, bajo capas de respuestas que empujan a hundirse cada vez más en lo que es la absurda condición humana. Y como si no fuera suficiente, esta hambre de naufragio puede ir acompañada de un sentimiento de desolación o tristeza: de tanto descender se llega al muro de la impotencia contra el cual unos arrojan indiferencia y los demás un llanto interior que nunca se detiene....

* Este término puede dar a entender que se trata de una élite o un grupo de afortunados elegidos. Nada más falso. Ya he escuchado muchas veces la misma frase: usted es la única que se hace ese tipo de preguntas... y que se las formula siempre ¿cómo puede vivir así?

Y yo sólo atino a responder: así funciona mi cabeza, no concibo que los demás puedan vivir de otra forma. Cuando me separo de esas dudas que me son vitales, corro siempre el riesgo de volatilizarme de la superficie. Lo mío es el abismo. Es mi tara y lo único que me ata a este mundo...

7 Noviembre 2008

Todos estábamos alineados a lo largo de una colina, un promontorio sin árboles, oscuro y agreste. A lo lejos se podían ver algunas hogueras y justo frente a cada uno de nosotros un extraño contenedor, metálico, de color negro y con agujeros practicados en diferentes puntos.

No pude reconocer ninguna cara. Sólo sabía que eran personas angustiadas, al igual que yo, por algo que nos esperaba pero de lo cual no teníamos total certeza. Ninguna cadena ataba nuestros pies pero éramos incapaces de dar un paso. No recuerdo tampoco cómo llegamos allí...

Después de varios minutos, cuarenta, quizás más, aparecieron unos hombres. Todos eran altos, delgados, vestían trajes oscuros y llevaban lentes negros. Se miraban entre sí y se decían palabras que aunque alcanzaba a escuchar no entendía. Se distribuyeron frente a nosotros y comenzaron a detallar nuestros rostros y cuerpos, como buscando algún rasgo o señal particular.

Luego empujaron al primero. Era un hombre corpulento, de cara ancha y muy blanca. Iba sin zapatos y lloraba. Lo hicieron avanzar hacia el contenedor que había frente a él. A medida que se acercaba lloraba más fuerte, gritaba. Uno de los hombres abrió el contenedor. Otro lo obligó a entrar. El hombre era demasiado alto y no cabía por completo. Así que uno de ellos le tomó por los brazos mientras el otro, con ayuda de un garrote, le golpeaba las piernas. El hombre ya no se tenía en pie así que entre ambos lo introdujeron y oí que uno de ellos dijo algo del molde perfecto. La palabra perfecto me dio un escalofrío. El hombre gritaba y luchaba por salir mientras ellos ajustaban la puerta del molde y ponían un enorme candado.

Así empezó el desfile siniestro. Se paraban dos o tres de esos hombres frente a alguno de la fila y seguían el mismo procedimiento. Los moldes diferían en algunos detalles pero, en general, era evidente que muchos no ibamos a encajar. Entonces, con gran dificultad, traté de observar cómo era el molde que estaba frente a mí. Era un poco más bajo que yo; las partes laterales donde debían ir los brazos, terminaban a la altura del codo. Tenía un agujero redondo que atravesaba el bajo vientre. Era evidente que para poder entrar allí debía perder los antebrazos y las manos. Supuse que ese agujero tendría alguna horrorosa función. Oí gritos. Sentí miedo. Puse las manos temblorosas con las palmas arriba frente a mis ojos para verlas por última vez. Un par de esos hombres se acercaban. Mis manos ya no iban a escribir más, ni a dibujar, ni a acariciar mi cuerpo mientras dejaba volar mi fantasía. Tampoco acariciarían otro cuerpo. El molde perfecto lo aclaraba todo. Era necesario dejar de ser yo para encajar....

Entonces empecé a gritar. Con las manos extendidas frente a mis ojos y pensando en todo lo que iba a perder, me importaba poco la muerte. Sólo lloraba de desesperación porque no podría conservar mis manos....

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A veces, cuando pienso que estoy loca, me consuela lo que alguna vez me dijo un profesor de Psicología en la Universidad: un loco no se da cuenta de que lo está. Pero durante las dos últimas semanas ya no estoy tan segura. Es preciso cuidarse mucho. Hay que ser indulgente con la locura ajena y respetar la propia. Pero, sobre todo, hay que cuidarse mucho de un exceso de lucidez.......

30 Agosto 2008

Pd 1. este texto no será premiado Nobel (el título es una burda alusión a 100 años de soledad, la obra de Gabriel=> ya sé que la gente le dice Gabo o García Márquez, pero tengo la suficiente confianza para llamarle por su nombre)

Pd 2. qué bien se siente dejar que las cosas salgan

Pd 3. 6° es demasiado!!!

Siento puntillitas eléctricas en los dedos. Es la música. Imágenes. Fantasías. De la mente imaginativa a la mente verbal, a los dedos... los pensamientos fluyen. Si las personas se dejan impresionar -de impresión- por lo que ven, escuchan y leen... ah, esta es una historia ampliamente conocida!!!!

Él siempre usa el mismo discurso. Su única intención es causar lástima. Es una buena forma de llegar al corazón de una mujer. El niño desamparado, al que nadie quiere, que no consigue citas.

6° es ya demasiado! hay que hacerlo más a menudo!!!!

Palabra, gracias por existir... qué sería de mí sin ti?? Ojalá no vinieras por olas y estuvieras siempre conmigo... es lo que tiene... amar y ser correspondido en dosis homeopáticas...

6 Julio 2008

La O.M.E.E* ha declarado el 8 de agosto de 2008 (8-8-8), Día Mundial sin Respiración como una medida para que cada ser humano participe activamente en la lucha contra el Calentamiento Global. Tod@s estamos muy bien enterad@s de la aceleración de los cambios climáticos que se vienen presentando durante las últimas cinco décadas. El aumento de la temperatura en todo el mundo, la variabilidad del clima y los extremos estacionales, así como los fenómenos atmosféricos y aún sísmicos, se deben a este desorden cuyas causas principales son:

- La alta concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera
- La quema de combustibles fósiles
- La ganadería extensiva
- La deforestación no controlada

Estudios recientes sobre este inquietante fenómeno arrojaron como conclusión que la actividad humana incrementa ostensiblemente la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera, agravando la situación:

Sólo por respirar, los humanos emitimos por persona y cada día unos 1.140 gramos de CO2 si comemos lo normal y seguimos la dieta media de 2.800 kcal (más o menos...ya que la eficiencia calórica del carbono quemado depende también del tipo de alimento: grasas, proteínas o hidratos de carbono). La cantidad no es desdeñable. El CO2 emitido por día y por persona equivale a lo que emite un automóvil en un recorrido de unos 5 kilómetros. Ver: http://homepage.mac.com/uriarte/metabolismo.html


Para el 2005 se hablaba de una cifra de 6.500 millones de habitantes en la Tierra, creciendo de forma exponencial cada año, lo cual implica la generación de unas 7'410.000 toneladas de CO2/día, producto exclusivamente del intercambio gaseoso respiratorio.

El Protocolo de Kioto sobre el cambio climático, cuya pretensión es reducir en un 5% -en comparación con el año 1990- la emisión de ciertos gases nocivos durante el período que va de 2008 a 2012 se ha declarado insuficiente. Así, representantes de 123 países, integrantes de la O.M.E.E. han firmado un nuevo acuerdo que concierne a todos los habitantes del planeta y es de obligatorio cumplimiento. Una de las medidas es la proclamación del Día Mundial sin Respiración, cuya propuesta se ha hecho teniendo en cuenta los resultados positivos alcanzados por el Día sin carro.

La noticia ha ocasionado gran consternación ya que aparte de esta aparentemente absurda medida, existen otras mucho más drásticas que afectarían el normal desarrollo de las actividades humanas. Sin embargo, la O.M.E.E. ha sido enfática en cuanto a la aplicación de multas millonarias y castigos ejemplares para aquellos que no cumplan con las 24 horas de cese respiratorio. Con el fin de preparar a los seres humanos para la jornada anti-calentamiento global, la organización pondrá en circulación el Manual de Inspiración y espiración controlada, en el cual se expone el método más eficiente para llevar a cabo este propósito.

REFLEXIÓN

- Seamos críticos frente a lo que se nos presenta en los medios masivos de comunicación. Recordemos que están manipulados según intereses particulares de los dueños actuales del planeta.

- El aumento de la temperatura de la Tierra es un fenómeno real pero la información sobre las causas de este cambio que esgrimen los científicos y eminencias que son entrevistados o hacen programas o artículos sobre el tema, se presenta incompleta y por lo tanto, no es confiable.

- El hecho de que los seres humanos hayamos podido adaptarnos a la Tierra y vivir en ella -y destruirla impunemente- no significa que la Tierra tenga que detener su proceso evolutivo.

- Una buena parte de los compuestos que están llenando la atmósfera de gases de efecto invernadero provienen del suelo oceánico y ante esto nuestras campañas ecológicas son como paños de agua tibia.

- Esta no es la primera vez que sucede un fenómeno semejante en el planeta.

- Los ciudadanos corrientes somos los más temerosos por este daño ambiental que cada día parece agravarse. El aparato económico y político mientras tanto está preocupado por cómo manejar convenientemente esto en beneficio propio.

- Los grandes inversionistas y las empresas que generan mayor cantidad de contaminación tienen que asumir un verdadero compromiso para resarcir de alguna manera la agresión que han venido haciendo al suelo, a las aguas y a la atmósfera.

- Los consumidores, es decir, todos nosotros, tenemos un compromiso aún mayor. La superproducción debe su causa al aumento sostenido de la demanda. Si no hay consumo, no hay ventas y la producción se tiene que frenar. Ninguna empresa puede producir por tiempo indefinido para almacenar en bodega. Pero mientras prosigamos en este afán de tener, desechar y volver a tener, nuestra intención de recuperar el equilibrio ambiental se queda sin bases.

- La tierra puede albergar lo menos a 15.000 millones de seres humanos y puede también alimentarlos. Nos hemos dejado convencer de que no hay suficiente espacio para poseer una vivienda digna ni comida para sobrevivir. Lo cierto es que una gran área terrestre está deshabitada y otras zonas están densamente pobladas, resultando esto en problemas de tipo social y económico.

- Todo tiene solución. Nos adaptaremos a respirar un aire enrarecido, a consumir agua venenosa, a llenar los requerimientos fisiológicos con alimentos sin nutrientes; quizás nuestra piel se achicharre pero futuras generaciones vendrán con un pellejo más resistente. En últimas, se extinguirá la especie humana. La cosa no es tan grave.

- Evalúemos lo que realmente está en nuestras manos hacer. Cada pequeña contribución se vuelve grande al sumarla a las demás. Es el Poder de la masa. Redefinamos qué es lo necesario, lo importante y lo urgente.

- Seamos más escépticos: escuchemos, veamos, analicemos y concluyamos. Pensemos.

- Recordemos los resultados del miedo. El terrorismo psicológico es la nueva arma. Es lo que nos hace sentir insignificantes e impotentes. Desafiemos el miedo con la convicción de que la situación actual es transitoria. De cada uno de nosotros depende el cambio y el futuro.




Ver este link que he encontrado mientras investigaba. Ya la propuesta había sido hecha y aquí se puede conocer su contenido.

* O.M.E.E.: Organización Mundial de Especulaciones Escatológicas

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