Tengo unas ganas horribles de dejarlo todo tirado y salir corriendo. ¿¡Pero qué digo!? Durante los últimos 12.350 días de mi vida no he hecho otra cosa más que correr. Salí de las entrañas de la tierra como una flecha disparada desde un misterioso arco subterráneo; como un chorro de lava incontenible que escupe con furia el iracundo volcán.
Mi madre me retuvo en su vientre nueve meses, pero no más aspirar la primera bocanada de aire, mi primer impulso fue correr. Tuve que esperar, sin embargo, otros once penosos meses hasta que el esqueleto de mis piernas fue lo suficientemente firme como para sostener mi peso y emprender la marcha. Después ya nunca me dejé cargar y si alguna vez hubo quien lograra contenerme en esta carrera agotadora, fue sólo durante las breves pausas del amor.
Nunca he sabido si tengo un destino y nunca he tenido claro hacia dónde me dirijo; sólo sé que me es tan vital correr como respirar. Guardo en mi memoria apenas tres palabras contundentes pronunciadas por el temible Arquero: ¡Ve y corre! Fue una orden tajante, sin derecho a réplicas y sin tiempo para pedir explicación alguna.
Por eso corro y corro sin detenerme, a veces rápido y otras más despacio, pero siempre hacia adelante y sin mirar atrás.

Madame Rosa
11 abr 2010 | 06:46 PM
Cual Forrest Gump...pero igual, no te detengas... sobre todo si no vale la pena.
Saludos