Una tarde en que me hallaba, como de costumbre, sola, y extrañamente triste por una pena no compartida, tomé de encima del escritorio las llaves de la casa, un par de monedas y salí a la calle. Pasé por la tienda más cercana, compré un cigarrillo y mientras fumaba y caminaba sin rumbo, iba rumiando calladamente mis dolores.
Recordé entonces que una amiga solía mojar con saliva el extremo esponjoso del cigarro y, después de la última calada, leía las marcas oscuras que dejaba el paso del humo por el apretado filtro. Según ella, allí aparecían dibujados signos e incluso letras, que correspondían a mensajes premonitorios y a las iniciales de los nombres de las personas que la estaban pensando en ese preciso momento. Con la punta de la lengua y sin sacarme el cigarro de la boca, mojé levemente el filtro en la esperanza de descubrir una letra, cualquiera, que me trajera el consuelo de algún conocido que se hubiera dignado recordarme. Pero cuál no sería mi sorpresa cuando, diez o doce pasos más adelante, al observar con detenimiento las marcas del humo, encontré una figurita que revelaba de manera nítida un árbol y, colgando de una de sus ramas, la silueta oscilante de un ahorcado.

Bérnicus
13 feb 2010 | 04:07 AM
Te lo digo de veras, mi dulce y lejana Dama de Ultramar, ¡empiezas a preocuparme!
vtooto
13 feb 2010 | 11:53 PM
bonito. cortico. cortico. bonito. antes. después. nunca. :)
Lufe
14 feb 2010 | 01:15 AM
Bernicus, no te preocupes... el barco está aparentemente bajo control. Todavía me quedan muchos errores por cometer y mucha gente por fastidiar.
Vtoto, conejito cochinito cambia de patita, Ya te imaginarás cuál es la amiga supersticiosa que me contagió: K. jejejeje a ella un saludo por ese recurso fallido en mi caso