Por lo menos 40 economistas conforman la cuota profesional más representativa del cerebro central del DANE y son quienes se encargan año tras año de dar a conocer la información estadística que revela el estado del país; información a partir de la cual se toman importantes decisiones en lo referente al desarrollo socio-económico proyectado a futuro. Y aunque hay profesionales de otras áreas, además de técnicos y tecnólogos -sin contar la nómina de empleados necesarios para llenar el estándar burocrático de rigor- hago énfasis en dicha área ya que según parece la teoría económica y la vida real tienen lugar en mundos muy diferentes.

Para empezar, la morbosa confianza que se tiene en las cifras puede degenerar en peligrosa superchería. Por otro lado, acatando directrices de la Presidencia de la República, los eficientes funcionarios del DANE se han hecho verdaderos expertos en el arte de la cosmética.

En nuestro querido país -tan lleno de recursos pero tan necesitado de buenos administradores- se gasta anualmente una cantidad nada despreciable de dinero en encuestas y estudios para calcular índices que llevan a conclusiones que hasta un niño de escuela podría sacar, visto lo que tiene que vivir diariamente en su propia casa. Pero como los niños no tienen título en economía ni ciencias políticas su juicio es irrelevante. Para eso se tiene una Misión de Expertos que cobra un montón de dinero por decir lo que todo el mundo sabe. Se pasa por alto que la pobreza no necesita informes de tropecientas hojas, ni grafiquitos de barras de Excel, ni presentaciones en Power Point, para mostrar su impacto. Se la ve diariamente en las calles, en los hogares, en las escuelas. Es de comprender que como los funcionarios del DANE y del DNP se la pasan enclaustrados en sus oficinas frente a una pantalla y amurallados por cajas llenas de papeles, se les hace difícil conocer la realidad.

Sin ir tan lejos, con una regla de tres muy sencilla, se puede determinar la calidad de vida de la población colombiana. En promedio -y por lo bajo- un hogar consta de 4 miembros. De estos, por lo general sólo uno trabaja y devenga un sueldo mínimo: $496.900/mes (este valor se definió con base en la inflación causada en 2008, que según el DANE fue del 7,67%: estos son los valiosos aportes del DANE al desarrollo del país). Si dividimos este valor entre 4 nos da $124.225 por cabeza, para un diario de $4.140,83 con los que se cubre la supervivencia -techo, comida, vestido-, la educación y la salud de cada uno ¿?. Según el ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga,  "el incremento del salario mínimo es justo y cumple con todas las normas". No sabemos muy bien su personal definición de justicia ni a qué normas hace referencia, pero frente a esta suma irrisoria no es muy desatinado pensar que el Gobierno se ha empeñado en acabar con la pobreza para sumir al país en la completa miseria.

Nuevamente según cálculos del DANE, para 2008 había más de 20 millones de pobres y alrededor de 8 millones de indigentes: esto suma más de la mitad de la población colombiana. Cabe aclarar que hay un misterioso vacío de información para los años 2006 y 2007, es decir que los funcionarios del DANE y el DNP se robaron dos años de sueldo. Para agravar el asunto, la Misión de expertos tuvo que hacer unos pequeños ajustes a sus criterios de clasificación de modo que los resultados son poco fiables. Si bien es cierto que la matemática es una ciencia exacta también lo es que el papel aguanta todo. Era de esperar que este informe tuviera que ser maquillado cuando nos encontramos a puertas de la aprobación del referendo reeleccionista. Y era de esperar también que el director del DNP, vocero del Gobierno, se mostrara satisfecho con los resultados en lo referente a la pobreza diciendo "que son buenos". De pronto para él son buenos y también para el Gobierno: la creciente desigualdad socio-económica genera más violencia y la violencia es la mejor justificación que tiene el Gobierno para invertir en la guerra.