una mujer.

Puede ser ella misma y, de hecho, generalmente es ella su primer terrible enemiga. Tirana autodestructiva, autocríticona, autodiscriminadora.

Pero si ello pareciera ser insuficiente siempre habrá otras mujeres encargadas de hacer -a través de la acción o mediante algo que pudiera ser considerado un no-acto- su vida más difícil.

Antes pensaba que era un mito la camaradería masculina en los diferentes ambientes: trabajo, deporte, juego, amor, sexo.... pero me doy cuenta de que la rivalidad entre ellos siempre tiene un carácter lúdico y un fin muy claro: proteger su propio género y ganar reconocimiento.

Antes creía que era un mito la envidia entre las mujeres y que esa falta de solidaridad era visible solamente bajo ciertas circunstancias o en ciertos medios... pero no, el mito obedece a una realidad desgraciada: entre mujeres hay una estúpida rivalidad y no se debe al deseo de ganar pues a veces lo importante es que la otra no gane, así la interesada tampoco lo haga. No existe eso llamado complicidad sino entre las denominadas "viejas e inseparables amigas" (las que se cuentan todo en detalle porque se conocen hace marras y que corren el riesgo de que les saquen un día los trapos al sol).

La cosa podría resumirse como sigue:

  • Si yo comí mierda, tú también comerás
  • Jódete perra!
  • Si yo no, tú tampoco
  • De malas!
  • Para que aprenda!
  • Pues busque a ver si encuentra
  • Vea a ver cómo se las arregla

Y estando así la cosa, siendo plenamente consciente de que en este mundo y en este momento de mi vida no existe en cientos de kilómetros a la redonda ese raro fenómeno llamado amistad me declaro acorazada, dispuesta a hacer lo necesario para seguir respirando, cumplir mis deberes, hacer el menor daño posible y refugiarme en mis antiguos hábitos asociales.

He dicho.