Voy a escribir mis primeras impresiones con respecto a Venezuela, su gente y geografía antes de que todo se me haga común.
En frontera Colombo-venezolana, Cúcuta, ya se nota algo raro. Primero, es normal hablar de bolos (bolívares) y ver circular personas del vecino país. En el terminal de buses hay que cambiar dinero para tener con qué moverse al otro lado. El cambio fluctúa cada día. Pasar de Cúcuta a San Antonio de Táchira dura su media hora, teniendo en cuenta que hay que sellar pasaporte a este y al otro lado de la frontera.
En el aeropuerto de San Antonio me dio la impresión de que todos los hombres se parecían a Chávez. Gordos, cuerpos de espalda estrecha y abdomen ancho, brazos cortos, barrigones, ojos achinados. Todos hablaban rápido y a alto volumen.
El viaje a Caracas tardó hora y cuarto. Era mi segunda vez en avión pero debo reconocer que la primera no fue tan... elegante.
En semana y media que llevo aquí me he dado cuenta de que la gente tiene costumbres como hablar rápido y alto; a pesar de que hablo despacio y vocalizo bien, no me entienden. Y reconocen a los colombianos sólo viéndoles la cara. Comen muchos enlatados, charcutería, helados, dulces y comida chatarra. Hay mucha más gente obesa que en Colombia, de ese tipo de obesidad en al cual se crece desmesuradamente.
En Maracay hace calor, pero pasé tres días en Puerto Ordaz y allí es peor. Mucha gente tiene coche y en realidad no existe algo como el transporte urbano. Muchas personas ponen un letrerito en el parabrisas de su coche y se vuelven taxis automáticamente. Tanquear un automóvil cuesta menos de un Bolívar fuerte (algo así como $600 o 1/3 de dólar!!!!). Debido a las restricciones en las importaciones se encuentra poca variedad de productos de consumo básico: aceite, chocolate (no he encontrado más que una marca de lujo), granos como fríjoles, lentejas, etc.).
Gran parte de Venezuela es despoblado, la gente se concentra en la zona costera. El relieve predominante es la llanura, aun cuando hay partes de la cordillera de los Andes también. En Puerto Ordaz hay paisajes muy hermosos, carreteras largas, rectas e interminables: uno de mis sueños era saber lo que se sentía ir por una vía en medio del llano donde parece que no avanzas y el camino permanece quieto frente a tus ojos.
He ido a dos centros comerciales en Maracay. La primera vez me aterraron los maniquíes femeninos: casi todos mujeres altas con un pecho descomunal pero no de ese tipo de seno redondo y parado sino como de mujer que amamanta: totalmente ordinario en mi concepto. El plan es ir a vitrinear y comprar. Aquí las mujeres son muy vanidosas y les gustan las cosas grandes: bolsos, collares, aretes... y maridos. Se arreglan mucho. El tipo de hombre suele ser trigueño, gordito, de ojos pequeños, culón. El tipo de hombre que no me gusta. Por tanto, no corro riesgo de enamorarme aquí jejejeje...
El buen pan brilla por su ausencia. Mi desayuno y cena es pan y aquí no sé que ingrediente le agregan pero parece un caucho por lo cual no me gusta. Cuando voy al mercado me toca hacer cuentas mentalmente porque se supone que debo dividir por dos los precios para saber su equivalencia en pesos y saber si es caro o no. Por otro lado, las marcas de las comidas son casi todas desconocidas y confío poco en nombres nuevos.
Por fortuna vivo en un buen sector de la ciudad, aquí hasta carro tenemos aunque sólo una de las chicas sabe conducir. A ver si me pongo pilas a aprender si bien es cierto que otra cosa que destaca a los venezolanos es que no respetan las señales de tránsito lo cual es altamente peligroso para una novata.
Ah, y no podía olvidarme de algo muy importante: para todo se hacen colas interminables. La atención no es muy buena, no te empacan las cosas en el supermercado y siempre hay que pagar el parking dentro del centro comercial -más colas.
Dos cosas muy buenas, es decir, excelentes: tengo playa a dos horas de casa y excelentes vinos importados a precios irrisorios. Ya se imaginarán cuáles van a ser mis entretenciones en esta nueva vida.
Abraxos y saludos a tod@s.

que gusto saber de ti nuevamente.
Es curioso como todo lo describes como si en algun lugar hubiera un molde de donde hubiera salido: hombres, mujeres, costumbres.
Eso de que los autos particulares se vuelvan taxis como por arte de magia aca seria como si hubieran encarnado todos los males posibles: que si asaltos, que si robos, que si secuestros, que hay que ponerles un limite, que hay que cazarlos como si fueran bestias rabiosas...creo que los mexicanos nos estamos volviendo locos de tanta sicosos.
Eso de que todos los hombres se parecen a hugo chavez es tan sorprendente como las caricaturas de Goofy, en que el unico personaje que se repite mil veces es Goofy.
Espero que en Mexino no todos los hombres nos parezcamos a Calderon. Al menos yo tengo mucho pelo, no como el, que es medio calvo y borracho.
la misma pregunta que le hago a todos los colombianos como tu, ¿para que vienen si este pais no sirve? segun ustedes claro.