El asunto de las causas

Premisa: Las mejores intenciones no garantizan los mejores resultados.

Si es cierto que el valor de la vida de un ser humano se mide por los resultados de sus obras, hemos de decir que en realidad hay muy pocas vidas que se puedan considerar valiosas, si es que hay alguna. Las buenas causas adolecen de un defecto que les es inherente. Trátase del hecho de que pueden y son efectivamente desvirtuadas apenas salen de la mente del gestor. Por eso siento siempre desconfianza de esos ideales, movimientos, asociaciones y grupos que empiezan a tener demasiada aceptación entre la gente. Ya ahí algo no debido tuvo que haber pasado. El gestor, aunque sea considerado el líder, no puede controlar lo que hacen los seguidores.

Lo de la narco-para-vudú-política

Premisa: Ya no basta ser simplemente político. Hay que agregar algún sonoro prefijo

En este mi querido país, Locombia, puede pasar cualquier cosa. Y ya nadie se asombra, es lo sorprendente. Osease, lo realmente extraño sería que alguien se sorprendiera. Después de ser presididos por cierto personaje que resultó untado de polvo blanco, sobre todo en sus espaldas -más de malas que se dejó pillar... que todos sabemos que no es el primero y no fue el último-, y que este hecho pasara impunemente a la lista de actos ilegales por parte de un representante de los intereses de la nación aderezados con mucha tinta y sensacionalismo y ningun tipo de castigo, todo puede ser aceptado como normal. Que los que ante las cámaras de televisión y en los medios escritos salen como defensores a capa y espada de las causas más nobles, en pro del bien de las personas y del país, aquellos que se declaran enemigos acérrimos de ciertos terribles fenómenos como la guerrilla, el narcotráfico, el paramilitarismo y demás, resulten después involucrados con individuos de dudosa reputación y aun más, inmiscuidos hasta los huevos en actividades ilicitas, es ya cosa corriente en este mi querido país. Y normal es también que los pillos paguen un buen abogado y salgan antes con indemnización por daños al buen nombre.

No hay quinto malo... ¿pero tercero!?

Premisa: No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que no se cure

Hay quienes están preocupados porque tal parece que nuestro carismático Presidente quiere sentarse por otros cuatro años en el trono. Ya hay encuestadores recolectando firmas para poder agregarle otro artículo a la Constitución de Colombia. Que vamos a terminar con monarquía si seguimos a este ritmo. Otros tantos están muy felices: satisfechos con la labor del Jefe de Estado, de sus gestiones a nivel internacional, de su notorio interés y presencia en los momentos críticos del país (el tipo siempre llega donde hay desastres, donde hay injusticias, responde toooooooooodas las cartas que le mandan los colombianos pidiendo ayuda o dando quejas: es un buen papá).

Lo malo de nuestro actual presidente es que tooooooodo el mundo ha escuchado el cuento de que tiene algo que ver con los paras. Eso no me consta ni es mi asunto. Pero se han destapado ya unas cuantas ollas con contenidos no muy gratos. Si la cosa sigue así los llamados uribistas van a tener que aceptar públicamente que aunque fuera verdad no les importa, que al fin y al cabo, los grandes hombres se miden por los resultados de sus obras. Lo que no se sabe es qué resultados traerá a largo plazo este proceso de uribización del país.

Por otro lado, y es algo que puede sonar supersticioso, afirmación tal que hago sin conocimiento de causa porque poco me entero de las noticias -ya que desconfío plenamente de todo lo que en éstas se dice- ni me interesan esos temas, para mí el titerillo que esté de Presidente es lo de menos: no lo eligen los colombianos, eso es seguro. No es autónomo, eso es seguro. Quizás lo pone el presidente de Estados Unidos -ya se ve que como sea, nuestro Presidente siempre aspira a estar en buenos términos con el susodicho-. Pero también es sabido que al presidente de los Estados Unidos lo escoge alguien más. Tampoco es autónomo, teniendo además sus intereses particulares al tomar ciertas decisiones y forzar a otros a tomar ciertas decisiones.

En fin, no hablo más del tema porque esto ya es disco rayado. Sólo agrego: no se preocupen los colombianos, si sigue Uribe o si no, el resultado será el mismo. Colombia es un país esclavo todavía. Nuestra forma de gobierno es un remedo de democracia, un contentillo de participación socio-política. Entonces tendrá que pasar algo realmente estruendoso; di tú, que lleguen los extraterrestres, que haya un tsunami mundial o que suceda la Segunda Venida de Cristo para que acontezca un verdadero cambio.