Entre el aquí para allá de la U, la visita de mi amigo F. que duró cuatro días conmigo y acontecimientos posteriores que les contaré a continuación, me faltaba un ratiquín para organizar ideas, percepciones, sentimientos y proyectos.
Desde este 18 de abril empezó una cuenta regresiva que culmina el 13 de junio. Estoy a punto de nacer al resto de mi vida. A mis amig@s les he dicho siempre que aparte los logros propios con respecto a la formación académica y humana que son posibles en un ambiente universitario (y en cualquier ambiente si realmente te lo propones), mi gran meta fue siempre demostrarme que soy capaz y que todos mis sueños son posibles. Si pude alcanzar este objetivo puedo alcanzar cualquier cosa. Ese es mi lema. Entenderán que tantos años llevando el mismo traje, ya un poco raído y a veces penosamente amado, entregan su mejor fruto cuando ves que puedes quitártelo, que era sólo otro disfraz temporal pero que la esencia de su bello tejido ha pasado a constituir parte de tu ser: algo que es tuyo para siempre, aquello que te ayudará a crecer y andar por el mundo.
Puse las fotos del paseo al Cañón del Chicamocha, una experiencia que quería vivir, que estoy dispuesta a repetir y que tuve la satisfacción de disfrutar en la mejor compañía. Lo que no les había contado es lo que significaron los cuatro días de amistosa convivencia. Mi amigo F., a quien conozco hace lo menos 20 años, creció en Villavicencio, en el mismo barrio que yo. Tiene su propia historia de auto-superación y es una persona excelente de quien todos los niños de la cuadra aprendimos bastante.
Hace mucho rato no compartía mi espacio. Me doy cuenta de que convivir es un arte. Hay personas que me dicen que si un@ se acostumbra a estar en soledad mucho tiempo después se le dificulta estar acompaña@. Poseo insuficientes argumentos para comparar e inclinarme por una u otra posición -llevo 12 años fuera de la casa familiar y aproximadamente 6 años viviendo casi sola- pero voy a dar mi humilde opinión.
Cuatro días es poco tiempo, dirán algunos. Una corta visita, considerando además que con mi amigo estamos conectados por asuntos que van más allá de la cotidianidad, que somos afines en nuestra forma de concebir la vida y el mundo, que además es todo un caballero y una persona prudente. Y sin embargo... no se trata sólo del espacio físico. Es el tiempo, es el aire que se respira, es esa necesidad de estar a solas y en silencio, de estar contigo y aún ausente de ti, de hacer las cosas sin tener que ponerlas en consideración de un tercero. De pensar por y para ti mism@. Para la muestra, lo siguiente. La mañana de un lunes debía ir a la universidad a entregar la tesis en formato PDF y tomar unas fotos de las joyas con el director de proyecto. Invité a F. quien me acompañó, me ayudó, me esperó. Tenía que volver en la tarde porque lo que había que entregar a biblioteca no estaba listo aún. No sabía cuánto tiempo me iba a tardar terminando lo pendiente. Llevaba tres días -72 horas, 4.320 minutos, 259.200 segundos- SIEMPRE ACOMPAÑADA!! Y estaba a punto de colapsar. Me faltaba aire, me sentía apretada en la cama -sí, tal vez una cama doble hubiera solucionado en parte el asunto-, quería escapar, volar por la ventana. Fuimos a almorzar a un restaurante vegetariano que queda cerca, volvimos a casa y mientras él hacia la siesta me puse a arreglar la hoja de presentación del proyecto. Sentada al PC pensaba cómo le decía que quería ir sola sin que sonara odioso. La cosa fue más fácil de lo esperado. Simplemente cuando despertó yo ya estaba lista, le dije que no sabía cuánto tiempo me iba a demorar y que si así lo quería podía o no acompañarme. Que si decidía quedarse en casa, tenía internet a su disposición y las llaves por si acaso. Aceptó en el acto y me dijo que había pensado lo mismo. Al final de la tarde, cuando regresé, le comenté lo que me pasaba y le aclaré que si percibía algún signo de intolerancia por mi parte no se lo tomara personal. Me dijo que entendía, que era consciente de la situación y que estuviera tranquila. El martes estuvimos todo el día de paseo y el miércoles nos despedimos deseándonos, como siempre, lo mejor.
Luego vino otra prueba de fuego. Desde enero del año pasado no iba a visitar a mi familia y en esa ocasión fue en plan de trabajo, es decir, con el tiempo contado. Los extrañaba, quería ver a mis sobrinos que de repente sentía que podían igualarme en estatura y ser incapaces de reconocerme. Quería saber que mi familia estaba bien, compartir el éxito en mis estudios con ellos -tan suyo como mío-, pasar unos días tranquilos antes de retomar actividades e ir a caminar por el barrio a esos lugares donde crecí y que de tantas maneras marcaron mi vida. Salí de aquí el viernes 23 de mayo, sobre las 6 de la tarde y llegué a casa de mis padres el sábado pasadas las 7am.
Mi estadía en Villavo fue... extraña. Para empezar, me recibió un día fresco de cielo encapotado por lo cual mi previsión de llevar ropa de verano no fue muy útil. En segundo lugar, la bienvenida fue con temblor a bordo. Un sismo de 5.5 en la escala de Richter en un pueblo cercano -Puente Quetame- nos sacudió a las 2:20pm., mientras dormía un libro cómodamente acostada. Acostumbrada a los temblores, que son cosa corriente en Bucara, me hubiera quedado en la cama si no fuera porque vi a mi pa tan asustado que se hizo necesario salir a la calle. Este sismo fue causante de malas noticias durante toda la semana pues, agravado con réplicas y otros temblores más, aparte la lluvia constante -llovió los diez días que me quedé-, fue razón para que muchas familias perdieran su casa y algunos también a sus seres queridos. El temblor causó derrumbes en la vía Bogotá a Villavicencio y empecé a temer no poder regresar a tiempo para hacer las diligencias de graduación. La vía duró varios días cerrada y los demás, sólo la abrían sin previo aviso algunas horas y luego, gracias a la lluvia, nuevos derrumbes obligaban a otro cierre por tiempo indefinido.
De una cosa más tuve que enterarme, nada más ver a mi pa. Unas semanas antes, sobre la fecha de entrega de la tesis, mi ma me había comentado vía telefónica que él había estado enfermo. Al preguntarle no me dijo de qué. Sólo que había estado 15 días malo pero que ya estaba mejor. Supuse que era alguna gripa o el dolor de la columna y me tranquilicé creyendo que si fuera algo grave me lo habrían dicho. Pero no. ¿Hasta dónde llega el amor de la familia? Es algo que muchos no alcanzamos a imaginar. Cuando crucé el umbral de mi casa, mi pa me recibió sin camisa, como es su costumbre andar recién bañado y al hacer aseo. Al verle el vientre, menos prominente que la última vez, descubrí dos cicatrices: una de lo menos 12 centímetros y otra un poco más arriba de unos dos centímetros. Lo abracé, tratando de ocultar mi sorpresa, mi temor, mi dolor... mi pa había estado enfermo, mucho, lo habían operado y habían decidido ocultármelo teniendo en cuenta que estaba pasando por un momento de gran presión por lo de la universidad. Mi madre, mi padre y mis hermanos pasaron solos todas las angustias únicamente para que yo pudiera estar concentrada en el proyecto. Me sentí como que soy grandemente afortunada: hay amor en mi familia y solidaridad. Estamos unidos en la distancia; tomamos distintas rutas pero compartimos el mismo destino. En esos diez días pude ver muchas cosas. Parecíamos todos diferentes: edades, experiencias, sueños, filosofías... pero con distintas palabras expresamos lo mismo. Comprendí que ellos, al igual que todas las personas que se han cruzado conmigo, han sido colocados estratégicamente en mi camino y yo en el suyo. Antes sentía que no me identificaba en nada con ellos, que había tenido que renunciar a mi deseo de unidad con mi familia. Pensaba que eran más los puntos divergentes que los comunes. Me había dejado engañar por la apariencia de las cosas...
En medio de las vicisitudes de la vida cotidiana, de las inquietudes y angustias de cada uno; mientras llenábamos un enorme crucigrama y nos reíamos de las respuestas ocurrentes; al compartir el tinto con pan de la mañana; durante las visitas de mi hermano, el negro, con su contagioso sentido del humor y el amor por su esposa y sus dos hijas; al abrazar de nuevo a mi hermana quien ha recobrado fuerzas y asumido su separación de una manera más positiva; al enseñarle a mi sobrina a usar el tamagotchi que le regalé y ayudarle a hacer las tareas; en la caminata que hicimos con mi hermano menor por la montaña, hablando de la vida y sus misterios... me encontré con la chica que fui y con la mujer que soy.
En eso se pasaron diez días, mojados de lluvia, con madrugadas sentada frente a la reja de la calle mirando los pajaritos que llegaban a buscar comida en el jardín quienes con su vuelo silencioso se compadecían de mi atadura a esta cárcel terrestre, escuchando a mi ma contar las historias tristes y violentas del pueblo de su juventud, viendo nuevamente las noticias y decidiendo nuevamente no volver a verlas, leyendo sobre literatura e historia, re-inventando éste, mi querido país, que aun participa inconsciente en una absurda obra de teatro que hace rato se quedó sin escenario y sin espectadores...

Me recuerda mucho lo que cuentas a las visitas anuales, casi litúrgicas, a la casa de mis abuelos en el pueblo, donde vive mi madre sola casi todo el año. Siempre en esos días, quizás por el vacío de las horas muertas, suelo reflexionar más sobre mí mismo, sobre mi vida y mis circunstancias, y también sobre mi familia y las suyas, más que el resto del año junto y entero. Solo espero que después de tanto pensar hayas llegado a alguna conclusión...
Y por cierto, pillina ¿Que es eso de compartir cama individua? ¿Es que en Locombia no conocéis las magníficas King Size?
Conclusiones muchas que a la fecha me encuentro organizando y que me están llevando a reconsiderar mis proyectos y mi forma de entender este aparente caos del mundo -y de mi propia vida-.
Esta pillina duerme aún en cama de soltera y me he prometido que esto durará a lo mucho otros 9 meses XD
Saludos :)
amiga
cuando entrè y vi lo largo del post pense en hacerme la loca y no leerlo, pero comence a leer y adivine? cuando me di cuenta ya habia llegado al final
con el ojo aguado por cierto.
lamento mucho lo de la enfermedad de su pa y espero que estè realmente mejor. y me gusto saber que la pasó bien.. con temblores y todo.
en cuanto a lo de compartir el espacio sepa que a todos nos pasa, lo que sucede es que algunas personas son mas siceras que otras y usted es capaz de admitirlo.
buenasssss.... como escribes, fenomenal. aunque no escriba entro muy amenudo.
un saludo desde españa.