"Todo debería ser comer y aparearse e intentar frecuentemente aparearse"

Algo no muy bueno pasa a la vez que estás bajo un techo que te protege, tienes la panza llena, un cuerpo que responde favorablemente a pesar de tus constantes excesos, algun@ que otr@ amig@ que te tolera y hasta te quiere y quizás, aun cuando no aplica para tod@s, una persona que ha decidido que eres el mejor individuo con el cual puede compartir su vida de pareja... y sin embargo... no te sientes feliz.

Algo sospechoso sucede ya que además de todo lo que disfrutas, te empeñas en que necesitas otro montón de cosas para "ser feliz": dinero, casa, carro, títulos, honores... aparte, un móvil de última tecnología, un teatro en casa, un picatodo, una nevera de dos cuerpos, tetas de silicona, ropa de marca, un portátil, televisión por cable, internet, zapatos y bolsos que combinen con todas tus prendas, una vida social de categoría, etc.

El ¿gran paso? de mono a hombre -la posición erguida, el sedentarismo y el trabajo*- nos condenó a buscar la felicidad. Antes bastaba llenar la tripa, defenderse de los depredadores y copular ¡Qué felicidad ni que ocho cuartos!! Gracias se podía dar de estar vivo... y no era precisamente a dios: era por mérito propio: luchas y sobrevives, te descuidas y pasas al papayo. No había que comprar casa: orinabas un terreno, ponías cara de malo y era tuyo... hasta que llegara otro más grandulón o te sacaran corriendo las inclemencias de la Naturaleza. No había que esclavizarse por pedazos de papel (parece mentira pero todos la sudamos por pinches pedazos de papel! Hasta dónde llega el absurdo en nuestra vida: la canjeamos por tinta y celulosa!!) para poder adquirir la comida: te trepabas al árbol o le clavabas la lanza al venado y ya está. No había que emperifollarse para ir de levante. Las hembras eran accesibles durante el celo y los machos siempre querían montarlas. Hoy día no hay tal período de celo. Renunciamos a nuestros ritmos naturales. La electricidad, la comida contaminada y los afanes, han ido desajustando en los humanos la función más elemental de toda especie.

La palabra aburrimiento seguro no se habría inventado -y es probable que ninguna palabra- (y de hecho, no creo que exista tal cosa en el reino animal: sino a percatarnos de lo cómodo que puede dormir un gato todo el día después de haber saciado el apetito o como se divierte el perrito jugando con su propia cola). Tampoco la palabra estrés, ni mucho menos se formularían preguntas tan estúpidas como ¿Cuál es el sentido de la vida? Sólo nosotros, homo sclavus u homo addictus nos hemos visto abocados a cuestiones metafísicas: como nuestra forma de vivir es tan absurda, suponemos que debe haber algún ingrediente misterioso que desconocemos y que es lo que nos hace falta para llenar este eterno vacío (siempre buscando afuera lo que ya viene con nosotros).

Ahora veo: nos hace falta el peligro real. Esta angustia que se anuda en el pescuezo nos mata de a poquitos. Vivimos con peligros artificiales encima y esto los hace insoportables: ¿Cómo te defiendes de algo que no ves, que no tiene cuerpo? Acechan las deudas, los problemas en el trabajo, la posibilidad de perder el empleo o de no encontrar uno, el robo, el accidente, el ruido, el humo, la posibilidad de tener cáncer, contraer sida, la frustración, el insomnio, la falta de tiempo... todo nos acecha pero nada nos mata.

* Nota: antes de que existiera el trabajo, ya existía la actividad. Podía ser igualmente benéfica desde el punto de vista social y personal. También traía resultados. Podía programarse: había que vivir y por tanto, hacer. Pero el trabajo es otra cosa. Es ponerle precio a tus manos, a tu cerebro, a tu energía vital y a tu tiempo. Es vender tu vida. El trabajo por su sola connotación es sufrimiento. En su origen se aplicaba a toda actividad que causara dolor físico. Ahora el cuerpo no nos duele por el trabajo. Nos duele porque estamos en el límite de nuestra resistencia emocional y el dolor es la única forma en que puede dar a conocer el desequilibrio que nos aqueja.

Seamos optimistas: Podría ser peor.