La teoría triárquica de la inteligencia, desarrollada por Robert J. Sternberg dice lo siguiente (textual de wikipedia): "la inteligencia es la actividad mental dirigida con el propósito de adaptación a, selección de o conformación de, entornos del mundo real relevantes en la vida de uno mismo”. Para entender mejor estas tres funciones, Sternberg las subdivide en:

  1. Subteoría componencial o capacidad analítica: permite separar problemas y ver soluciones no evidentes. Desafortunadamente, los individuos con sólo este tipo de capacidad no son tan aptos creando ideas nuevas por sí mismos.
  2. Subteoría experiencial o capacidad sintética: se ve en la creatividad, la intuición y el estudio de las artes. Personas con capacidad sintética a menudo no muestran un cociente intelectual muy alto porque no hay actualmente ninguna prueba que pueda medir suficientemente estas cualidades, pero la capacidad sintética es útil en crear nuevas ideas para resolver nuevos problemas.
  3. Subteoría práctica o contextual: se ocupa de la actividad mental implicada en conseguir ajuste al contexto.

Algunos afortunados presentan un buen nivel en los tres aspectos, pero la inmensa mayoría contamos con apenas una fortaleza. Esto explica por qué somos muy buenos para ciertas tareas pero para otras somos malos o cuasi-pésimos (negados, dicen algunos).

¿Cómo hace un@ para saber cuál es su fortaleza? Parece que pocos se preocupan por este asunto y lo gracioso es que, en cierto modo, nuestra satisfacción y realización personal depende de ello.

Hoy me ayudaron a comprender que hay cosas para las que soy buena... y otras para las que no tanto. Me di cuenta (y quizás los que han leído mis artículos de antaño, mucho más elaborados, lo habrán notado también) de que la capacidad analítica es mi fuerte. Puedo tomar cualquier cosa, dividirla y subdividirla hasta reducirla a polvo. (Aquí me río: he optado por ver esto como si ya hubiera pasado un año y, por tanto, su gravedad se hubiera reducido a un capítulo más, hilarante y estúpido). Agrego, para mayor claridad, que soy especialista en DESCUBRIR Y ESTRUCTURAR PROBLEMAS, aún allí donde quizás no los haya -y si me lo propongo, hasta puedo crear nuevos jejejeje-. Ya lo de ver soluciones no evidentes menmmmm, pues hallo relaciones absurdas entre hechos inconexos. Supongo que vale.

Si alguien necesitara que un desalmado crítico encontrara todos los errores, fallas, dificultades posibles en una idea, concepto o proyecto, yo podría hacerlo. Con la mayor objetividad y perfectamente argumentado, eso sí. Sería buena para corregir libros. Me he sorprendido in fraganti leyendo y usando mentalmente corrector para ajustar ortografía, puntuación y redacción. ¡Y yo despotricando de la Palabra! ¡Si está visto que es lo único que manejo con cierta facilidad y alegría!

Una cosa muy otra sería tratar de inventarme algo con los fragmentos conseguidos. Es decir, volver a integrar las partes y obtener algo... útil. Dudoso. Lo intento, es verdad. Pero de innovación, más bien poco.

Lo mío es desarmar; para mí todo es importante, quiero siempre verlo y saberlo todo. En el colegio, cuando me enfrentaba a un examen final, leía, hacía diagramas, resumen, resumen del resumen, resumen del resumen del resumen y finalmente lo reducía a la copialina, que nunca usaba porque de tanto resumir ya me lo había aprendido. Soy especialista en crear método. Lo hago con todo: inconscientemente evalúo la tarea, determino pasos y después puedo iterar hasta el infinito con la mayor rapidez.

Para cada cosa necesito una denominación; si no existe, me la invento (por ahí me enteré de que es un síntoma innegable de degeneración formular nuevas palabras ¿?). Ahora debo hallar una forma positiva de canalizar esto. Ya me cansé de empeñarme y despilfarrarme. Es hora de descubrir cuál es el mejor uso para mis recursos interiores.

Este artículo pretendía ser sintético. Definitivamente la síntesis no va conmigo.