Niño, bello niño de ojos tristes.... ¿qué pesares desconocidos navegan en tus ojos? ¿qué es aquello que buscas y aún no encuentras? ¡Oh, niño dulce! Esa primera vez que me regalaste una mirada, yo no sabía si amarte o abrazarte contra mi pecho para que lloraras... yo vi un dolor tranquilo y resignado... incomunicable... solitario.

Y luego, cuando me compartiste el fuego de tus ojos concentrados, la luz de tu mirada me trajo esos pasajes de novela donde el amante descubre de repente un halo de infinito en su amada, un asomo de magia y de conmovedora dulzura...

Niño, has escrito una nueva página en el libro de mi vida... el enigma de tu rostro puro, la tristeza oculta en la profundidad de tus pupilas y esa pasión inocente son como bellos acordes que resuenan en mi alma... ¡Oh, yo daría...! ¡Yo todo lo daría por sentir la caricia de esos, tus ojos tristes!