Nueve meses preparándome para esto y sin darme cuenta... a veces parece que el tiempo es insuficiente. Lo que no sabía es que me esperaban tantos regalos, de tantas fuentes. Haber ido sin expectativas fue un buen comienzo. Ahora entiendo los sueños de las últimas semanas: todo era señal y designio; cuando unes cabos sueltos y visualizas ese gran rompecabezas donde cada pieza tiene su sitio te da un poco de miedo. Es posible que estés perdiendo la cordura. Pero cuando ellos te hablan, cuando puedes verlos, el temor desaparece...

Ahora sé que siempre han estado conmigo y estos meses en que cambié de posición y decidí enfocar el mundo dejando a un lado mis ojos, mis defensas, me hallé muchas veces llorando sin razón o con razón, frente al teclado, en mi cama antes de entregarme al sueño, llorando por comprender ahora que la belleza y el amor están en ti y en cada cosa que te rodea: en cada persona, dentro de la cual palpitan la vida y los sueños, acariciados o perdidos, en el perro que atraviesa la calle luego de ver a lado y lado ¡Tanto se ha mezclado con los humanos!, en el trinar de las abuelitas al amanecer, en la lluvia que golpea con furia la ventana, en las largas noches de insomnio, en el cielo atravesado por los rayos luminosos del ocaso, en la montaña azul que a lo lejos invita al caminante.

Sentada en el suelo apisonado, en medio de la sala, al abrigo de las frescas paredes de barro, vi cuando él estiro su mano para ayudarme a cruzar. Yo asentí. Le dije un poco apenada que iba a dejar muchas cosas allí, que me iba a limpiar. Un caudal atravesó mi columna, dirigiéndose al centro de la tierra. Temblaba. Sabía que había empezado y que no iba a detenerse. Tenía un poco de miedo porque la experiencia puede ser demasiado fuerte: no sabes hasta dónde te va a llevar. Hice varias estaciones: la tierra fue mi guía. La roca me compartió su poder y fui una antena humana: mis piernas vibraban con fuerza y mis brazos extendidos al cielo recibían la luz. Yo sólo podía agradecer: por minutos que me parecieron interminables me sentí una con la Naturaleza, con la madre tierra, con el agua, con las plantas, con el aire... hice muchas preguntas y las respuestas me las dieron los elementos: me habló el pasto, los ojos de Mía y Misirrey, las lajas, el aullido del viento, el vaivén de los árboles, el golpeteo de las hojas en los guaduales... cuántas veces creí que necesitaba los ojos para ver, pero hay cosas tan fuertes que los ojos son incapaces de distinguir. Hay otros ojos dentro de nuestros ojos y otras manos duermen en las nuestras, esperando actuar cuando la mente se abre...

"-¿Y cree usted que seremos capaces de llegar hasta allá?"
"- Todo depende del ánimo."

Cita de Viaje a pie, de Fernando González


Agradecimientos a mi amigo Vag por su hospitalidad y por ofrecerme un espacio para crecer.