Quizás muchos no lo sepan pero una de las razones, entre otras, de mi ausencia durante los últimos meses es que estoy trabajando en la tesis de pregrado: el pasaporte a la libertad y el feliz inicio de mi vida productiva (que he producido mucho pero siempre demasiado poco!): es decir, llegó esa hora del "cuando sea grande y trabaje -en lo que me gusta" (aunque confieso que el estado ideal es no trabajar sino dedicarse enteramente al placer ).

El plazo es teóricamente hasta el 18 para entregar el libro y aunque quizás me den una semana más me propuse terminarlo para el 16: tengo los días marcados en un gran calendario argollado sobre el escritorio y pongo chulito para saber cuánto me falta. Así soy yo, un poco cuadriculada aunque prefiero decir que disciplinada -de repente puedes convertir un defecto en una cualidad sólo cambiando una palabra jejeje...

Ahora el asunto es que entre tantas cosas que me ha dado la ahuyama: formas, colores, texturas, principios de relación, etc. etc. me he devanado los sesos buscando un nombre para la colección de joyas y aún estoy en esas... ahora entiendo porque las personas humanas deciden el nombre de sus hijos con tanta anticipación. Algun@s hasta les tienen el nombre desde antes de tener pareja, ni siquiera capacidad física para engendrarlos; están segur@s de que llegarán un día y que sin nombre no se puede concebir.

La cosa es algo complicada: la ahuyama o Cucúrbita Máxima Duchesne, no suena muy delicada ni moderna ni fashion. Así es que tocará pedir una iluminación, un golpe intuitivo, una chispa o un porrazo revelador a ver qué se me ocurre.

Claro, el nombre y el libro son apenas la mitad del trabajo. Debo fabricar todas las piezas, armar las joyas, diseñar imagen de producto y montar una presentación impactante para la sustentación... mejor dicho, hay mucho por hacer...