Nota: es parte del proceso de madurar aceptar la edad y es necesario aclarar que, aun cuando parezca de 25, tengo algunos años más encima .

Bien dicen que "recordar es vivir" y si uno no recuerda algunas partes de su vida es como si éstas no hubieran existido (o lo que es lo mismo, que uno hubiera estado muerto ). Después de un tiempo algunas conversaciones, imágenes o sueños nos trasportan a momentos del remoto pasado, no todos felices, pero sí inolvidables.

Hace poco más de una semana, hablando con Vane, me comentó que alguien la apodaba Memín. Ella rió sonoramente pero cuando le dije del negrito aquél, pobre, gracioso y feo, su risa paró en seco. Y es que no tenía ni remota idea de quién era Memín Pinguín. Surgieron en mi mente, como un remolino, muchas imágenes y nombres. Y recordé que, siendo muy niña, los primeros textos al alcance de mi mano, aparte la consabida cartilla Nacho lee, eran justamente las revistas de cómics que compraba mi má sacando del dinero del mercado, y a manera de sueldo por servicios domésticos, una misérrima parte para darse quizás el único gusto que nuestra economía permitía. Recuerdo un par de cajas donde semanalmente eran depositadas las revistas: Memín no era el preferido de mi má; la colección la componían las historias de Adelita, Samurai, El fugitivo, Fuego, Kaliman y alguna que otra de Águila Solitaria y Condorito.

Para quien no lo sepa, Memín fue un personaje mexicano muy famoso debido a su carácter popular, su nobleza, picardía y gracia. El negrito era fffeo y tenía más ojos que una piña... pero era bastante gracioso. Sus compañeritos de aventuras eran Ernestillo,
Carlangas y Ricardo.

Editora Cinco, empresa editorial colombiana, sacaba semanalmente más de 15 revistas, la mayoría en color sepia, con diversas historias de humor, acción, romance y suspenso que hacían las delicias de los chicos y las amas de casa. Los dibujos eran muy bien elaborados para aquélla época; supongo que todo era hecho a mano y con las técnicas más rudimentarias: a pulso y uno por uno.


Mis recuerdos de las historias son muy difusos. La trama de Adelita, si mal no estoy, se desarrollaba en México. Ella era una agente y tenía una amiga rubia. Las dos eran mujeres voluptuosas, con cintura de avispa y vestidos ajustados (ahora que lo pienso, para la época eran bastante atrevidos los dibujos). Adelita tenía un amor platónico, Juan sin Miedo, el típico macho machote, que entre otras cosas ¡Era músico! (Malhaya si no fue esta historia la que me creó ese estúpido gusto). No era raro ver a estas dos mujeres en una cárcel, tratando de escapar a través de la reja de un sótano y corriendo peligros diversos. Y en las paredes de la cárcel, escrito con carbón de manos del amado, la letra de la canción:

"Si Adelita se fuera con otro,
yo la buscaría por tierra y por mar,
si por mar, en un buque de guerra,
si por tierra, en un tren militar"


Samurai; esta sí que era una historia. John Barry (¿?), un gringo que como todo gringo quiere ser profeta en todas las tierras, llega a Oriente a tratar de aprender las artes de la guerra. Lo reciben en una comarca donde el mandamás es Buntaro quien está casado con Zumara. Buntaro es un Samurai: un tipo guerrero, fuerte y temible. John Barry se va fagocitando a cuanta japonesita se pone a su alcance pero siempre tiene los ojos puestos en la mujer prohibida, la cónyuge de Buntaro, quien además de todo le ha brindado su hospitalidad. Aquí se apreciaban dos culturas diferentes muy bien argumentadas, con sus respectivos roces.


El fugitivo: ¡No más miren semejante pasta de hombre! El tipo se llamaba Alan (o así se llamaba su hijo??) y había tenido que huir porque lo acusaron ya no recuerdo de qué, pero su eterno trabajo era buscar a sus hijos que habían sido secuestrados para chantajearlo.


De Kaliman lo bueno era que las historias no duraban más de tres capítulos. Era como una serie, a diferencia de otras de las cuales uno muchas veces no se pudo enterar del final. El tipo era "el hombre increíble" y tenía poderes extrasensoriales. Sus aventuras iban del romance al suspenso y de este a lo realmente ominoso. Hablaba con animales y se la pasaba con Solín, un niño bastante preguntón. Su traje estaba compuesto por una trusa, que lo hacía ver muy sexy, y un turbante, siempre blancos. Llevaba daga y cerbatana que eran herramientas poco útiles si se tiene en cuenta que se enfrentaba a fantasmas y monstruos de toda índole.


Lastimosamente las viejas revistas sufrieron las consecuencias del tiempo y la humedad y un día no muy afortunado fueron a dar a la basura. Sin embargo, inspiraron muchos dibujos, juegos y fantasías de mi infancia y tal vez de las de muchos niños de mi época.