Amig@s, cuando uno piensa que ya le ha pasado todo lo malo que le tenía que pasar en un año del piojo -como ha sido este para mí- cree que faltando apenas un par de semanas para que se acabe, puede respirar con un poco de tranquilidad. Pero no es así. Cuando creas que te va mal, mejor no te quejes. Pueden pasar cosas peores. Y eso es justo lo que me ha pasado hace no más de treinta minutos.

Resulta que hoy estuve todo el día en la empresa, a donde siempre voy y vuelvo a pie ya que está a diez cuadras y no me puedo dar el lujo de tomar bus, pues el sueldo no me lo permite. Este sector es feo y da un poco de miedo; es cerca al mercado y es una zona popular. Sin embargo, yo, muy valiente me llevo en el bolso apenas lo necesario y ando ligerito mirando al frente con cara de puño para que nadie se me arrime. Salí a las 4 pm. de la empresa y me dije: voy a aprovechar, subo a cotizar algunas cosas en las papelerías para armar el libro de bocetos y de ahí me voy a la casa. Hice las respectivas cotizaciones y ya iba de vuelta. Como están construyendo el Metrolínea, las calles están rotas todas y se colocan unas mallas que las separan de las casas, quedando apenas el andén, un montón de escombros y una muralla flexible e infranqueable. Voy por ahí de regreso a casa, pensando en mis cosas y calculando precios a ver qué decidía cuando veo a unos pasos, frente a mí, un tipo indigente con cara de entre rata y loco. Pensé: mejor sigo y no le demuestro miedo; igual devolverme era difícil y no podía saltar la malla. Respiré y seguí mi camino y cuando me lo topé se atravesó y me dijo: -venga, páseme el bolso, pasémelo ya!!- Miré a lado y lado rápidamente. Habían obreros pero estaban más arriba o más abajo. Nadie se daba por enterado. Así es que me dije: ¿Qué hay de valor ahí? Que se lo lleve, no cargo nada. Entonces le pedí que me dejara sacar las llaves. Accedió y por un momento tal vez vio en mi cara que estaba pensando en la forma de evadirlo y se me acercó más: no se mueva tanto -me dijo- sino la chuzo (Tenía una de las manos escondida debajo de la camiseta, no sabía qué llevaba y no quería salir de la duda). Y yo: . Así es que cogí la llave y él subió unas gradas y empezó a caminar despacio. Di dos pasos hacia arriba para alcanzarlo, no sé, gritar, hacer algo. Enseguida se devolvió corriendo: -váyase o la CHUZO!!

No llevaba dinero pero si un papel muy importante: el diagnóstico para las terapias bioenergéticas (después me di cuenta de que también iba la cédula, la tarjeta débito y el carné de la U). Como ya tengo experiencia en correr detrás de los ladrones, cuando vi que el tipo estaba casi llegando a la esquina, empecé a gritar a todo pulmón: -Cójanlo! Cojanlo!!! Me acaba de robar!!!!- Y en vista de que no se devolvió a callarme, corrí tras él. Ya se imaginarán el cuadro: Yo en mini, sandalias altas y blusa manga larga, corriendo y gritando como una loca, esperando que alguien reaccionara. Efectivamente y a pesar de que el tipo alcanzó a correr y atravesar una calle con bastante tráfico, uno tras otro, todos los obreros pegaron carrera tras del miserable ladrón. Y yo detrás gritando. Jejejeje... ahora que lo recuerdo, me río. Pero cuando lo cogieron tres cuadras más allá y me entregaron el bolso, sólo podía llorar y temblar. Lo menos 20 hombres había allí, entre obreros, estudiantes y personas de los negocios, que hay muchas papelerías y centrocopiados. Yo sentada, revisando que no faltara nada y los tipos con ganas de zamparle sus buenos golpes. Me preguntaron si iba a poner denuncio pero dije que no. Era una pobre rata. No tenía ni zapatos. Cuando me atracó dejó en el suelo unas sandalias que llevaba en la mano, quizás recién robadas. Se revolcaba en el piso y decía que lo dejaran ir. No llevaba armas pero me pegó un buen susto.

Ya de regreso, a pie, con el bolso empolvado y terciado, no sabía si reír o llorar. En el trayecto sólo pensaba que aún hay mucha gente buena y solidaria... por lo cual me siento muy agradecida.