El cuerpo es una creación maravillosa: funciona aunque te olvides de él y hace siempre su trabajo eficientemente; optimiza recursos y compensa faltantes de manera sorprendente. Si por un momento tuviéramos que encargarnos de organizar, ejecutar y supervisar todas las funciones corporales, de seguro moriríamos en el intento.

Quizás uno de los pocos aspectos fisiológicos del que somos más o menos conscientes es el desempeño de nuestros sentidos. Particularmente en nuestra cultura, el sentido más utilizado y saturado es la vista. Por ser un espacio de comunicación donde el interior y el exterior se separan por tan delicada membrana, hay todo un universo simbólico construído alrededor de la visión. El ojo ve y se ve. El ojo se deja penetrar y también penetra. Es altamente fálico. "Los ojos son la ventana del alma", -dicen- y con esta frase abarcamos muchas suposiciones: que idealmente han de ser trasparentes, estar abiertos, limpios, y que el alma es algo visible, o tan siquiera que existe.

Aparte, el ojo expresa y tiene un gran poder. A recordar el tan temido "mal de ojo" y otras tantas construcciones mítico-religiosas en torno a éste. Hay formas diferentes de captar con la vista: se puede ver, observar o mirar. Se puede cerrar los ojos y sin embargo continuar mirando. Es un sentido extraño y lleno de posibilidades. Pero bueno, a lo que iba.

¿Qué es el ojo rector? Sabemos que, por regla, nuestro cuerpo no es totalmente simétrico, aun cuando su apariencia nos lo haga creer. Si nos dividimos imaginariamente con un eje vertical en el plano frontal, nos daremos cuenta de que las dos mitades no son iguales. Sabemos también que el lado derecho del cerebro domina el lado izquierdo del cuerpo y viceversa. Investigaciones en el campo de la neurología han arrojado como conclusión que el lado derecho del cerebro se especializa en funciones creativas y el izquierdo, en la parte analítica y racional. Uno es fuerte en el lenguaje y el otro en matemáticas. Pues pasa que también la visión se ve afectada por esta asimetría. La visión humana es estereoscópica: ensambla las imágenes que entran por cada ojo y en cierto punto convierte estos datos en forma, fondo, profundidad, etc. Nuestro ojo rector es aquél que domina el enfoque de la escena que queremos captar.

Para saber cuál es nuestro ojo dominante, haremos el siguiente ejercicio.

1. Elige un objeto específico del entorno que se halle a más de 50 centímetros de tus ojos.

2. Pon las manos delante de tus ojos formando un recuadro con los dedos índices y pulgares alrededor del objeto.

3. Mantén los dos ojos abiertos mientras atrapas en este espacio el objetivo.

4. Ahora, despacio cierra el ojo derecho. Tus manos deben permanecer en la posición descrita. ¿Qué ves?

5. A continuación abre el ojo derecho y cierra el izquierdo. ¿Qué ves?

Sólo con uno de los ojos puedes ver el objeto enfocado a través del recuadro. Ése es tu ojo rector, el otro simplemente lo sigue y "completa el paisaje".