Aquí viene uno de esos post gordos que nadie lee... lo siento infinito pero se me ocurrió hacer una recopilación de todos los recuerdos que tengo de chiquis y aquí van (oigan, que todo no son fotos eróticas, no crean!! todavía escribo y pronto comprobarán que bastante
)
Mal que bien, todos fuimos pequeñines alguna vez. Un poco más enanos y flacuchos (aun cuando algunos no crecieron ni engordaron, a pesar del tiempo), traviesos, inquietos, casposos, andariegos, fantasiosos y un largo etcétera de hermosas cualidades que hemos dejado en el pasado.
Pues bien: me puse a recordar, que por ahí dicen que recordar es vivir, esos años mozos cuando era yo una pequeña demonia: no paraba en casa, jugaba por lo general con los varoncitos, evadía descaradamente las labores domésticas, me pintaba los labios con aceite de cocina, veía las revistas de Playboy que mi pa’ guardaba detrás de la nevera (lastimosamente nos pillaron, a mis hermanos y a mí, y las sometieron al poder purificador del fuego y a nosotros nos dieron un sermón de Cristo y señor dios mío), entre otras importantes ocupaciones.
Hice un listado; ya deben saber que las listas innecesarias hacen parte de mis entretenciones predilectas. Aquí van:
- Vendí gelatinas de pata en las calles del barrio. Las preparaba una señora que vivía cerca: yo era todo ojos tratando de aprender a hacerlas y toda manos, tratando de amasar. Me iba con el canastito lleno, cantando a toda voz las bondades de tan rico alimento.
- Me ponía anillos, pulseras y relojes de papel, recortados de las revistas de Cosmopolitan y Vanidades. Me encantaba todo aquello que brillara y diera visos tornasolados.
- Leía revistas de cómics (por aquella época abundaban las de dibujos en color café y sepia, aunque también había algunas a color): Condorito, Memín (el negrito pobre, feo, indigente pero tierno y noble), Adelita y Juan sin miedo, El fugitivo y Samurai, los que recuerdo. Esas revistas las compraba mi mamá. Es lamentable que hayan desaparecido pues teníamos muchas y eran muy bacanas.
- Vendí medias veladas y ropa interior, puerta a puerta, en varios barrios de la ciudad. Eso fue sobre los 15.
- Dibujaba escenas porno a lápiz en los azulejos de los baño (efímeras) como ayuda didáctica para mis jornadas autoeróticas.
- Confeccionaba vestiditos para las Barbies de mis primas.
- Construía cometas y pitingles y los volaba con mi hermano, el negro.
- Hacía dibujos de desnudos y los vendía a mis compañeritos de clase.
- Jugaba a la veintiuna y otros juegos de naipes y me cuadraba lo de los recreos.
- Con mi hermano el negro y mi hermana, hacíamos vasijitas en barro, extraído del río frente a mi casa, y las cocinábamos en la estufa. Nunca quedaron suficientemente duras, razón por la cual se desleían al contacto con el agua. (A veces las dejábamos al sol y se nos olvidaba entrarlas; justo esa noche llovía)
- Iba a pescar a Caño Buque, un río de la cabecera del barrio, con los niños de la cuadra.
- Cobraba por hacer mapas, dibujos y análisis literarios para mis compañeritos. Era un negocio bastante lucrativo.
- Cortaba las lombrices del jardín en dos para ver si era cierto que no morían. Escarbaba buscando caracoles que luego me gustaba observar mientras salían del caparazón, estiraban los ojitos y se ponían a babosearse mutuamente.
- Iba a los ríos cerca de la casa (había tres) a escoger piedras para mi colección lítica. Incluía areniscas, volcánicas y fósiles (unas negras en capas que al golpearlas se abrían y por dentro tenían formas de conchas y esos especimenes prehistóricos que aparecen en el Álbum de Chocolatinas Jet). Las tres categorías reposaban en materas diferentes. La cuarta clase eran las tizas, muy blandas y de colores blanco, gris y azuloso que se usaban para escribir en el piso de cemento (por ejemplo, para dibujar las golosas)
- Trabajé como "muchacha del servicio", mucama o doméstica, durante 6 años en la casa de enseguida. Fue mi primer trabajo informal, sin conocimientos previos (no me gustaba hacer oficio en mi casa), voluntario y bien remunerado. Lo hacía por colaborar, por sentirme útil y estar ocupada. Me representó dinero, comida, ropa, cuadernos y mucho cariño.
- Hacía las cartas de amor de mis compañeritas, que me pagaban con recreos o monedas.
- Ayudaba en la panadería de la esquina a untarle la mantequilla y el azúcar a los roscones.
- Cambiaba besos por lenguas (Lengua: producto de panadería, de forma laminar y alargada, de extremos redondeados, tostado y cubierto por encima de azúcar). Es que siempre he sido muy golosita para el pan.
- Chicotié y rediseñé muchos de los vestidos que mi ma’ me hacía cuando chica. Quería verme como toda una señorita y era indispensable el traje de dos piezas. En fin, un completo desastre.
- Subía a la loma a bajar mangos, guayabas, pomarrosos y guamas.
- Duraba horas sentada en las ramas del uvo brasilero de la vecina, viendo a la gente pasar y tratando de silbar como un pájaro. Más de uno se llevó su susto… jejeje
- Inventaba recetas nuevas con lo que saqueaba de la nevera de la casa. Preparaba "degustaciones" para los amiguitos de la cuadra (¡Pobrecillos!).
- Jugaba a los boliches con los niños y hacía quemis a 5 pasos de distancia. (Quemis: pase de boliches, aplicado cuando el boliche queda en un lugar muy incómodo para que el jugador le dé, que consiste en levantarlo del piso contando previamente la distancia entre éste y el círculo de juego, desplazarse manteniendo el mismo radio y darle desde el aire, disparándolo hacia el objetivo con una táctica que le imprimía bastante fuerza y precisión).
- Fabricábamos nuestros juegos de mesa con mis herman@s: cartas, parqués, escalera. Los dados eran, por lo general, de plastilina. Ya se imaginarán cuánto podían durar.
- Confeccionaba manillas con cintilla de embalaje e hilo y con cablecitos de colores de las instalaciones telefónicas. (Unos de colores que tienen en el centro un alambre de cobre)
- Ahorraba parte de los recreos para comprar alguna chuchería el Día de madres, de Padre, cumpleaños de familiares y regalo de amigo secreto.
- Cuando había ingresos extras (aparte del recreo, que era poco), se lo daba a mi ma’, que tenía una especie de banco familiar. Cada hij@ tenía su propia cuenta que figuraba en un Libro de 7 columnas. Los ahorros eran ínfimos (algo así como $2.000 después de seis meses de sacrificio), pero era emocionante pensar qué íbamos a comprar con ese dinero.
- Fabricaba carritos con tubinos de hilo, palitos y alambre.
- Hacía títeres y payasos con telas, pimpones y lana.
- Armaba con mi pa’ y mi hermano, el negro, los muñecos de año viejo para quemar el 31 de diciembre.
- Trabajaba en la fábrica de torpedos del vecino don Alfredo. Era fácil: hacer bolitas de barro, estrellarlas desde cierta distancia contra una teja de zinc, retirarlas, dejarlas secar al sol, untar luego la cara plana de una de las semiesferas con pólvora mojada, pegar otra semiesfera y envolver con papel de tienda. Empacar en bolsas de manila paquetes de 10 unidades y listo. También era peligroso. Una vez se calentaron unos torpedos al sol y al coger la bolsa se me estallaron en plena cara. Toma tus fiestas navideñas con la cara hinchada y los ojos ardorosos y rojos.
* * *
Caramba, y estas son únicamente mis pilatunas y aventuras de infancia. Esperen a que les cuente en otra ocasión las dos o tres mil cositas que he hecho y aprendido después. Se requerirá un libro de incontables páginas y mucha paciencia para leerlo de principio a fin.
Saludos a tod@s @}--}---

Jolines. Se puede decir que has tenido una infancia muy feliz. Ya de pequeña apuntabas maneras.
Jejeje... es que eso de hacer pilatunas se lleva en la sangre. Así naces y así te quedas... :P
Jajaja!!! excelente!!!
estuviste desaparecida del cyberblog durante un buen tiempo. Yo estoy terminando de escribir algo que publicaré pronto...
buenas fotos xD
salu2
Esto tal vez pueda hacerte más llevadera la existencia diaria: pienso que no estás tan mal como crees. Me he estado dando cuenta de que la mayoría de la gente esta cagada. Cagada por dentro, en sus cabezas. Y no me excluyo. Pero EL DARSE CUENTA DE ESO, me ha dado la FORTALEZA suficiente como para salir a la calle, las pocas veces que salgo, y tener un SÓLIDO CIMIENTO INTERNO sobre el cual apoyarme al tener que interactuar con los demás.
Dicen que cada persona tiene su propio nivel, que no todos perciben de la misma manera, razón por la cual unos ven y oyen cosas que otros no.
Esto tal vez pueda hacerte más llevadera la existencia diaria: pienso que no estás tan mal como crees. Me he estado dando cuenta de que la mayoría de la gente esta cagada. Cagada por dentro, en sus cabezas. Y no me excluyo. Pero EL DARME CUENTA DE ESO, me ha dado la FORTALEZA suficiente como para salir a la calle, las pocas veces que salgo, y tener un SÓLIDO CIMIENTO INTERNO sobre el cual apoyarme al tener que interactuar con los demás.
Dicen que cada persona tiene su propio nivel, que no todos perciben de la misma manera, razón por la cual unos ven y oyen cosas que otros no.
¿porque no habia leido este post? es muy bonito.
MEGUSTA TODO COSAS DE MALLORES