Un lunes en la noche no promete demasiado. A menos que el martes sea festivo, lo cual era el caso esta semana. Mi ex-jefa Mónica y yo nos encontramos en el Café del Maestro a eso de las 7pm.

El plan era tomarnos un par de birras, ponernos al día en chismes y luego, hacer lo de Micky Mouse: Cada cual para su house; tempranito para agarrar la última flota y proteger el bolsillo.

Llama su novio H. a eso de las 8:30 pm para invitarnos a un sitio que se llama Cali Son. Al principio opongo resistencia: le digo que tengo unas medias en remojo, que mi oso está sufriendo de insomnio y debo cuidarlo, que no me gusta la salsa, que mi religión me prohibe bailar, pero nada. Terminé aceptando el cambio de planes.

Para quienes no conozcan los sitios nocturnos de Bucaramanga hago un paréntesis y les cuento: en esta ciudad hay tres zonas donde puedes ir con tus amigos o pareja a tomar unas cervezas, oír música y si te gusta, bailar. La zona nueva es Cañaveral. Pusieron un gran centro comercial y hay muchos bares pequeños, cafés y algunos sitios tipo discoteca alrededor. Lo único es que está en el borde de la ciudad y hay que disponer de vehículo o sino se te desfonda el bolsillo sólo en taxis. La otra zona, antes considerada muy puppie, es Cabecera. Cerca se encuentra el Parque las Palmas y todo el sector está lleno de sitios para comer, bares alternos, cafés y una que otra discoteca grande con un piso para bailar chucu chucu y otro para la gente que prefiere electro, ska, jamming o alterna. Por último está la zona del Riviera. Este es un sector de los más antiguos en materia de entretenimiento. Cuando llegué a esta ciudad me advirtieron: si un tipo la invita a ir a alguno de los "chuzos" del Riviera diga que no. Allá todas las disco tienen cabañitas al fondo y van las quecas, los soldaditos y los cuchitos con las mozas. Por supuesto, nunca fui. También hay allí un cine, algunos restaurantes y muchos cuchitriles. Pues bien, uno de estos antros es Cali Son.

¿Qué es un cuchitril (o antro), en mi concepto? Cuando salgo a un sitio nocturno busco más o menos el siguiente perfil: sitio bonito, tranquilo, limpio, donde ponen buena música (es decir, la que a mí me gusta), va gente bonita y puedes hablar y/o bailar a tu gusto. Un cuchitril es un sitio nocturno donde el concepto de belleza no fue tenido en cuenta. Lo vulgar me raya muchísimo y si me pongo linda para salir una noche, quiero poder olvidarme de que este mundo es una porquería. Ver, oír, respirar belleza. Para vulgaridad, tengo suficiente con lo de todos los días.

Antes, cuando era más joven, iba mucho a discotecas: bebía como esponja y bailaba como trompo. Sé que no bailo bien. Me muevo mucho y con eso me doy por bien servida. Me encanta sudar. Pero ahora prefiero otros placeres. Sobre todo porque en las disco ponen puro vallenato, regueton y esa música que tortura los oidos y el sentido de la estética.

Terminé en ese antro llamado Cali Son. A mucha gente le gusta porque es de los pocos sitios donde sólo ponen salsa: clásica, erótica, son cubano, fania y todo lo de lucirse como bailarín. Sitio equivocado para personas como yo. Sin embargo fui: un lunes en la noche, con mi ex-jefa que hace tanto no veía, con su hermana Vane, su novio y algunos amigos de él, hablando, tomando cerveza y fumando, no era tan mala idea.

Varios hicieron el intento de sacarme a bailar y tuve que usar las típicas excusas que guardo desde mi adolescencia (cuando una iba a las fiestas aunque no sabía bailar, ni siquiera distinguía un merengue de una salsa, sólo para encontrarse al niño que le gustaba): que soy Testiga de Jehová, que tengo dislocación de cadera, que mi marido me lo tiene prohibido, que soy sorda, que patatín y patatán. Reconozco que la música me hace mover. Bailo muy bien sentada: sigo la canción, canto, hago aires de capachos, toco unas imaginarias congas y zapateo. Todos creyeron que era excelente bailarina hasta que H. me sacó a la pista: en realidad me arrastró. Yo jamás de los jamases! hubiera aceptado. Y ahí si fue Troya: tan monumental fue el oso, tan grave estuve, que un viejito, experto en el tema y que va de lunes a domingo al lugar, me sacó a bailar con la intención de enseñarme.

Creo que se llama Efraín. Me cogió de las manos muy respetuosamente y empezó: no mueva los hombros. No mueva la cadera. Concéntrese en los pies. No me pise. Un paso adelante, un paso atrás. Más despacio. No cierre los ojos. No se vea los pies. Sienta la música. Siga el ritmo. ¿Siente esto? Y me hacía con las yemas de los pulgares, en la palma de las manos, una especie de pulsaciones para marcar los cambios de ritmo. Pero nada. Soy una tronca. No sé bailar acompañada. No tengo sentido del ritmo. Ahora sospecho que eso afecta mi desempeño sexual. Siempre voy más rápida que mi parejo. Quizás ninguno me lo dijo y soy, contra todo pronóstico, pésima amante...

Creí que las pulsaciones del viejo eran un ritual mágico para pasarme su ancestral conocimiento de todos los pasos y volteretas del baile. Ví a una chica dar tantas vueltas que casi me vomito. Ella seguía bailando como si tal cosa. Ví parejas que se entendían el paso tan armónicamente que supuse que se la pasaban todo el día ensayando. Ví viejitos bailar los mixes sin sudar siquiera.

Seguiré bailando sola en mi cuarto. Intentaré aflojar la cadera a punta de danza árabe hasta quedar totalmente mojada. Bailar es muy rico. Es una de esas cosas que, si haces por el placer de hacerla, te conecta con un montón de energía. Es una de esas cosas que puedes hacer aunque no sepas y disfrutarlo. Respecto a mis terribles especulaciones sobre la relación baile - sexo, no me preocupan. Como voy, sospecho que nunca tendré oportunidad de preguntar y salir de dudas.