Esta es la continuación del artículo anterior sobre la versión colombiana del concurso Nada más que la verdad.

Sobre los riesgos de decir la Verdad

Antes que nada, algunas aclaraciones sobre mi percepción de la verdad.

  1. La verdad es relativa.
  2. La verdad está sujeta a cambios.
  3. Después de algunos años, una verdad puede metamorfosearse en mentira. (¿Y viceversa?)
  4. La verdad, fuera de su contexto, puede parecer una mentira.
  5. La mentira, adecuadamente manipulada, puede parecer una verdad.
  6. Ocultar la verdad es también mentir.
  7. En ocasiones es mejor no decir la verdad (por lo menos no toda).
  8. Siete verdades pueden camuflar muy bien una mentira. (Ya sabemos que el 7 es un número mágico)

Ahora sí, entremos en materia. La verdad va asociada a la sinceridad, la transparencia, la honestidad y se supone que decir la verdad es "lo correcto". Sin embargo, la experiencia de cada cual con la verdad es diferente. Aún un mismo individuo, puede darse cuenta de que no siempre decir la verdad trae los mismos resultados. Porque, aunque parezca mentira, decir la verdad siempre trae resultados. Si no fuera así no le daríamos tanta importancia. La verdad tiene connotaciones de tipo moral (y legal).
Por ejemplo a nosotros, los colombianos, nos importa poco que alguien diga en las noticias: La capital de Locombia es Bogotá. (lo cual es, por el momento, verdad). Pero si alguien dice: Locombia es un país golpeado por la violencia, el narcótrafico y la pobreza- suena una alarma. ¿Es esto verdad? ¿Es mentira? ¿Hasta qué punto es verdad? ¿Esto qué significa para mí? ¿Y qué implica en realidad? ¿Hay algún punto en que la verdad se vuelve mentira? Claro, también hay que tener en cuenta que las palabras dan lo mejor de sí: depende dónde las pongas, tienen uno u otro efecto.

No sólo eso: la verdad se asocia a la palabra decir. Es activa. O la dices o la ocultas. No cabe decir: paso. Sino, recordar las frases que nos decían en la niñez:

"Si me dices la verdad, no te castigo."
"Si no dices la verdad te lleva el coco."
"A los niños que no dicen la verdad les crece la nariz como a Pinocho."

No es sensato decir siempre la verdad. No es sensato decir toda la verdad. Es moralmente plausible, pero realmente peligroso. Más personas han muerto por decir la verdad que por sostener una mentira. Esto creo que lo entendemos tod@s y usamos la verdad de manera conveniente. Osease, la costumbre de decir la verdad no está tan extendida (quizás es una suerte) como se desearía.

¿Y qué con el concurso?

He visto sólo un capítulo; la tele no es uno de mis pasatiempos favoritos. Mi opinión, como toda opinión, es personal. Está sesgada, parcializada, llena de prejuicios, es subjetiva.

Veo a un tipo que formula preguntas que se le meten al rancho al concursante. Veo a otro tipo que mira al suelo, parpadea seguido y después de 10 ó 20 segundos responde: Sí o No. Luego pasan 5 ó 10 segundos de suspenso y una voz femenina (¿Por qué de mujer? Grandes enigmas de la Humanidad) robotizada dice: Eso... es...... Verdad. O, para desgracia del participante: Eso.... es...... Falso. Después veo la cara de las personas que fueron a acompañar al concursante: su espos@, su padre, su madre, su herman@ o su amig@.

Las preguntas se van haciendo cada vez más agresivas con la intimidad del participante. Temblé sólo de pensar en ser sometida a una tortura semejante. No lo haría por $100'000.000 (que quedan además visiblemente reducidos por el impuesto que pesa sobre los juegos de suerte y azar - Ley 643 de 2001). De pronto por $1.000'000.000... jajajajaja... por esa cifra, ya no importa si te persiguen las autoridades, si tus vecinos te declaran persona no grata, si todos tus amig@s te eliminan de su lista de contactos, si tu cónyuge te pide el divorcio, si te echan de casa, si te botan del trabajo... exagero, es un decir.

¿Lo hacen por el dinero? ¿Está arreglado el juego? ¿Los estará esperando la policía al salir del estudio de grabación? (en este caso el tipo confesó haber vendido drogas cuando trabajó como administrador de un bar. Después trató de "arreglarlo" pero quedó peor. Hay quienes han confesado abortos, sobornos y otras acciones ilegales) ¿Habrán firmado un contrato para librar a los organizadores del concurso de toda responsabilidad sobre las consecuencias del juego en sus vidas? ¿Los perdonará su cónyuge después de contar ante todos los colombianos que han sido infieles ? (porque una cosa es que el cónyuge, la familia o los vecinos de al lado sepan, pero todo un país....) ¿Será una forma de catarsis? ¿Podrá disfrutarse el dinero fruto de haberse destapado en sus acciones y motivos más personales? ¿Y los que pierden? ¿Es esta una variante del exhibicionismo? Empiezo a sentir un poco de miedo...


Hasta aquí la parrafada. Me temo mucho que será necesaria una tercera entrega. Quedan aún cinco títulos por desarrollar.