Me quedan apenas 22 días de conexión a internet en casa. Han sido cinco meses diferentes, enviciantes, divertidos, excitantes y curiosos...

A mí todo me llega tarde... pero me llega. Siempre soy la última en tener acceso a la tecnología: la última en comprar un atari, la última en tener teléfono en casa, la última en adquirir beeper (porque trabajé en una empresa como operadora, cuando ya les quedaban apenas unos meses en el mercado a estos aparatos), la última en jugar al tamagotchi (o como diablos se escriba, y a la penosa edad de 21 años), la que compró de segunda su primer móvil (un Samsumg Blue), la que recibió como regalo, también usado, su segundo y actual móvil (un Nokia baratongo al que llamo cariñosamente mi quepeñín), la que tiene un PC-saurio de última tecnología... de hace 6 años y ni siquiera puso un peso para comprarlo pues se lo regaló su pa, único hombre que la quiere así como es... La que nunca comprará un televisor, ni un picatodo, ni un equipo de sonido.

Sin embargo, y contra todo pronóstico, yo siempre me empiñato con las cosas... y les cojo cariño. Bueno, también a las personas, pero ese es otro cuento.

Instalé, de pura gomosa que soy, un Contador de visitas por país. Estoy emocionada. Está en ceros y no contará las mías. Temo que no empezará a correr nunca (debo confesar que el contador de extraviados es alterado religiosamente por mí cada noche para que al otro día aparezcan entre 30 y 60 visitas más; mi eGo no soportaría que se quedara quieto )... pero me contento pensando que dentro de 22 días ya no importará.