Y hablando de las ventajas de estar sola, pues hace un par de días fui a la plaza a hacer mercado y retomar mi costumbre de principios de año (año nuevo, vida nueva, amante nuevo, nueva dieta: renovarse o morir!!): prepararme los almuerzos. No arroz, no yuca, no fritos, no carne de res; algo más acorde a mi gusto.

Empecemos porque la cocina no se me da bien: dicen que hay varias señales para reconocer un buen cocinero y yo no las tengo. El que nació con el don culinario, por regla general:

  1. Trabaja con recetas.
  2. Tiene en cuenta todos los ingredientes de la receta.
  3. No reemplaza ingredientes.
  4. La pizca es la pizca y el gramo es el gramo, ni más ni menos.
  5. Jamás de los jamases piensa que en la cantidad está la calidad.
  6. Los platos y las ollas sucias no son asunto suyo.
  7. Nunca deja las cosas en el fogón mientras va trapeando la sala o conversando por msn.

Y como el 7 es el número mágico por excelencia, debo aceptar que no cumplo con este septálogo de requisitos. Pero de hambre no me dejo morir!!

Así es que contra toda prevención hacia la cocina, compré verduras, papa, hortalizas, pescado y muslitos de pollo. Dos días comiendo pescado han saturado mi capacidad olfativa. Y hoy, va el menú:

- Espesita crema de ahuyama (pos toca meterme la ahuyama por todos lados a ver si le cojo amor al proyecto)
- Muslos depollo al orégano
- Papa en chupe
- Ensalada bicolor (léase tomate y lechuga crespa)
- Sorbete de curuba en leche

Ahhh! Lo único que le falta a la comida para ser un completo placer es el orgasmo después de la última cucharada. Voy ya mismito a darme inigualable banquete !!