Hace un par de días adopté una mascota virtual a la cual bauticé Amo de las 365 noches, en honor a mi osito de felpa y en post anterior anuncié con bombos y platillos mi nueva adquisición.

Yo nunca he hecho mucho alarde de instinto maternal (aunque me considero buena tía) y hoy, para mi sorpresa, alguien, de quien no digo el nombre porque la estoy mirando (Kinga) me dijo: ¿Y si le ha dado de comer a su mascota? Dicho lo cual, se para en more y arranca una rama de bambú, se la pasa al Amo de las 365 noches y... Oh!!! Sorpresa!! La mascota COME! La mascota JUEGA!! La mascota mueve la tusta para el lado donde pongas el cursor!!

Sí, además me ha confesado que cuando entra a mi blog, ella le ha dado de comer a mi pobre panda. Gracias a ello, no ha muerto de inanición... ¿Habrase visto?

Bueno, ahora que ya lo sé me siento más tranquila. La verdad me parecía que había escogido la mascota más tonta: cuando le pasaba el cursor por encima sólo movía los bracitos cual autista... y claro, era que le faltaba alimento.

Esas son las cosas que temo de la maternidad: no faltaría que una cometa un pequeño olvido y un inocente pagara el pato.


Nota: Invitados los visitantes a darle ramitas de bambú al panda. Favor no exceder de tres porciones en una sola visita pues también puede morir de dispepsia.