"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas" (Juan 1:1-3)
En un Universo paralelo, "...En el principio también fue el Verbo. Pero el Verbo no era con Dios, sino contra éL. Éste era en el principio con el Hombre. Todas las cosas por él fueron deshechas" (Extravíos 1:1-3)

En vista de tales circunstancias, se vio Dios en la necesidad de colocar algún tipo de control para regular el uso del Verbo. Después de terminar el Megaproyecto de la Creación, se tomó un día libre, se fue a su Spa Celestial y en horas de la noche (pues había creado ya la noche y el día) se dispuso a aplicar la técnica de Brainstorming (ya había creado también la lluvia) para hallar posibles soluciones. Dos horas más tarde había garabateado en su cuadernito de anotaciones (aún no existía el PC) varias ideas de las cuales desarrolló largamente una.
La idea consistía en asignar a cada ser humano una cantidad exacta de palabras a utilizar a lo largo de toda su existencia. En ese momento, Dios todavía no sabía que el Hombre no sería eterno, sino que no conforme con hablar incongruencias, usaría la boca para devorar la fruta del Árbol del Conocimiento del bien y del mal.
Usando su antíquisimo ábaco, Dios determinó que la cantidad justa de palabras para una eternidad como ser humano era de 777.777 veces 7. Esto es, un total de 5'444.439 palabras. Sin embargo aún no se decidía por la distribución de éstas teniendo en cuenta que habría necesidad de nombrar objetos, acciones, posibilidades morfo-temporo-espaciales, emociones, cualidades, además de las que servirían para entrelazar todas las anteriores. Entonces, en su magnífica generosidad, se le ocurrió que lo mejor era asignar 777.777 veces 7 el uso de cada uno de este tipo de palabras, a saber: sustantivos, verbos, adjetivos, adverbios, preposiciones, conjunciones e interjecciones. Siete. Y no es que fuera maniaco. Es que el 7 era su número de la buena suerte. Así la cifra aumentó a 38'111.073 palabras por ser humano.

Pero entonces se le pasó por la mente que habría unas palabras que serían muy cortas y otras muy largas. En ese caso, el ser humano podría aprovecharlo y usar todas las muy largas, escapando al mecanismo de control. Y vio Dios que no era bueno.
Como su ábaco ya no daba abasto para tales operaciones aritméticas, Dios optó por simplificar el asunto tomando ahora como referentes las letras. Dios aún no sabía que llegarían a existir en la historia del Hombre, no menos de 77 veces 7 alfabetos. Tampoco tenía conocimiento de que cada alfabeto constaría de un número diferente de letras (por ejemplo el fenicio tendría 22 letras, mientras que el devanagari, 52). Menos todavía podría imaginar que los chinos se inventarían el ideograma, que equivalente a una letra sirven para denominar un objeto, acción o cualidad y hasta las tres cosas juntas.
Echó lápiz otras dos horas y con ayuda de algunas especulaciones astrológicas, determinó que 29 letras eran más que suficientes para todos los sonidos pronunciables. Como puede verse, nuevamente aparece el 7 (29, formado por los dígitos 2 y 9, donde 9-2 = 7), y es que era su número de la buena suerte.
Entonces, en su magnífica generosidad, determinó que cada letra pudiera ser usada 777.777777.777 veces. Teniendo presente que para Dios el alfabeto debería constar de 29 letras (es decir, el Alfabeto Divino por antonomasia es el del idioma español, todos los demás son apócrifos*), el total de letras disponibles para cada ser humano se elevó a (aquí un chorro de números, lamentablemente Dios no disponía de la tecnología necesaria para llevar a cabo una operación exponencial). Y vio Dios que todo era bueno...
En ese momento dábase Dios por bien servido con los resultados obtenidos y fue a pasearse alegremente por el Jardín del Edén, satisfecho de ser un Dios justo, generoso y sabio, cuando al pasar junto al Árbol del Conocimiento del bien y del mal, se percató de que sólo habían 776 manzanas. Faltaba una. Como se ha dicho antes, para Dios el 7 era su número de la buena suerte. La desaparición de una sola manzana ponía en peligro la armonía del Megaproyecto de la Creación. Iracundo, Dios buscó al culpable y lo halló. Es decir, los halló. Sin darse tiempo a pensar, los expulsó irreversiblemente del Paraíso.

Por esta razón, los seres humanos disponemos de una cantidad inacabable de letras para organizarlas de la manera que mejor nos parezca... es un recurso prácticamente ilimitado, ya que Dios había hecho sus cálculos para una vida eterna.
Por esta razón también, una de las mayores fuentes de malentendidos es el Verbo. Porque Dios no había previsto que tendría que expulsarnos del Paraíso y que, por lo tanto, no daríamos el mejor uso a este recurso.
* Esta afirmación sólo es válida para el texto en cuestión y no representa la visión particular de la autora.
Leyendo La seducción de las PaLaBras de ÁleX Grijelmo.

Alberto
2 jun 2007 | 06:49 AM
Que gran post Lupe,....Me ha encantado.
Como sabes, estudié filología hebrea, pero esto no se aprende en libros de cábala, jajajajja
Besos y feliz fin de semana
Alberto
josele
2 jun 2007 | 01:48 PM
En una habitación hay 777.777.777 personas desnudas (hombres y mujeres) Cómo sabrías cuáles de ellos son Adán y Eva, sin preguntar los nombres claro.
Un besito mente pensante. Ah y tu post de hoy buenísimo.
lufepever
2 jun 2007 | 02:51 PM
Ups! Vaya tarea... voy a echar unos numeritos y en dos horitas te respondo.
;P
Alberto
3 jun 2007 | 11:05 PM
¿Porque no tienen ombligo???'jajajajajja
lufepever
4 jun 2007 | 12:53 AM
Gracias por el dato Albertico.... jamás hubiera dado con la respuesta. ;P