Ayer, a pesar de ser sábado, mi día preferido de la semana, me encontraba de resaca eXistencial. Eso de que te acuestas retarde el viernes, duras dos horas dando vueltas en la cama, cierras por fin los ojos más por cansancio que por sueño, te despiertas a las 9 am y no quieres pararte, ni desayunar, ni bañarte, ni mover un sólo dedo.

Como estoy practicando la virtud de la paciencia, renuncié a luchar contra esta sensación de descontento injustificada y me entregué en brazos de Morfeo todo el día, Mi Día, sin sospechar lo que me deparaba la noche.

Ya sobre las 5 pm. recibo una llamada... era J.una amiga con la que siempre hemos estado conectadas por días de euforia y otros, menos afortunados, de tedio total. Así es que ella, en vista de que las dos estábamos bajas de nota, me propuso largarnos a un lugar donde recordar antiguas andanzas.

Sobre las 6:30 pm. suena de nuevo el móvil. Es J.A., nuevo prospecto de amigo con quien tuve una charla casual mientras hacia cola para reclamar un pago. Habíamos quedado en vernos para hablar un rato y yo, que no estaba muy segura del encuentro, dije finalmente que sí.

Trato siempre de no involucrar a las demás personas en mis problemas, ni llevarlos a actividades ilegales o peligrosas. Pero anoche, yo no era totalmente Yo, es decir, quería irme de pernicia y no me importaba arrastrar ni a mi amiga ni al fulano...

Nos fuimos los tres de Perdición... patrocinados por bebidas embriagantes y sumidos en un ambiente retro, con música electrónica de fondo, nos pusimos a recordar con J. esas épocas cuando eramos primíparas en la U y que ibamos justo al mismo bar, que ahora cambió de ubicación pero que conserva ese toque de tertulia y la esmerada atención del buen Lázaro.

La charla pasó de vinos y cervezas, a delicias culinarias con visos de empalagosa repostería, (en estas llega Pirobín, otro amigo), se paseó tímidamente por curiosidades cinematográficas, retornó a los juegos de mesa que antaño eran frecuentes en el bar (más era lo que jugábamos que lo que bebíamos) y fue a posarse finalmente en el escabroso tema de la Muerte.

Acomodados ahora los tres en unos mullidos sofás (Pirobín emigró),narramos como queríamos que fuese el último capítulo de nuestras vidas y contrastamos nuestras posiciones frente al homicidio pasivo (J.A. llama así al suicidio: como no puedes matar a todos los demás, optas por matarte), la muerte violenta, la muerte natural (no sé si esta modalidad aún existe), la muerte placentera (sufrir un infarto paralelo a un orgasmo o practicar de forma irreversible la asfixia sexual), la muerte lenta y la repentina.

Finalmente, aliviados porque aún no era el momento de morir y con una sonrisa cansada, abandonamos el sofá, la cerveza e hicimos lo de Mickey Mouse: cada cual para su house.