Hace cinco meses empecé a ahorrar monedas de $500 en un marranito para regalarme un consolador en el próximo cumpleaños. Como quiero algo lo más parecido a un miembro real y que además vibre, supuse que su precio sería astronómico. Es decir, estaba dispuesta a pagar hasta $250.000 pesos por tan útil artilugio (Teniendo en cuenta sus sobradas ventajas con respecto al real…).

Estos días, sin embargo, se me presentó otra posible adquisición. No es que no lo hubiera pensado antes ni tiene que ver directamente con el tema del consolador, sino que ahora me pareció mucho más a la mano y muy necesario: me refiero a un corsé. ¿Para qué? Siempre he sentido debilidad por esos vestidos de época en los que las chicas se veían con cintura de avispa y los senos a reventar por debajo del cuello. Sé que dichas estrecheces eran logradas con el uso asiduo de corsetería cada vez un poco más ajustada. Sé también que les desplazaba el aparato digestivo y sufrían desmayos a menudo… Lo cierto es que la moda de los pantalones descaderados ha tenido terribles consecuencias en la figura femenina. En mi caso, aunque soy delgada, no hay marcada diferencia entre cintura y cadera (Algo que me parece muy sexy). Bueno, tampoco es que sea recta, pero seguro que no me vendría mal afinar un poco la cintura. En fin, que voy casualmente por un sector comercial de la ciudad y veo un local donde exhiben el corsé en un maniquí, que parece una sílfide, y me acerco a preguntar: cuesta $40.000, es de látex, tiene forro interno en una tela muy suavecita y dos hileras de ganchitos macho-hembra para hacerlo más ajustado.

Esto del corsé es una solución más bien alternativa: se supone que amolda el cuerpo mientras está puesto pero que también va definiendo el contorno del torso… parece como publicidad de TV marketing pero, si no fuera porque funcionó hace siglos cuando ni la tele ni el marketing existían, yo no apostaría ni un peso por ello. Claro, nunca remplazaría el ejercicio con un objeto tal, pero como complemento está bien.

Como me sentía decidida a comprarlo cuanto antes, antes de que le cambien el precio o que se agoten las existencias, me puse a buscar en Internet sus ventajas, desventajas, variedades y demás… Es una cosa más estética que médica, sin embargo, similares se usan en casos de atrofias musculares o terapias para la espalda. Su uso más común es para mujeres después del parto, para recuperar hasta donde sea posible los 60-90 (No aplica para cambios en tamaño de busto). En fin, no hallé ninguna consecuencia tan grave que no se pueda revertir.

Para poder comparar (¿Existe algún punto de comparación entre regalarse un consolador o adquirir un corsé? uno dirigido al placer, otro a la vanidad), entré a visitar algunas páginas de venta de juguetes sexuales en Colombia y sucede que me he quedado sin aire:

1. Vibrador gelatinoso con cambio de velocidades (¡Color chocolate!!): $96.000

2. Vibrador Crystal para usar bajo el agua: $84.000

3. Consolador Double Dong flexible para doble satisfacción: $66.000

4. Vibrador delgado, extralargo con varias velocidades: $72.000

5. Muñeco inflable dotado con un generoso miembro y una boca apta para dar placer oral: $240.000

6. Vibrador gelatinoso con estimulador para el clítoris y el ano: $150.000

7. Vibrador en silicona con estimulador independiente para clítoris y ano: $180.000

8. Vibrador dúo para penetración vaginal y anal simultánea: $210.000

O sease, una se puede conseguir el remedo de un macho para meter en su camita por la módica suma de ¡$240.000! ¡Lo que yo estaba dispuesta a pagar por un consolador! Entonces, haciendo cuentas, con esa misma suma podría comprarme el vibrador Cristal para usar en la ducha y el gelatinoso con estimulador para clítoris y ano… y además me quedaría para la crema multiorgasmos. ¡Una maravilla! Jajajaja. No me tomen al pie de la letra. Sólo me quede estupefacta cuando vi qué tan barato es conseguirse un juguetito para tener placenteras noches de soltera (Y por qué no, para improvisar algo con mi osito de felpa).

Bueno, tengo $35.000 en el marranito… Voy mañana a comprarme el corsé… el consolador puede esperar… mientras tanto, recurrir a los 10 consoladores con que me dotó la Madre Naturaleza o a los nunca bien ponderados productos agrícolas: hipoalergénicos, económicos y biodegradables.

Les estaré contando como me va con el contorno de cintura… jajajajaj…de pronto les ponga unas fotitos. Se ve hasta sexy.