A lo largo de los años y debido a mi trato con los especimenes del sexo opuesto, se han ido consolidando algunas apreciaciones generales acerca de ellos además de un sinfín de preguntas, aún sin respuesta, aunque con muy variadas especulaciones: mi especialidad.

A modo de introducción les contaré que en mi casa se trató de inculcar siempre respeto hacia los condicionamientos sociales en lo referente a lo que está bien para una mujer y lo que está bien para un hombre: dos posiciones bastante divergentes pero que en apariencia garantizan el funcionamiento de esa cosa llamada familia y por ende, de la sociedad. Se podrán imaginar las peleas constantes porque yo no quise nunca someterme a estas ridículas normas y peor aún, teniendo en cuenta que iban respaldadas por un no menos ridículo discurso moralista, lo cual ya me parecía el extremo de la manipulación.

De todos esos años de lucha contra las vaciadas de mi ma, los comentarios celosos de mi pa, el sermón de la iglesia, la ciega obediencia de mi hermana mayor y la actitud de los tipos que se cruzaron en mi camino, quedaron huellas evidentes. Debo decir que gran parte de lo que soy lo debo a esta rebeldía innata que ha tratado siempre de encontrar la verdad por sus propios medios y que no cree que un error que dura mil años deja de ser error sólo porque hay un montón de incautos que se han comido el cuento enterito.

No voy a decir que me educaron para ser la Mujer Ejemplar; mi familia es humilde y el interés de mis progenitores fue simplemente darnos lo mejor y evitarnos lo peor. Sin embargo, en este evitarnos lo peor, a las mujeres nos tocó la parte más mala. De hecho, a mí me tocó sufrirlo sola ya que mi hermana siempre ha sido muy sumisa en lo que a estas cuestiones se refiere. Así es que a mis diecinueve empaqué la maletita y me fui a estrellarme sola contra el mundo… y debo reconocer que lo he logrado: hay quienes sólo aprendemos a los porrazos.

Entre los roles que los hombres adoptan he podido valorar de cerca los siguientes: padre, hermano, jefe, profesor, amigo, pareja y amante. En cada uno de estos se ha manifestado idéntico fenómeno: el hombre no conserva una posición clara: en lo que respecta a la mujer, su actitud es siempre ambivalente.

Hay que ver cuántas y tan grandes incoherencias se dan en las relaciones entre los hombres y las mujeres. Voy a nombrar algunas situaciones que a mí me han puesto a pensar. Por ejemplo:

1. Ningún papá quiere que venga un desgraciado y se le fagocite la hija (digamos, la niña de 15 que ahora empieza a tener pretendientes). Sin embargo, si es su hijito el que consiguió novia le echará sus puyitas para que se dé a la tarea de coronarla y adquirir el título de macho machote. (Antes era peor: el papá llevaba al chiquillo aun imberbe donde las fulanas para que le hicieran el ritual de iniciación).

2. Al muchacho le encanta que las vecinitas usen minifalda y sean generosas con el escote, pero ¡Ay!! de que su hermana salga con una prenda tal: de una vez empieza el discursito de que así no va para ningún lado, que cómo se le ocurre, que está muy mostrona la pinta, que qué vergüenza con los amigos, etc.

3. Se presentan dos candidatas para un empleo, digamos que de secretaria. Si la que hace la selección de personal es una mujer, probablemente se quede con la más eficiente. Si es un hombre… ya podemos empezar a dudarlo. Lo más seguro es que se lleve la plaza la que más curvas tiene en exhibición. La objetividad del futuro jefe es directamente proporcional a los metros cuadrados de tela utilizados en la confección del vestido de la aspirante en cuestión.

4. En una empresa al hombre le encanta estar rodeado de mujeres y si están buenas, mejor. No desaprovechará oportunidad para fisgonear el trasero de sus compañeras de trabajo y si alguna le da papaya, la partirá… razón por la cual los hombres son tan desconfiados con su pareja cuando ésta trabaja.

5. Tienes un buen amigo al que le cuentas tus más y tus menos, al que ves como alguien confiable, le conoces las mañas y digamos, falta es que lo veas sentado al retrete. Ese buen amigo que tanto te quiere, estaría a veces dispuesto a perder tan grandiosa amistad con tal de ponerte las manos (y todo lo demás) encima.

6. El tipo busca una mujer que valga la pena para decidirse a formar una relación de pareja, es decir, para comprometerse afectivamente. Tiene muy claro qué clase de mujer es la perfecta para él, pero mientras llega no tendrá ningún reparo en revolcarse con esas que no valen la pena.

7. El mismo tipo encuentra a la mujer que, en su concepto, vale la pena: que promete ser buena amiga, mujer, amante y hasta madre… ¿Y dónde cree este tipo que ella aprendió a ser buena amante? La práctica hace al maestro. Esta buena amante no se hizo sola… quizás pasó por las manos de otros tantos tipos que, en su momento, creyeron que ella no valía la pena.

8. El y ella son pareja. Cierto día ella le confiesa que salió con otro tipo y que éste la atrae. El se altera, se enfurece, la acusa diciendo que hoy sale con el tipo, mañana se besa y pasado mañana se acuesta. Dura su buena semana enfurruñado. Tiempo después ella se entera que meses atrás él le puso los cuernos. Lo enfrenta con pruebas irrefutables ante lo cual el susodicho responde que fue sólo sexo… algo sin importancia.

9. Por alguna razón inexplicable, el tipo con quien a veces tienes sexo, es decir, tu amante ocasional, no soportaría enterarse de que no es el único que recibe dichos beneficios. ¿A cuenta de qué pretende haberse ganado la exclusividad?

Podría dar muchos más ejemplos pero me parece que estos son suficientes…

Para aquell@s que no estén relacionados con el término MoRRonGa, ahí les va.

Morronga: térm. castizo. Dícese de la mujer que aparenta ser correcta, decente, que no rompe un plato, pero que en realidad ya rompió toda la vajilla.// Gazmoña.// Solapada.// Doble faz.// Astuta manipuladora con un hermoso disfraz de mujer sumisa.// Niña de su casa que cuando sale se descoca.

En su gran mayoría, los hombres las prefieren morrongas. ¿Por qué?

-Las mujeres audaces pueden llegar a atraerles pero también les causarán temor.

-Las mujeres francas les parecen poco románticas.

-Las mujeres que son consecuentes con su propio deseo están bien para una aventura pero no para una relación duradera.

-Las mujeres que les demuestran interés son unas acosadoras que están que se comen solitas.

-Las mujeres que tienen condones entre su ropa interior son poco confiables (se la pasan en la jaladera). Las que se dejan embarazar son unas tontas. Las que deciden interrumpir un embarazo son unas asesinas sin instinto materno.

-Las mujeres que expresan lo que quieren disfrutar durante una jornada de sexo pueden ser muy excitantes pero de seguro son unas golfas.

-Las mujeres que antes de decidir irse a la cama con ellos les plantean temas como el SIDA y los métodos anticonceptivos les parecen demasiado aceleradas y extremistas.

-Las mujeres que acceden al contacto físico sin conocerlos demasiado son fáciles y las que no lo hacen son unas mojigatas.

-Las mujeres que lo dan por amor son unas ilusas y las que lo dan por ganas son unas zorras.

-Las mujeres que rechazan sus propuestas sexuales son unas frígidas y las que quieren sexo a menudo son unas ninfómanas. (Ninfómana: dícese de la fémina que desea más horas de sexo que las que su amante está en capacidad de concederle).

-Las mujeres que no están dispuestas a hacer el papelazo de enamorada-doméstica-aguantalotodo son viejas complicadas y poco femeninas… y se van a quedar solteronas (Eso muchas veces es una profecía, sin embargo yo preferiría pasar mi vida sin pareja que tener que ajustarme a un molde tan estrecho a cambio de tan poco).

Ya dije: en su mayoría los hombres las prefieren morrongas. Por fortuna, existen unos cuantos, escasos pero existen, que aprecian en todo su valor a las mujeres que no se apegan al rol que por tradición impone la cultura y la sociedad. ¿Qué es una morronga? Es una mujer que aprendió que para conseguir novio, marido o cónyuge debe hacer ese papel perfectamente, y lo hace. Ella está dispuesta a aparentar y renunciar a sí misma con tal de tener al lado un hombre. Ella está asegurándose la supervivencia y la aceptación social de la forma en que por siglos ha funcionado… no la juzgo… la admiro porque no es una tarea fácil. La respeto porque, como todo acto de supervivencia, éste está impulsado por una fuerza que va más allá de los escrúpulos morales o éticos. Vale, es una estrategia más y debo reconocer que los hombres son muy débiles para resistirse y muy tontos a veces para discernir la verdad que se oculta detrás de sus palabras y acciones. Ellos (ustedes) también tienen incrustado en su cerebro un deber ser para la mujer y para sí mismos. Comprendo que es una tarea ardua cuestionar este tipo de cosas. Me doy cuenta de que para ustedes es más cómodo aceptar ciertos prejuicios que, en últimas, les reportan marcados beneficios en vez de ponerse a descubrir la riqueza y complejidad de un mundo compartido con una mujer que sería en sí su semejante: alguien que piensa, que siente, que desea, que teme, que aspira…

Felicito a aquellos hombres que de vez en cuando reflexionan acerca de todo lo que implica ser mujer, algo que no pedimos pero que marca cada uno de nuestros pensamientos, percepciones, actos y sentimientos. Sé que somos complicadas. Que nos contradecimos constantemente, que siempre queremos más… pero es que entiendan: es difícil ser mujer en un mundo hecho por y para hombres. A veces una no le encuentra en realidad grandes ventajas ni satisfacciones a este sino…


Para los demás hombres, una cordial invitación a ver más allá de sus narices…