Vicio, palabra que implica descontrol. Ser incapaz de decir no a algo que nos tienta y que está vinculado a algún tipo de placer o sensación. ¿Cómo saber cuando un acto se convierte en vicio? Bastante complicado. Puedes comer cuando te dan ganas, pero llega un momento en el que comer es un vicio. Dormir, las horas requeridas ¿Cuántas son? Depende de cada individuo. Pasado este lapso, cuando dormir es una costumbre que empieza a afectar nuestra vida y dejamos a un lado las responsabilidades, se convierte en vicio. Beber: esto si necesita un límite más claro y sin embargo es tan relativo. Si tomas cada fin de semana unos tragos o cervezas ya puedes ser adicto al alcohol. Si tomas todos los días un trago, el vicio está presente. Si a pesar de saber que no debes tomar en ciertas ocasiones no logras decir no, vicio. Fumar evidentemente es un vicio. Porque ¿Qué motivo razonable hace que deseemos chupar un cigarrillo, absorber su humo y exhalarlo? ¿Qué necesidad biológica llenamos? Ninguna. Fumamos por el simple hecho de fumar. Aparentemente.
La masturbación que, según los estudiosos, causa dependencia y según los moralistas, pervierte mental y espiritualmente. Esto si es tachado de vicio no importa con cuanta frecuencia se haga. Tener sexo con otra persona puede convertirse en un vicio cuando es un pensamiento recurrente y un deseo que pretendemos satisfacer constantemente.
Parece ser que toda actividad humana puede convertirse, fácilmente y sin que seamos conscientes, en un vicio. Somos susceptibles a la adicción. Unos se aficionan a sustancias, otros a objetos y los demás ponen su interés en una tercera persona. Parece también que la única forma de distinguir un vicio de la sana actividad es que el primero se hace sólo por el placer de hacerlo. No se acostumbra a medir sus consecuencias; de hecho a veces da la impresión de que ningún efecto negativo se desprende del acto.
Tal vez esa sea la línea divisoria. Si somos incapaces de renunciar a un placer inmediato, este deseo de complacencia es el que nos vuelve viciosos. ¿Pero no estamos acaso predestinados a lo banal? Cuando colocamos motivos trascendentes soportando cada uno de nuestros pasos ¿No estamos condenándonos a la frustración y a la decepción? Nuestra convicción en la profundidad del ser humano, en su capacidad para los sentimientos y los altos ideales ¿No son acaso obstáculos para percibir la verdadera dimensión humana? Nos resguardamos en causas altruistas y en deseos libres de egoísmo para estar tranquilos y sentirnos dignos del afecto de nuestros semejantes. Pero dentro de nosotros ¿No vemos acaso mucha carne real y afectos inventados? El momentáneo placer y gusto que hallamos en los vicios es quizás una forma de alterar o escapar de la realidad. El mundo es demasiado pesado para nuestras limitadas fortalezas. Huimos. Cada quien a su modo. Si unos se refugian en el trabajo y otros en la pereza, ¿Cuál es más vicioso? ¿En el fondo los dos extremos no traen idénticas consecuencias?
El vicio nos separa de nosotros o, por decirlo de alguna manera, nos hunde en nosotros. Formas diferentes de enfrentar lo aburrido, angustiante y desagradable de la vida, son caminos para alejarnos de los demás, del contexto y de irnos a un mundo imaginario que aunque no siempre es bueno ni bello, está fuera de la realidad. La lucidez y la conciencia no siempre son compañeras deseables. La felicidad es esquiva y se obtiene en dosis homeopáticas. Siempre tan poca. Como si el simple hecho de vivir condenados a desaparecer no mereciera al menos el consuelo de muchos momentos felices.
El vicio: consideramos que podemos dejarlo en cualquier momento. Que depende de nuestra voluntad. Frase típica del adicto: yo lo dejo cuando quiera. Pero el problema es que no queremos y está ahí al alcance de la mano. ¿Cómo decir que no? ¿Alguien está dispuesto a acompañarnos cuando el peso agobiante del aburrimiento, el dolor o el fracaso nos opriman? Entonces que nadie se sienta con derecho a darnos sermones de moral, de salud, de conciencia social... estamos solos y el vicio es un compañero que se da, que obviamente tiene su precio como todo en la vida. Pero igual, es eso o medir nuestra capacidad de lidiar con la existencia.
Eternos mamadores, deseamos que las cosas lleguen a nuestra boca y que para satisfacernos se requiera de un mínimo esfuerzo. Nunca dejamos de chupar, de desangrar. Vivimos pegados a la teta que se nos da fácil porque la merecemos por el hecho de ser eternos bebés. Es eso: el seno materno -y todas sus implicaciones- nos vuelve consumidores y la madre que nos da o nos niega la leche marca para siempre el destino de nuestro deseo. Mamamos y nos sentimos ebrios, tronchos, llenos a reventar, mareados de humo... y no dejamos de mamar. Nunca será suficiente alcohol, comida ni orgasmos. Queremos más y rápido. Apenas surja en nosotros el deseo. Que sólo sea estirar la mano y ya está.

mÍRIAm
27 feb 2007 | 08:30 PM
Y que sería de la vida sin sus placerescon su dolor, sin sus tirones, sus plays y sus stops; sus restricciones, sus riesgos, sus "una vez más" con sus correspondientes "esta es la última"... Esa agridulce sensación... La vida.. Aixx... 1 bsito ;)
zulu_noir
28 feb 2007 | 12:13 AM
joder m enkanta como escribes..! =P
te seguiré leyendo jefa :D
40noches
28 feb 2007 | 12:32 AM
Antes de empezar a comentar este post, me sorprendió el tag "autoerotismo" jijijiji.
Bueno parece que todo surge de...."la teta", nuestro primero gran vicio, bueno Freud decía que todo está en la niñez, so, puede que sea verdad.
Sí, yo tengo un vicio, no diré cual pero lo tengo y no sabes como me gusta, hasta lo justifico, pero es lo único que suele darme mi propio ser como consuelo a un mundo destructor. Y sí tienes razón, es tu propio mundo; el único refugio. "Es placer puro filtrado en la red de las cosas al abandono".
Wernez
28 feb 2007 | 01:47 AM
Vicio para mí es sinónimo de exceso. Absolutamente cualquier cosa puede ser buena en su justa medida, pero cuando pasamos esa medida (Una medida subjetiva de cada uno, absolutamente inobjetivable por más que se empeñen) entonces ya es vicio. Si no puedes prescindir, si tienes síndrome de abstinencia, la cosa está clara.
Desde esta perspectiva, leer tu magnífico blog se ha convertido para mí en un auténtico vicio...
rolandojtorres
1 mar 2007 | 04:49 AM
Dicen que Todo exceso es vicioso.
Pero el que tiene control sobre todos sus vicios actúa en exceso?
Seria el ser mas mediocre sin pasión o impulso que lo incline hacia algo o hacia alguien, y lo alejaría sin remedio de todos los demás, de esta forma también tendría un vicio, en el que se refugiaría y se alejaría de todos.
Todos necesitamos una inclinación una pasión o un vicio, el cual nos impulsa a refugiarnos en nosotros mismos y alejarnos de todos los demás, pero la cuestión es que tipo de afición desmesurada escojamos.
Algunos nobeles de paz han escogido el trabajo humanitario, y lo llevan hasta el extremo de abandonar sus vidas al servicio de los demás, esa pasión se convierte en vicio y olvidan muchas facetas de sus propias vidas.
Pero lo que la sociedad identifica como vicio son aquellas pasiones exageradas que nos hacen olvidar esas facetas de nuestras vidas tan necesarias para ser integrales y que además de eso nos perjudican tanto la salud mental como la física o son causales para perderlas.
Yo diría que el vicio es la necesidad que tiene todo ser humano para refugiarse en una actividad placentera que le satisfaga su necesidad imperiosa de sentirse único e irremplazable que alimente su ego y que fortalezca su identidad.
"Yo soy así, y que me acepten tal cual soy".
La educación debería inclinarnos hacia vicios no tan destructivos, como la lectura, los deportes, la salud, sin caer en otros mas destructivos como el consumo de sustancias psicoactivas, el juego, mentir, o la bulimia.
Pero quién puede encontrar mas placer en correr 20 kilómetros diarios mas que en comer un litro de helado?
Mucha es la educación necesaria para cambiar los valores de deseo y placer en los seres humanos.
Mientras tanto, no abusen mucho de sus vicios.