Pocos seres me han despertado estas ganas de hacer daño, de lastimar, de ayudar a hacer realidad los grandes temores, como éL.

Pocas personas han provocado un odio inexplicable, un deseo doloroso de ver al otro reducido a un muñeco patético...

Algo debe tener... ha sido capaz de sacar lo peor de mí: esa falta de escrúpulos, esa franqueza malintencionada y solapadas indelicadezas para con quien hasta el momento no ha movido un dedo en mi contra (El monstruo sale cuando te ama).

Recuerdo haber experimentado asco y remordimiento cierto día en que, transitando por la acera, vi a un pobre perro flaco y enfermo que casi se arrastraba: sentí unas fuertes ganas de darle una patada por el culo... no sé si han sentido algo así y considerando que hacia los animales profeso la única clase de amor que me es posible, pues quedé aterrorizada ante tal idea.

En otra ocasión me pasó algo semejante con un mendigo. Estaba sentado estirando la mano y esperando que alguien se compadeciera de él y le diera una mísera moneda... estupefacta sentí como mi corazón se encogía de lástima pero me cruzó inmediatamente una idea por la cabeza: si está mal, seguro lo merece. La crueldad no es mi afición y tampoco me dedico a hacer el mal; no me queda tiempo para eso ya que lo gasto casi en su totalidad en autodestruirme... pero bueno, después de escuchar a mi cabeza o a ese pequeño diablillo que se esconde detrás de mi oreja izquierda, pasé frente al mendigo con mi espíritu de burguesa de pacotilla y la conciencia tranquila.

¿Qué es lo que me pasa con éL? Trato de encontrar una explicación. Sé que si no hubiera existido esa mezcla de curiosidad, deseo y miedo, probablemente yo estaría implicada afectivamente con éL... no quiere decir que éL conmigo. Pero cuando sabes que dentro de alguien duerme un monstruo que podría hacerte pedazos, ya no te besas ni tienes sexo tranquilamente con ese alguien. Ya ni siquiera lo miras como un ser humano sino como un engendro que te encanta para poder descuartizarte mejor.

(Imagen vetada ;)

Digamos que yo lo único que hice fue adelantarme al monstruo y sacar Mi PeQueÑa FloR CaRNíVoRa para devorarlo antes de que éL mutara.

A diferencia del perro famélico y del mendigo, no siento asco,remordimiento ni lástima... aprovecho cualquier oportunidad para abrir mi pequeña florecita inocente y después de que éL ha puesto sus ojos sobre ella, creo una nube de efectos para que no pueda dejar de verla aunque le ardan los ojos.

En fin, sé que uso un lenguaje complicado, muy metafórico, no espero que entiendan, sólo pretendo explicarme este absurdo entretenimiento...