Debo confesar... esta libido alborotada la tengo desde hace muchos años. De hecho, desde que era apenas una chiquilla. Lo más gracioso de todo no era desear probar cosas de adultos, que eran casi totalmente desconocidas. No, lo gracioso es que mis primeras fantasías eróticas fueron con matachitos. ¡Sí! ¡Con matachitos! Y el primero, el Elegido, que rodó por mi cama de niña fue ni más ni menos que Liono, de los Thundercats.

Eso sucedía hace más de 20 años cuando los niños pasábamos toda la mañana del sábado hasta la una de la tarde mirando series de dibujos animados y de superhéroes: Los Pitufos, He-man, los Ositos Cariñositos, El auto fantástico, Manimal, Mazinger Zeta, B.J. McKey, Candy, los Superamigos, Heidy, la Abeja Maya y un etcétera de razones para estar pegado a la pantalla. Lo bacano era que en esa época los dibujos animados todavía tenían apariencia humana o eran en sí personas que contaban su historia, que se disfrazaban y adquirían poderes o animales con cualidades humanas. Caso distinto con los monos de ahora.

Bueno, por esas fechas yo tendría unos 8 años y mi preferido era Liono: lindo de cara, mechudito, salvaje, con un atlético cuerpo, con poderes especiales y además ligerito de ropas... creo que en cierto modo él marcó mis gustos hacia el sexo opuesto... jajaja.

En fin, vale recordar esas compañías de la niñez y reírse un poco de nuestras ocurrencias...