Cuando se ve una sometida al egoísmo, la desconsideración y el desamor de un hombre, existen varias maneras de dejarle inerme, herido o por lo menos inseguro frente a las mujeres que se crucen posteriormente en su camino. La estrategia se basa en el uso de algunos comentarios o acciones que menoscaban su amor propio.

El primero y peor de todos: hacer alusión a la insuficiente dimensión de su miembro viril. Por supuesto, para poder usar esta arma, será necesario que esté respaldada por la realidad.

Es bien sabido que pocos hombres se sienten abundantemente dotados: nunca están seguros de que la longitud y diámetro de su adorado miembro llene las expectativas sexuales de su compañera. Casi ninguno comprende que, en general, cualquier pene es satisfactorio si su propietario cuenta con cierto instinto, mucha pasión, ternura… y sobre todo, si se toma el tiempo de descubrir qué es lo que la mujer con la que se encuentra en ese momento desea.

Se da un curioso fenómeno que, debido a su repetición, podría fundamentar el tema de un estudio científico: todo hombre que tiene un pene de dimensiones inferiores a la media, suele preguntar a su compañera de cama: ¿Verdad que lo tengo pequeño? En esos casos ¿Qué podemos contestar? Es una situación embarazosa. ¿Cómo decirle que si nos hemos fijado, en realidad no tiene la mayor importancia? ¿Entenderá que en el orgasmo que acabamos de experimentar el pene no fue el leit motiv, sino él, sus besos, sus caricias, el ritmo de sus movimientos, sus gemidos? Si le respondemos que sí, evidentemente quedará destrozado… quizás para siempre. Si le respondemos que no, mira que la verdad está bien, empezará a hacer preguntas como: ¿Y cómo eran los de tus anteriores amantes? ¿Pero cierto que los hay bien grandes? ¿Y ya viste el del Tino Asprilla? En fin, es casi imposible salir bien librada del asunto. Queda, sin embargo, una evasiva que consiste en afirmar que el suyo es simplemente diferente y original, por ejemplo, que es agudo o cónico o… bueno, hay que tener gran imaginación para poder llevarlo a otros caminos y cambiar el tamaño por la forma.

Es anti-todo hablar de experiencias pasadas a nuestro actual amante, pero si él supiera que lo que hace nuestro deseo no es el tamaño de su pene, su velocidad o su repertorio de posiciones sexuales, probablemente la cosa sería más sencilla.

Si supiera, por ejemplo, de aquella patética tarde cuando por fin Fulano estuvo en mi cama, completamente desnudo con una erección de tamaña envergadura que no pude disfrutar porque el ego del Fulano le impedía el ejercicio de la seducción, sabría que en ese momento lo que yo deseaba era un hombre completo que estuviera cien por ciento conmigo, disfrutando el hecho de compartir nuestros cuerpos y deseos y no una masa de carne pendiente de una barra de carne entre sus piernas que por una vez más se masturbaría dentro de un cuerpo femenino.

Es ofensivo para la mujer que su amante la tome a la ligera y se crea que ella no se dará cuenta. Si se va a tener únicamente sexo, que sea buen sexo, señores. Porque no es estimulante saber que el tipo se cansó de masturbarse solo viendo revistitas y videitos y decidió pasar por tu cama para masturbarse acompañado. Porque para hacerse la paja basta con uno y su fértil imaginación.

Así es que comprenderán que después de este irrespeto a nuestra inteligencia y a nuestro deseo, no tengamos reparos en decir que sí, después de todo, sí lo tienes chiquito y qué se le va a hacer. Lo disfruté porque te tenía muchas ganas y sentía un orgasmo sólo con verte sobre mí o debajo de mí o detrás de mí, pero ya que poco aprecias mi flexibilidad respecto al tamaño pues, aquí termina la cosa.

Yo siempre he dicho que hay penes para vaginas, en realidad, no los hay grandes o pequeños, sino que se ajustan a determinadas parejas femeninas o no. Ya es cuestión de suerte que el hombre que tanto deseas sea ergonómicamente adecuado para ti.

Este tema espinoso me hace pensar en otro del que se prefiere no hablar. Es el del orgasmo femenino y sus razones profundas. Por experiencia personal puedo decir que los orgasmos, sola o acompañada, van ligados siempre a un video mental. Que en el video la ambientación o la compañía difieran de la realidad, exige más o menos destreza e imaginación. El orgasmo es el momento más solitario de la práctica sexual. Creo que principalmente este estallido de sensaciones requiere una fuerte carga de deseo y se desarrolla en la medida en que la realidad se compenetra con éste o nos transporta a la fantasía del momento. No se necesita un pene para lograr el orgasmo, ni siquiera un hombre, eso quiere decir que si tenemos sexo con un hombre, probablemente buscamos algo más. Quizás unos dulces besos, el calor y el peso de un cuerpo o la compañía de alguien que además de excitarnos nos divierte.

A esto es lo que llamamos estar enamorada. Vemos un hombre, nos parece bello, nos encantamos con su mirada, sus gestos, su porte y nos declaramos enamoradas y dispuestas a conquistarlo. Y si él corresponde a nuestro deseo, no hay nada más que decir.

Estar enamorada es lo que hace que sea secundario el tamaño de su pene: nos interesa que corresponda nuestras ganas, que sepa leer nuestro cuerpo y que esté ahí cuando está ahí. Porque no hay nada más placentero que compartir el deseo. Si no hay ganas no hay nada, digo yo. Lo demás es accesorio.

Si fuera por un pene, hay muchos a nuestro alrededor… probablemente más grandes y con erecciones de larga duración, pero sencillamente no nos interesan. Para qué negarlo, hay días de días, aquellos en que una se contentaría con un pene así no fuera acompañado de un hombre. Pero no se sale desesperada a cazar al primer calzoncillo que pasa. Simplemente pensamos en ese hombre que nos apetece, fantaseamos un rato y esperamos a que las condiciones sean favorables. Si no hay Romeo en el momento, seleccionamos un chico de la farándula y ya está. En mi cabeza he tenido sexo con actores, músicos y modelos.

Otra cosa que los hombres no entienden: estar sin pareja no significa que podamos aceptar las insinuaciones de cualquier hombre o estemos disponibles para todos. De pronto, si hay sintonía, coqueteamos un rato, hacemos esas miraditas o decimos esas frases sugestivas, pero de ahí no pasaremos. Para nosotras es un juego, excitante sí, pero no nos predispone sexualmente hacia el compañero de flirteo. Es un juego y la norma reza: No habrá piel con piel.

Hombres, no cargamos un flexómetro ni un calibrador en nuestro bolso. Un pene “grande” puede verse fantástico y darle material a la imaginación pero no garantiza un encuentro sexual placentero. También nos dan ganas a diario, también morboseamos y nos masturbamos. También tenemos nuestras inseguridades. Deseamos hombres de verdad, no penes ansiosos por quedar bien y angustiados si “quedaron mal”.

Exigimos ser comprendidas en nuestro deseo: no pedimos cinco orgasmos en cada jornada de sexo, queremos una relación sexual de reciprocidad. Procuren no estropear nuestro enamoramiento con comentarios cínicos o actitudes desconsideradas, porque para que una mujer se entregue totalmente en la cama necesita que la vean ante todo como persona. Y como dije antes, lo demás es accesorio.