EL INTERCAMBIO SIMBOLICO Y LA MUERTE III
El cuerpo marcado

Toda la historia actual del cuerpo es la de su demarcación, de la red de marcas y de signos que lo cuadriculan, lo parcelan, lo niegan en su diferencia y su ambivalencia radical para organizarlo en un material estructural de intercambio/signo, al igual que la esfera de los objetos, y resolver su virtualidad de juego y de intercambio simbólico en una sexualidad tomada como instancia determinante; instancia fálica, toda ella organizada en torno al fetichismo del falo como equivalente general. Moda publicidad, nude-look, teatro desnudo, strip-tease: en todas partes es el escenodrama de la erección y de la castración. Las botas hasta los muslos, el short bajo el abrigo largo, los guantes más arriba del codo… pero también las pulseras, collares, anillos, correas… en todo lugar el escenario es el mismo: una marca que toma fuerza de signo y, por eso mismo, función erótica perversa, una línea de demarcación que simboliza la castración, que parodia la castración como articulación simbólica de la carencia, bajo la forma estructural de una barra que articula dos términos plenos… lo mismo con el borde de la media sobre el muslo: el poder erótico de esta imagen proviene, no de la proximidad del sexo real y de su promesa positiva (en esa perspectiva funcionalista ingenua, el muslo desnudo debería desempeñar el mismo papel), sino de que el temor del sexo (el reconocimiento pavoroso de la castración) queda allí detenido con una puesta en escena de la castración; esta marca inofensiva del borde de la media, más allá de la cual en vez de la carencia, de la ambivalencia y de la sima, no hay sino lo pleno sexual;…el cuerpo despojado de toda amenaza.

La erotización consiste, pues, en todas partes, en la erectibilidad de un fragmento del cuerpo sellado por la barra, en esa fantasmatización fálica de todo lo que está más allá de la barra en posición de significante, y en la reducción simultánea de la sexualidad al rango de significado (de valor representado).

El cuerpo entero está disponible, bajo innumerables formas, para ese marcado/mutilación seguido de veneración fálica (exaltación erótica)… El acto sexual no es a menudo posible más que al precio de esa perversión: el cuerpo del otro es fantasmado como maniquí, falo/maniquí, fetiche fálico, mimado, acariciado, poseído como su propio pene.

Ojos metamorfoseados por el maquillaje, es la reducción estática de esa amenaza, de la mirada del otro donde el sujeto puede verse en su propia carencia, pero en la que también puede abolirse vertiginosamente si se abren sobre él. Esos ojos sofisticados, medúsicos, no miran a nadie, no se abren sobre nada. Sometidos al trabajo de signo, tienen una redundancia del signo: se exaltan con su propia fascinación, y su seducción proviene de ese onanismo perverso.

...lleva a un recrudecimiento erótico del cuerpo femenino, porque éste, privado de pene, es el que mejor se presta a la equivalencia fálica. Si el cuerpo masculino no permite, ni mucho menos, el mismo rendimiento erótico, es porque no permite ni el llamado fascinante de la castración, ni el espectáculo de su superación continua.

Por otra parte, muy frecuentemente, esta desnudez está resaltada por el espejo; de todos modos, es en la repetición como la mujer fija “el cuerpo con el que sueña: el suyo”…y que restituye, como un espejo, la regla fundamental del cuerpo en materia erótica, la de volverse, para ser celebrada fálicamente, la sustancia diáfana, lisa, depilada, de un cuerpo glorioso y asexuado.

La piel misma no se define como “desnudez”, sino como zona erógena: medio sensual de contacto y de intercambio, metabolismo de la absorción y de la secreción…es negada en provecho de una segunda piel no porosa, sin exudación ni excreción, ni caliente ni fría, sin granos ni asperezas, sin espesor propio, sobre todo sin orificio…todas estas cualidades, son cualidades de clausura… Esta vitrificación de la desnudez está emparentada con la función obsesiva del revestimiento protector de los objetos…

“El cuerpo desnudo es una máscara inexpresiva que oculta la verdadera naturaleza de cada uno”. Clausura del espejo, duplicación fálica de la marca: en ambos casos el sujeto se seduce a sí mismo. Seduce a su propio deseo y lo conjura en su propio cuerpo duplicado por los signos…esquivar el deseo del otro (su propia carencia), y en cierta forma ver (verse) sin ser visto. La lógica del signo se une a la lógica de la perversión.

El strip-tease es una danza… su secreto es la celebración auto-erótica por una mujer de su propio cuerpo, que se vuelve deseable en esa misma medida. Sus gestos tejen alrededor de ella el fantasma del compañero sexual…pero al mismo tiempo, ese otro queda excluido, puesto que ella lo sustituye y se apropia de sus gestos a través de un trabajo de condensación que no está lejos, en efecto, del proceso del sueño..Todo el secreto erótico del strip-tease está en esa evocación y revocación del otro, mediante gestos cuya lentitud es poética,…porque entonces algo, antes de realizarse, tiene tiempo de faltaros, lo que constituye, si la hay, la perfección del deseo.