Gran día de las amantes empedernidas
de sus propios sexos ardorosos,
conjunto de curvas onduladas
comprometiéndose con el placer,
olvidando que hay un "derecho de las cosas"
una Ley de la Heterosexualidad.
Homo no cabe en las conciencias
aunque detrás de esos rostros marchitos
se pudran deseos amorfos de lesbianismo
disfrutado por las grandes y pequeñas damas.
Ellas se enamoraron, se enamoran y lo harán nuevamente
cuando sientan en sus palpitantes senos
el calor de la vida, de repente azotados por la curiosidad.
Y coquetearán, sonreirán con alegría
al descubrir sentimientos compartidos
y tocarán sus manos con pudor fingido
luego sus pomos redondeados como la silueta femenina
y pensarán la manera de divertirse sin quedar en evidencia.
Pasando el umbral nadie sabe qué sucede en sus cabezas,
en las duchas, en sus lechos. Sólo ellas.

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