Amig@s, largo tiempo hemos estado engañados. La historia es un relato incompleto y si además sufrimos de falta de curiosidad podemos durar toda la vida creyendo en lo primero que nos dijeron, leímos o se nos cruzó por la mente.
Experiencias de diversa índole me han llevado hoy a reflexionar sobre... montón de temas... en los cuales trataré de no profundizar porque el post podría ser indigerible. Quiero es mostrarles las conclusiones aberradas a las que he llegado.
Primero, sépase que un buen ex-fanático ha sido primero un creyente acérrimo. Un creyente decepcionado. Un creyente que siempre quiso ir más allá hasta que le pasó lo que en cierta película de la cual no recuerdo el nombre: se va el tipo en auto por una vía solitaria, casi un desierto, siguiendo un mapa que le dice: "Si quieres saber la verdad, conduce por donde indican estas flechitas =>=> y por nada del mundo te detengas". Y ahí lo tienes: el tipo llega al borde... de su mundo... y el resto es un paisaje inconcluso de líneas verde fluorescente sobre fondo negro, cual MaTriX. Sí, amig@s, eso pasa también en la vida real. Y para ser un poco más dramática, les confesaré que pienso que todo lo que se ve en las películas ha pasado, está pasando o pasará algún día. A dios gracias, aunque es realmente una lástima, mi acceso al cine es restringido. O ya podrían imaginar un caso de extrema paranoia.
Iba diciendo: un buen ex-fanático... y cuando hablo de creyente no me refiero únicamente a temas religiosos. Ustedes saben, cuando se habla de creer. Creer abarca todo aquello en lo que depositas tu fe, tu capacidad de reposar en cierta dudosa pero tranquilizadora seguridad. Nadie te garantiza que tal como crees será. Pero te das por bien servido si te has agarrado a algún concepto, visión del mundo, de la vida, de las personas, del espacio, del tiempo y de cosas supuestamente más trascendentales que, es probable, nunca tendrás ocasión de comprobar si realmente existen. (Después de todo, ¿Qué es existir? Si está en tu mente, existe... en tu mente).
He consumido febrilmente información, ideas, palabras. Las he masticado, comparado, deglutido, absorbido, integrado a mi cuerpo, grabado con fuego en cada neurona, inyectado en cada célula... luego les he dado la vuelta como a una media, he visto su adentro y su afuera, las he sometido al rigor de noches rumiando sobre inacabables por qués... yo formulo las preguntas, yo me doy las respuestas. Me pasa siempre: sobria, ebria, alucinada, dormida o despierta. Yo me acoso con mil incógnitas y luego me debato contra el vaivén de mil respuestas, todas las cuales me llevan a plantear otra cadena de dudas...
Señoras, señores: Todo discurso es una falacia. Todo lo que digan las palabras está basado en la mentira. Todo intento de explicar el mundo y lo que contiene es absurdo. Nadie, léase y entiéndase, nadie tiene la Verdad. Y está bien que así sea. Nunca, léase y acéptese, nunca podrá el ser humano con las palabras, míseros, prostitutos y convenientes instrumentos, expresar su verdad, lo que yace dentro de sí mismo, lo que inunda su mente, su corazón, lo que circula por su cuerpo...
¡Oh, palabras! ¡Tanto me han dado: aún la posibilidad de repudiarlas usándolas en su propia contra!
Palabras, hoy siento un asco infinito de haberlas amado tanto y haber recibido siempre lo mismo: más palabras. Hoy proclamo en mí mil muertes: cosmogonías, filosofías, metafísicas y demás artilugios para seres hambrientos de eternidad. Mi alma es ahora un océano ilimitado donde habitan entes sin nombre; un refugio sin paredes ni techo; una ruina de hogueras donde arden Nietzsche, Freud, Barthes, Baudrillard, Hesse, Ciorán y mil dementes más con todas las letras que llenaron mi cabeza. Hoy acepto que dentro de mí conviven todas sus mentiras juntas amancebadas plácidamente con todas las que me he dado a la tarea de crear.
Yo sólo aspiro a mi verdad, a entregarme entera a cualquier mentira que haga de este mundo un lugar del que pueda despedirme con el alma rebosante de tranquilidad...
