Ayer justo tuve la suerte de escuchar la historia de un hombre, un ser humano como tú o como yo, sólo que con un poco más de aciertos, un poco más de éxito y un pocotón más de dinero.
Este hombre, un hombre como cualquiera, gracias a una feliz conjunción de cualidades, habilidades y oportunidades, creó una empresa que con el tiempo, realmente muy poco, se convirtió en un hermoso monstruo de prosperidad.
A sus menos de 35 años, este hombre tenía ya en compañía de sus dos hermanos un imperio, reputación, estatus, ex-esposa, poder, dinero por montones y probablemente ambiciosos proyectos a largo plazo... pero algo sucedió y su historia dio un pequeño giro.
Dentro de todo hombre y toda mujer duerme un vertiginoso deseo de claudicar. Secreto, vigente y atractivo. Muchos seres humanos duran toda su vida en esta lucha: agitarse hasta morir o detenerse en vida. Dejarse aplastar por las circunstancias o seguir adelante contra todo pronóstico.
Nada era desfavorable al hombre de la historia. Sólo el deseo de claudicar, de hallar una dudosa redención, de despreciar su aparente fortuna y entregarse totalmente a una idea absurda... que fue lo que sucedió. Encontró un camino, el Verdadero, se quitó el saco y la corbata, quemó todos los documentos que lo acreditaban como propietario, se deshizo de gran parte de su riqueza, botó por el inodoro su BlackBerry, se alejó de la civilización y decidió dedicar lo que le queda de vida a repartir generosamente algún par de millones entre la gente pobre.
¿Cómo saber si su decisión fue la mejor? ¿La mejor para quién? Este hombre es un iluminado o un loco. De eso no me cabe duda. También podría ser un loco iluminado. Las personas de su círculo y sus pares, más que comprenderlo, lo compadecen. No logran entender que haya renunciado a lo que todo el mundo quiere tener. Ya se hacen apuestas sobre cuánto tiempo durará su euforia espiritual.
¡Y pensar.....!!! este tipo de actos son los que conmueven los cimientos de la estupidez colectiva. Ojalá hubiera más almas así de valerosas. Dejando de lado que de aquí a mañana se arrepienta o regrese al mundo del que ahora huye, su hazaña es admirable. Ha tratado de ser consecuente con su recién adquirido concepto de felicidad o por lo menos de realización. Que alcen la mano diez o, al menos, tres personas entre los lectores que hayan sido capaces de hacer lo mismo. Yo no puedo alzarla. He sido infiel a mi verdad toda la vida, con algunos cortos lapsos de arrojo, los cuales he pagado con lágrimas y sangre.
Ahora bien, su nuevo camino tiene otro mérito que le adorna. Lo tenía todo. Yo no tengo sino la nada y sin embargo, temo perderla. Así de mísera es la vida de muchas personas. Aferradas a sus necesidades, a sus mezquinos escombros de seguridad...
¡Y sin embargo.....!!!! queda una duda. Una pregunta tormentosa para almas como la mía. Seres como él tienen derecho a una inconmensurable equivocación ya que han sido geniales. ¿Y yo? Mediocremente se vive, mediocremente se muere...
¡Y sin embargo.....!!!! ¿Lo tenía todo? Mucho me temo que no. Sigue siendo mi humilde nada tan atractiva como su todo aparente, sólo que mi nada ha carecido casi siempre de emoción. He ahí la sutil diferencia.
