Voy a empezar por hacer una aclaración para la gente que no tiene todavía bien definidos los conceptos.
Mundo: Planeta en el que viven los seres humanos. Conjunto de todas las cosas que existen, incluyendo las que se encuentran fuera del planeta Tierra. (http://es.thefreedictionary.com/mundo)
Virtual: Que existe sólo aparentemente y no es real. (http://www.alegsa.com.ar/Dic/virtual.php)
Quedaría algo así como: creación que simula el planeta donde viven los seres humanos y las cosas que allí existen (o que nos gustaría que existieran). Lo más importante a mi parecer es entender que no es real -aunque la definición de "lo real" debería ser también cuestionada y replanteada-.
La primera cosa que tengo que decir es que hablo con la voz de la experiencia. No serán muchos los años que llevo en esto del Internet peroooo... son suficientes los errores cometidos y las satisfacciones obtenidas.
A estas alturas todavía hay quienes no distinguen el Mundo Virtual de la Realidad Real (valga la redundancia; también hay Realidad Virtual). Y no me refiero a las personas que se meten tanto en el mundo virtual que terminan creyendo que es real. Me refiero a aquell@s que al juzgar la actitud de quien así actúa, esgrimen argumentos según los cuales pretenden exigir a la virtualidad características propias y únicas de la realidad.
¿Por qué ha alcanzado tanta trascendencia lo virtual? El mundo actual no sabría, no podría, funcionar sin su paralelo virtual. Desafortunadamente hay mucha gente que se la pasa metida ahí pero no se da cuenta. Lamentablemente hay muchos especialistas que creen que a pesar de que las personas viven ahora atosigadas con aparatejos y tecnologías, que supuestamente se han creado para facilitar sus actividades laborales y personales, van a seguir funcionando igual que hace 20 años. No. Estos especialistas son los mismos que no tardan en descubrir nuevas y terribles patologías donde, para variar, el ser humano pierde totalmente el control ante el nuevo juguete. Y también, para variar, terminan echándole la culpa al juguete.
¿Quién no vive o hace parte del mundo virtual? Son pocos los afortunados. Educación virtual, empleos virtuales, arte virtual, relaciones virtuales, sexo virtual, fuentes virtuales de información, negocios virtuales... ¡Si es que ya vivimos más en ése que en este mundo! Pero las personas, ingenuamente, creen que se pueden obtener los beneficios sin pagar el precio. Más aún, pretenden de manera absurda que la vida siga dando las mismas soluciones de antaño para problemas que son novedosos. De hecho, ya no estoy muy segura de que se trate de problemas. Son efectos apenas lógicos.
Como siempre, las cosas empiezan a ser inquietantes cuando atentan contra los principios de funcionamiento del sistema. Seamos realistas. A las empresas no les interesa que sus empleados se vuelvan adictos a Internet siempre y cuando esto multiplique sus ganancias. A las mamás y los papás les tiene sin cuidado que el adolescente no tenga amigos y se la pase encerrado en el cuarto. Lo que les preocupa es que el recibo de la luz llegue tan caro porque el niño o la niña se la pasan chateando hasta las 4 de la madrugada. A la señora le es indiferente que su marido tenga una aventura cibernáutica con una despampanante rubia. Lo que le choca es verse comparada con una mujer que posiblemente no exista y saber que su cónyuge está hecho un completo idiota por ella sin haberle tocado un pelo.
En países latinos el asunto es preocupante, pero en Estados Unidos donde desde hace años los niños tienen acceso en su propia casa a Internet y donde los trabajos se basan prácticamente en relaciones y actividades virtuales, la cosa pinta grave. Tan grave que ya existen Centros Virtuales de Desintoxicación para adictos a Internet. Paradójicamente virtuales. A la manera homeopática, se cree que una dosis pequeña y controlada del mismo veneno sirve para combatir el mal.
Quizás uno de los temas que más ha despertado controversia es el de las relaciones virtuales. Hablamos de relaciones afectivas, para ser más exactos. Éstas por lo general van acompañadas de sexo, no nos digamos mentiras (si no, ¿Cuál sería su atractivo?). Veamos qué dice la definición genérica:
Relación: vínculo entre dos o más entidades que describe alguna interacción entre las mismas.
Empezando, hay quien duda de que este fenómeno sea posible. Se figuran que no hay relación si la cosa no se puede ver, tocar, probar, etc., es decir, si no se puede experimentar con los sentidos. Así son de superficiales. Tengo una amiga que me dijo: ¿Cómo le puede gustar? ¡Ni siquiera lo ha olido! -¡Tanto mejor! -espeté yo- es francés, debe oler horrible.
Dejando de lado tales apreciaciones desde todo punto de vista inválidas, valga decir que sí existen las relaciones virtuales. ¿Son patológicas? Tanto como lo pueda ser cualquier relación. Partimos del principio de que toda relación entre los seres humanos es patológica (algo así concluí de lo que dijo Freud, quien era un obsesivo monotemático). ¿Son manifestaciones de trastornos de la personalidad y de las relaciones interpersonales? Probablemente. Pero lo que da pie para tantos debates es que ya las enfermedades y perversiones psico-sociales de las personas se están escapando del control de las autoridades civiles, médicas, religiosas y morales, por la sencilla razón de que se desarrollan en un mundo aparente donde tú no necesitas ser tú, donde él no necesita ser él, de hecho pocos quieren ser sí mismos y eso es lo verdaderamente mágico y atrayente. Como pertenecen al mundo virtual, aun cuando llegan en muchas ocasiones a alterar la realidad real, es poco lo que se puede hacer al respecto hasta tanto las consecuencias sean tangibles.
¿Cuál es el encanto de las relaciones virtuales? se preguntan los que nunca las han vivido o quienes han salido frustrados en el intento. Puedo decirlo sin reparo: precisamente que son virtuales. Continúa kinga mi amiga con sus preguntas insidiosas:
-¡Pero vive tan lejos!
- ¿Y qué? En Internet la distancia no existe.
- ¿Cómo puede mandarle el beso de las buenas noches si allá ya amaneció?
- En Internet no existe el tiempo, tampoco las estaciones.
- Pero ¿Y si es casado?
- No importa, no lo quiero para marido.
- Pero hace falta el beso...
- Tengo orgasmos, eso es suficiente.
- Pero si ve? es una relación basada en sexo...
- ¿Hay alguna que no lo sea? En todo caso no me interesa cocinar, lavar ni planchar. Me quedo con la mejor parte.
- ¿Y que tal que no esté muy bien dotado?
- ¡Qué importa! Igual las fotos que le he mandado son retocadas.
- ¿Y qué va a hacer si le propone conocerse personalmente?
- Fácil. Lo saco de mi Lista de amigos y pongo su e-mail como No deseado.
- Seguro no es tan bueno en persona...
- No lo voy a canonizar. Me cae bien, me gusta y me escribe cosas bonitas.
-¿Y si usted se enamora?
- Demasiado tarde para hacer esa pregunta.
- Todos sus enamorados de los últimos tres años son virtuales. ¿Cuándo piensa tener a alguien real?
- ¿Qué quiere? ¿Que me cuelgue un aviso al cuello que diga "Chica joven, guapa e inteligente -osease yo- busca amante" y salga a la calle?
Sí, también tiene sus desventajas. Como no es real es complicado encontrar el defecto que desencante. Virtualmente podría ser perfecto ¡por siempre! Por fortuna existe la frustración propia derivada del hecho de que no se puede gozar con los sentidos, lo cual más temprano que tarde pone fin al asunto (ya se hicieron investigaciones serias al respecto: debido a esto, por lo general, el ciberenamoramiento no dura más de 3 meses -lo cual pasa también con el real, seamos honestos- a menos que sea una verdadera ciberpatología compartida). Esta desventaja viene acompañada de una solución: fácilmente se consigue el clavo que saca otro clavo.
Olvidémonos del Chat. Eso es prehistoria. Las comunidades sociales virtuales son lo in. Si no perteneces a ninguna, es probable que no existas. Ahí se encuentran aplicaciones todas ideadas con el fin de enganchar incautos, causar divertidas adicciones y multiplicar contactos con personas de cualquier lugar del mundo que jamás conocerás. ¿Pero ahora quién quiere conocer a nadie? Lo que importa es tener contactos, ¡muchos contactos!