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La Coctelera

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La PaLaBra: Destino IneXoraBle

Categoría: FrAgMeNTos De DiaRiO

11 Septiembre 2009

A lo largo de mi vida he ocupado cinco camas propias y por lo menos unas cinco decenas más entre camas ajenas y de hotel.

De 11.928 noches, he dormido acompañada más de la mitad y recuerdo con especial interés las que he compartido con hombres. Exceptuando parejas y amantes, he pasado noches con poco más de treinta entre amigos, conocidos, compañeros de estudio o prospectos de amante y he tenido que hacer uso de toda mi creatividad para evadir sus insinuaciones de tener sexo.

He llegado a la conclusión de que tan extraña costumbre obedece a un imperativo natural: hormonal, instintivo, de género. Para la mayoría de hombres es bien difícil concebir pasar una noche en la misma cama con una mujer y no tener sexo con ella. A menos, claro está, que se trate de su madre... aunque casos se han visto.

Los hombres usan varias estrategias -más o menos torpes- para acercarse y dar a entender su intención. No sirve de nada aclarar, antes de irse a la cama, que el objetivo es dormir. La primera frase que se le ocurre es: "Tranquila que no pasará nada que no quieras". ¿No es curioso? Es una amenaza encubierta. Él espera, ciertamente, que algo pase. Espera también que sea algo voluntariamente aceptado, mas se evidencia que la cosa tal no surgirá de manera espontánea: alguien propondrá y el otro alguien dirá si está dispuesto o no. Si ambos quisieran, el asunto no entraría siquiera en discusión. Pasaría y ya. ¿Alguno de los caballeros recuerda una dama que le haya dicho que "no pasará nada que no quieras"? Permítanme ponerlo en duda.

Es bastante incómodo para la mujer. Nunca se está del todo tranquila. En principio está el asunto del pijama. Aunque sea poco confortable a veces sería aconsejable acostarse en jean y dejarse la mayor cantidad de prendas posible, incluso los zapatos por si fuera necesario dar alguna patada a medianoche. Los pijamas suelen ser prendas pequeñas de telas muy delgadas, por tanto, pueden servir de excusa para el posterior abordaje. Luego vamos a ver que, entre chanza y chanza, el hombre anuncia que cuando está dormido, sin darse cuenta, le echa la pierna encima al que está al lado. Por supuesto, este fenómeno nunca se presenta cuando el acompañante es hombre. En tal caso, si sucediera que no hay más remedio que compartir la misma cama, se harán cada uno en extremos opuestos, en el puro borde del colchón y no pegarán el ojo en toda la noche para evitar el riesgo de tocar por accidente al otro. Un ataque de amabilidad lleva a algunos a preguntar a la mujer qué lado de la cama prefiere, sin embargo esta no es la regla. Puede parecer ocioso escoger derecha o izquierda si sus elucubraciones le muestran una seductora escena en la cual ambos intentan ocupar idéntica franja.

Pero quizás lo más tenebroso es cuando la luz se apaga. El tipo que parecía estar lo suficientemente lejos como para sentirnos a salvo, se revuelca tantas veces como haga falta hasta que, de manera sorprendente, sentimos su aliento caliente en la oreja. Nada más desagradable. Si se tratara de un amante deseado no habría mayor placer. Después, como quien no quiere la cosa, pone su mano sobre nuestra cadera. ¡Horror! ¡Nos espera una noche larga y tortuosa!

Imposible dormir en estas condiciones. Viene a mi mente una frase bastante ilustrativa de un amigo al que tengo en gran estima: "Que conste que es porque tú no quieres". De pronto sentí que para él era un deber ineludible, una especie de cortesía masculina ofrecerme una noche que, en su opinión, habría de ser harto placentera. De la manera más cariñosa lo ha intentado en tres ciudades diferentes donde han tenido lugar nuestros esporádicos encuentros. Siempre ha recibido la misma respuesta. Y siempre ha vuelto a intentarlo.

11 Abril 2009

Los días son fáciles. Todo es visible, claro, animado, ruidoso. Los días no nos dejan ver. Podemos sentirnos solos, pero en realidad nunca lo estamos. En cambio las noches son otra cosa. Las noches son difíciles y aún, en ocasiones, se tornan complicadas. En la noche todo es oscuro, quieto; los sonidos se destacan sobre un fondo silencioso y los rayos de luz, en vez de aclarar, enfatizan un cúmulo amenazador de sombras que parecen moverse hacia uno. Las noches son más propicias para ver. El ojo se halla obligado a ayudarse del oído, de las manos, del olfato. Por tanto, vemos con todos los sentidos. Vemos demasiado. Vemos hacia dentro. En las noches nunca nos sentimos solos a pesar de que estemos guardados en una casita de campo lejos de otras personas. Con los ojos abiertos a la noche, atrapados en el insomnio, nuestra propia presencia se hace demasiado real, pesada, imposible de ignorar.

Los días se desarrollan en ausencias que la mente trata de llenar con recuerdos o fantasías. La noche, en cambio, está llena de presencias. De día las cosas existen, están ahí y no tenemos que comprobarlas. De noche las cosas sólo existen en nuestra mente y debemos tocarlas para que se materialicen. Echados en el suelo y protegidos bajo la luz de una bombilla, el cuarto contiguo, en su oscuridad, nos muestra ojos vigilantes y nos sugiere suspiros que vienen del otro lado del océano.

Un día puede metamorfosearse en noche y viceversa. Un día todo puede volverse tan oscuro que debamos ver hacia dentro. Un día puede suceder que equivoquemos el camino y tengamos que andar en cuatro patas, olfateando los rincones, hasta encontrar nuevamente la ruta. Un día, en un momento de hiperbólica claridad, podemos darnos cuenta de que estamos dormidos.

También hay noches que cruzan el velo. Noches en que presentimos que si nos asomamos a la ventana descubriremos que la vida continúa su ritmo aún en nuestra ausencia. Noches tan plenas de luz que es probable que no amanezca. Noches en que nos soñamos despiertos y otras en que soñamos soñar.

Este mundo sólo es real para nosotros, para cada uno. Este mundo es mío e inexistente para los demás. Es probable que los demás no sean reales o sólo lo sean en este mi mundo ¿Cómo saberlo? Nunca nadie ha podido probar a otro su existencia. Nuestras vidas se desarrollan en mundos paralelos. La distancia no es un asunto espacial, quizás su carácter tenga más bien un sentido temporal. Coincidimos a veces en el lugar pero jamás en el momento. Cada uno recorre su propio túnel y así como los sueños propios no se tejen con los ajenos, cada paso que damos nunca podrá ser pisado por otro pie que no sea el nuestro una única vez y para siempre...

31 Diciembre 2008

Voy a empezar por hacer una aclaración para la gente que no tiene todavía bien definidos los conceptos.

Mundo: Planeta en el que viven los seres humanos. Conjunto de todas las cosas que existen, incluyendo las que se encuentran fuera del planeta Tierra. (http://es.thefreedictionary.com/mundo)

Virtual: Que existe sólo aparentemente y no es real. (http://www.alegsa.com.ar/Dic/virtual.php)

Quedaría algo así como: creación que simula el planeta donde viven los seres humanos y las cosas que allí existen (o que nos gustaría que existieran). Lo más importante a mi parecer es entender que no es real -aunque la definición de "lo real" debería ser también cuestionada y replanteada-.

La primera cosa que tengo que decir es que hablo con la voz de la experiencia. No serán muchos los años que llevo en esto del Internet peroooo... son suficientes los errores cometidos y las satisfacciones obtenidas.

A estas alturas todavía hay quienes no distinguen el Mundo Virtual de la Realidad Real (valga la redundancia; también hay Realidad Virtual). Y no me refiero a las personas que se meten tanto en el mundo virtual que terminan creyendo que es real. Me refiero a aquell@s que al juzgar la actitud de quien así actúa, esgrimen argumentos según los cuales pretenden exigir a la virtualidad características propias y únicas de la realidad.

¿Por qué ha alcanzado tanta trascendencia lo virtual? El mundo actual no sabría, no podría, funcionar sin su paralelo virtual. Desafortunadamente hay mucha gente que se la pasa metida ahí pero no se da cuenta. Lamentablemente hay muchos especialistas que creen que a pesar de que las personas viven ahora atosigadas con aparatejos y tecnologías, que supuestamente se han creado para facilitar sus actividades laborales y personales, van a seguir funcionando igual que hace 20 años. No. Estos especialistas son los mismos que no tardan en descubrir nuevas y terribles patologías donde, para variar, el ser humano pierde totalmente el control ante el nuevo juguete. Y también, para variar, terminan echándole la culpa al juguete.

¿Quién no vive o hace parte del mundo virtual? Son pocos los afortunados. Educación virtual, empleos virtuales, arte virtual, relaciones virtuales, sexo virtual, fuentes virtuales de información, negocios virtuales... ¡Si es que ya vivimos más en ése que en este mundo! Pero las personas, ingenuamente, creen que se pueden obtener los beneficios sin pagar el precio. Más aún, pretenden de manera absurda que la vida siga dando las mismas soluciones de antaño para problemas que son novedosos. De hecho, ya no estoy muy segura de que se trate de problemas. Son efectos apenas lógicos.

Como siempre, las cosas empiezan a ser inquietantes cuando atentan contra los principios de funcionamiento del sistema. Seamos realistas. A las empresas no les interesa que sus empleados se vuelvan adictos a Internet siempre y cuando esto multiplique sus ganancias. A las mamás y los papás les tiene sin cuidado que el adolescente no tenga amigos y se la pase encerrado en el cuarto. Lo que les preocupa es que el recibo de la luz llegue tan caro porque el niño o la niña se la pasan chateando hasta las 4 de la madrugada. A la señora le es indiferente que su marido tenga una aventura cibernáutica con una despampanante rubia. Lo que le choca es verse comparada con una mujer que posiblemente no exista y saber que su cónyuge está hecho un completo idiota por ella sin haberle tocado un pelo.

En países latinos el asunto es preocupante, pero en Estados Unidos donde desde hace años los niños tienen acceso en su propia casa a Internet y donde los trabajos se basan prácticamente en relaciones y actividades virtuales, la cosa pinta grave. Tan grave que ya existen Centros Virtuales de Desintoxicación para adictos a Internet. Paradójicamente virtuales. A la manera homeopática, se cree que una dosis pequeña y controlada del mismo veneno sirve para combatir el mal.

Quizás uno de los temas que más ha despertado controversia es el de las relaciones virtuales. Hablamos de relaciones afectivas, para ser más exactos. Éstas por lo general van acompañadas de sexo, no nos digamos mentiras (si no, ¿Cuál sería su atractivo?). Veamos qué dice la definición genérica:

Relación: vínculo entre dos o más entidades que describe alguna interacción entre las mismas.

Empezando, hay quien duda de que este fenómeno sea posible. Se figuran que no hay relación si la cosa no se puede ver, tocar, probar, etc., es decir, si no se puede experimentar con los sentidos. Así son de superficiales. Tengo una amiga que me dijo: ¿Cómo le puede gustar? ¡Ni siquiera lo ha olido! -¡Tanto mejor! -espeté yo- es francés, debe oler horrible.

Dejando de lado tales apreciaciones desde todo punto de vista inválidas, valga decir que sí existen las relaciones virtuales. ¿Son patológicas? Tanto como lo pueda ser cualquier relación. Partimos del principio de que toda relación entre los seres humanos es patológica (algo así concluí de lo que dijo Freud, quien era un obsesivo monotemático). ¿Son manifestaciones de trastornos de la personalidad y de las relaciones interpersonales? Probablemente. Pero lo que da pie para tantos debates es que ya las enfermedades y perversiones psico-sociales de las personas se están escapando del control de las autoridades civiles, médicas, religiosas y morales, por la sencilla razón de que se desarrollan en un mundo aparente donde tú no necesitas ser tú, donde él no necesita ser él, de hecho pocos quieren ser sí mismos y eso es lo verdaderamente mágico y atrayente. Como pertenecen al mundo virtual, aun cuando llegan en muchas ocasiones a alterar la realidad real, es poco lo que se puede hacer al respecto hasta tanto las consecuencias sean tangibles.

¿Cuál es el encanto de las relaciones virtuales? se preguntan los que nunca las han vivido o quienes han salido frustrados en el intento. Puedo decirlo sin reparo: precisamente que son virtuales. Continúa kinga mi amiga con sus preguntas insidiosas:

-¡Pero vive tan lejos!
- ¿Y qué? En Internet la distancia no existe.

- ¿Cómo puede mandarle el beso de las buenas noches si allá ya amaneció?
- En Internet no existe el tiempo, tampoco las estaciones.

- Pero ¿Y si es casado?
- No importa, no lo quiero para marido.

- Pero hace falta el beso...
- Tengo orgasmos, eso es suficiente.

- Pero si ve? es una relación basada en sexo...
- ¿Hay alguna que no lo sea? En todo caso no me interesa cocinar, lavar ni planchar. Me quedo con la mejor parte.

- ¿Y que tal que no esté muy bien dotado?
- ¡Qué importa! Igual las fotos que le he mandado son retocadas.

- ¿Y qué va a hacer si le propone conocerse personalmente?
- Fácil. Lo saco de mi Lista de amigos y pongo su e-mail como No deseado.

- Seguro no es tan bueno en persona...
- No lo voy a canonizar. Me cae bien, me gusta y me escribe cosas bonitas.

-¿Y si usted se enamora?
- Demasiado tarde para hacer esa pregunta.

- Todos sus enamorados de los últimos tres años son virtuales. ¿Cuándo piensa tener a alguien real?
- ¿Qué quiere? ¿Que me cuelgue un aviso al cuello que diga "Chica joven, guapa e inteligente -osease yo- busca amante" y salga a la calle?

Sí, también tiene sus desventajas. Como no es real es complicado encontrar el defecto que desencante. Virtualmente podría ser perfecto ¡por siempre! Por fortuna existe la frustración propia derivada del hecho de que no se puede gozar con los sentidos, lo cual más temprano que tarde pone fin al asunto (ya se hicieron investigaciones serias al respecto: debido a esto, por lo general, el ciberenamoramiento no dura más de 3 meses -lo cual pasa también con el real, seamos honestos- a menos que sea una verdadera ciberpatología compartida). Esta desventaja viene acompañada de una solución: fácilmente se consigue el clavo que saca otro clavo.

Olvidémonos del Chat. Eso es prehistoria. Las comunidades sociales virtuales son lo in. Si no perteneces a ninguna, es probable que no existas. Ahí se encuentran aplicaciones todas ideadas con el fin de enganchar incautos, causar divertidas adicciones y multiplicar contactos con personas de cualquier lugar del mundo que jamás conocerás. ¿Pero ahora quién quiere conocer a nadie? Lo que importa es tener contactos, ¡muchos contactos!

10 Diciembre 2008

Por desear tener un remedo de vida propia y creer que este humano deseo puede ser satisfecho.

7 Noviembre 2008

Todos estábamos alineados a lo largo de una colina, un promontorio sin árboles, oscuro y agreste. A lo lejos se podían ver algunas hogueras y justo frente a cada uno de nosotros un extraño contenedor, metálico, de color negro y con agujeros practicados en diferentes puntos.

No pude reconocer ninguna cara. Sólo sabía que eran personas angustiadas, al igual que yo, por algo que nos esperaba pero de lo cual no teníamos total certeza. Ninguna cadena ataba nuestros pies pero éramos incapaces de dar un paso. No recuerdo tampoco cómo llegamos allí...

Después de varios minutos, cuarenta, quizás más, aparecieron unos hombres. Todos eran altos, delgados, vestían trajes oscuros y llevaban lentes negros. Se miraban entre sí y se decían palabras que aunque alcanzaba a escuchar no entendía. Se distribuyeron frente a nosotros y comenzaron a detallar nuestros rostros y cuerpos, como buscando algún rasgo o señal particular.

Luego empujaron al primero. Era un hombre corpulento, de cara ancha y muy blanca. Iba sin zapatos y lloraba. Lo hicieron avanzar hacia el contenedor que había frente a él. A medida que se acercaba lloraba más fuerte, gritaba. Uno de los hombres abrió el contenedor. Otro lo obligó a entrar. El hombre era demasiado alto y no cabía por completo. Así que uno de ellos le tomó por los brazos mientras el otro, con ayuda de un garrote, le golpeaba las piernas. El hombre ya no se tenía en pie así que entre ambos lo introdujeron y oí que uno de ellos dijo algo del molde perfecto. La palabra perfecto me dio un escalofrío. El hombre gritaba y luchaba por salir mientras ellos ajustaban la puerta del molde y ponían un enorme candado.

Así empezó el desfile siniestro. Se paraban dos o tres de esos hombres frente a alguno de la fila y seguían el mismo procedimiento. Los moldes diferían en algunos detalles pero, en general, era evidente que muchos no ibamos a encajar. Entonces, con gran dificultad, traté de observar cómo era el molde que estaba frente a mí. Era un poco más bajo que yo; las partes laterales donde debían ir los brazos, terminaban a la altura del codo. Tenía un agujero redondo que atravesaba el bajo vientre. Era evidente que para poder entrar allí debía perder los antebrazos y las manos. Supuse que ese agujero tendría alguna horrorosa función. Oí gritos. Sentí miedo. Puse las manos temblorosas con las palmas arriba frente a mis ojos para verlas por última vez. Un par de esos hombres se acercaban. Mis manos ya no iban a escribir más, ni a dibujar, ni a acariciar mi cuerpo mientras dejaba volar mi fantasía. Tampoco acariciarían otro cuerpo. El molde perfecto lo aclaraba todo. Era necesario dejar de ser yo para encajar....

Entonces empecé a gritar. Con las manos extendidas frente a mis ojos y pensando en todo lo que iba a perder, me importaba poco la muerte. Sólo lloraba de desesperación porque no podría conservar mis manos....

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A veces, cuando pienso que estoy loca, me consuela lo que alguna vez me dijo un profesor de Psicología en la Universidad: un loco no se da cuenta de que lo está. Pero durante las dos últimas semanas ya no estoy tan segura. Es preciso cuidarse mucho. Hay que ser indulgente con la locura ajena y respetar la propia. Pero, sobre todo, hay que cuidarse mucho de un exceso de lucidez.......

25 Octubre 2008

La gente normal

Ustedes perdonarán si cometo alguna falta gramatical... estas son para mí las faltas ¡¡im-per-do-na-bles!!.... las demás las corrige Cronos.

Me acompaña una botella de Baron d'Arignac 2006...no quiere decir esto, -y si quisiera decirlo, tiene igual tanta validez- que no pueda yo expresar lo que siento en esta alma esquiva y cautiva de fuga- sin un componente etílico y/o psicotrópico.

Es que ahora mismo estoy rodeada de gente normal.

La gente normal -el diablo nos libre-, es gente que no ve más allá de su nariz. Y cuando ve, -mayúscula inicial-, Se queda callada.

A mí me da alergía la gente que se autodenomina normal. Sí, hay gente que se cree rara. Y eso ya es ganancia. Esa gente intenta pensar. Pero la gente normal me da rasquiña... unos minutos más tarde me da convulsiones.

Esa gente normal es la que sabe que las cosas no marchan bien. Tengo que decirlo: me da pena por aquellos y aquellas que no quieren escuchar. Porque aquí también entra el discurso sexista. No es porque a mí se me antoje, es porque el mundo, este mundo atroz y maravilloso, no está preparado para nada más. Este papel que desempeño es eso: un papel. Qué pena por aquellos y aquellas que no pueden entenderlo.

La gente normal me da rasquiña. Siento que me caminan muchos gusanos llenos de púas por la piel. Uno de esos gusanos es la dependencia. Otro es el falso respeto. Otro es la estúpida conformidad. Odio todo lo que renuncie a sí mismo para quedar bien. Y esta semana fue de pruebas.

El silencio es tan culpable como la discusión y el enervamiento. Tu silencio acusa a los demás... pero no voy a perder el tiempo explicándote algo que es tan transparente...

"El que tenga ojos para ver, que vea"... un día te dije que esto era un disfraz, y todas las noches me sentencia al insomnio saber lo que llevo puesto, aun más, el saber que lo he elegido. Pero tú no sabes aun dónde termina el disfraz y dónde empiezas tú... por eso te quiero.... te quiero como quiero al árbol, en su silencio y su vitalidad, te quiero como quiero al árbol en su inmovilidad y en su inocencia....

Aspiro a amar de otra forma, pero dejo al árbol ser y lo amo por ello, con un amor indiferente y hermoso.....

5 Octubre 2008

...y que me gustaría, me encantaría... y que estando aquí, en medio de estallidos de guerra o de celebración, lo mismo da, son estallidos... siento un poco de miedo. Y si eres tú o no eres... yo sólo puedo decir una cosa: que esta soy yo, mi niño, que si puedes entenderlo me siento muy feliz y si no, sencillamente cerraré la puerta. Porque, niño de mis ojos, mi sueño feliz, mi fantasía más dulce, a mí nadie me enseñó a soñar; a mí algún día hace eones, alguien me robó todos mis sueños y para mí soñar es un lujo que me permito pocas veces. Pero como tú has sido lindo, sueño contigo y te imagino recostado sobre mi pecho y me digo que eres feliz sintiendo a mi corazón latir en tu oído...

Niño, yo sueño mucho con los ojos abiertos, pero jamás lo diré porque no sé conjugar el verbo soñar... y sin embargo, sueño que tú algún día podrás hacerlo...

4 Octubre 2008

Hay una cosa muy rara que pasa cuando estás en otro país. Aquí a unas 10 horas por tierra tengo territorio colombiano y sin embargo...

No, no es lo mismo. Ni aunque se hable el mismo idioma, ni aunque seamos del mismo continente, ni aunque manejemos problemas similares. De hecho, nuestros problemas no son similares porque nuestra forma de ver las situaciones no se parece.

No es lo mismo y debo reconocer que ya sé qué se siente ser extranjer@. Es como si de repente no conoces nada, ni a nadie y lo único con lo que cuentas es tu instinto atávico de supervivencia. Es como si te hubieran puesto como animal de presa en medio de una cantidad de animales desconocidos que no sabes si te van a atacar o pasarán a tu lado indiferentes. La gente no te hace sentir extranjero, tú lo llevas como una certeza y eso determina muchas de tus suposiciones y acciones.

Y, por eso, cuando la gente pronuncia ese discurso barato de identidad nacional y que uno tiene que seguir siendo el mismo aunque se vaya a vivir a Pekín, me río por dentro -por fuera no para que la gente no se ofenda- porque es ridículo que si llegas a otro lugar pretendas seguir siendo el mismo. Sencillamente no puedes.

Y cuando la gente dice que la comida de allá es mejor, que la gente es más educada, que el transporte es más eficiente, que hay un mejor nivel de vida, que mejor las empanadas de nosotros que las arepas rellenas de carne desmechada, que nuestra papa pastusa es mejor que la papa de aquí, que mejor decir gaseosa que refresco y mejor maracuyá que parchita... ¡ay! yo no sé qué pensar. Porque estoy aquí y aunque extrañe cosas de mi país, fui yo quien decidió venir e intentar algo diferente y por suerte que conté con alguien que me diera esa oportunidad. Y si aquí no se puede decir cuchara porque es vulgar y si me toca decir dos veces la frase porque aunque los que hablan raro son ellos, es a mí a quien no entienden, pues lo voy a hacer. Y si bien es cierto que no me gusta la papa ni el pan de aquí, y sé que el estilo de vida está muy a la gringa, me he dado el gusto de probar cosas que en mi país jamás.

Lo único que espero es que no se me contagie ese acento acosteñado... por lo demás estoy dispuesta a perder la tan cacareada identidad... porque aunque me hubiera quedado en mi país no podría seguir siendo siempre la misma y porque de eso se trata: de cambiar.

Pd. Y si fuera otro el idioma, seguro que me sentiría doble y terriblemente sola, por fortuna tengo eXtRaVíos, que me permite hablar en español y ser entendida o al menos, hay quien intenta entenderme...

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